El caso del Sr. Pound, de F. R. LEAVIS (Trad. Juan Arabia)

 (trad.-

En Scrutiny n°18, editada en 1933, el mismo F. R. Leavis (discípulo de Arnold, precursor de Raymond Williams) hizo una reseña sobre una antología publicada por Ezra Pound: Active Anthology.
Esta reseña revela ciertas características del libro: “Amygisme” (término en realidad poundiano), falta de inteligencia y percepción crítica…
Después de publicar el n° Especial dedicado a Ezra Pound, y a modo de revisionismo (un revisionismo que exige y abre nuevos horizontes… Entre los espacios de la crítica literaria / literatura y poesía), aquí se presenta la traducción de The Case of Mr. Pound (Review).
El delicado y minucioso escrito de F. R. Leavis, muy lejos del sentido común académico (mediático o publicista, o cualquier otro género de reproducción estéril…), es radicalmente perfecto, absolutamente moderno.

Juan Arabia

ACTIVE ANTHOLOGY. Editada por Ezra Pound (Faber and Faber, 1933 1st edition).

Una discusión severa sobre este libro debe dirigirse, mejor, al compilador que al contenido mismo. Para Ezra Pound, en todo caso, es fenómeno serio y representativo. ¿Cómo es que el autor de Hugh Selwyn Maulberley —sin duda un gran poema contemporáneo— pueda exponerse a sí mismo, y ofrecernos una selección de los desarrollos significativos y contemporáneos de su arte, completamente sin inteligencia y/o percepción crítica? De hecho, Active Anthology contiene el Fragmento de un Prólogo del Sr. Eliot; pero un buen poema no hace mejor a una mala antología, tampoco dos ni incluso tres.
La explicación tendrá que ser contundente, ya que es imposible pensar que el autor de Mauberley es, como crítico, congénitamente impotente. La explicación parecería caer bajo dos ejes principales. Ambos, sin embargo, convergen dentro de una fórmula inclusiva: el Sr. Pound se enfrentó a hacer, por sí mismo, mucho más de lo que a un gran genio se le pidió que haga. Al dedicarse, tan valientemente como lo hizo, a la poesía en lengua inglesa en un momento y entorno semejante, él bien podría encontrar cierta arrogancia y cierta agresividad, a la vez útil y necesaria. Podría cultivar fácilmente la convicción de que, defendiendo su causa y su talento en un mundo de sordos, malignos y entorpecedores tontos, nunca podría estar equivocado. El sentimiento y la necesidad de un mundo más agradable, una especie de solidaridad grupal, es irresistible; y él podría ser excusado por haber elegido asociarse con aquellos a los que animó a seguir sus creencias, sus gestos y actitudes de autobombo inmaduro.
Un hombre, así situado, (y este es el segundo eje) sin el elemental aparato de análisis crítico, sólo será extraordinario si no se convierte —en un grado perjudicial— en esclavo de su inmadurez confirmada y de sus egoísmos más o menos sutiles. No sirve de nada señalarle al Sr. Pound cualquiera de las debilidades de sus posiciones críticas: él no va a mirar ni escuchar. Díganle lo que está mal en su concepción de la técnica —explíquenle minuciosamente, con ilustraciones sencillas, cómo las deficiencias en su análisis que revelan su “Melopoeia, Phanopoeia, Logopoeia” invalidan la mayor parte de sus críticas posteriores— Y él le responderá al mundo —por regla general— que ciertos “jóvenes académicos” o “profesores asistentes” critican pedantemente a sus listas de obras prescritas, o proponen la lectura de libros acerca de libros en lugar de (como el Sr. Pound) leer poesía. Él nunca le va a hacer caso a los puntos esenciales. No puede; se ha convertido tan incapaz como la reorientación desinteresada de los “burócratas” a los que desprecia, y las adolescentes audacias de travesuras públicas (y el privado “estilo epistolario”), con las que piensa demostrar lo contrario, son iguales de aburridas y monótonas como el decoro “burócrata”.
El contenido de esta antología corrobora de forma desoladora las críticas que uno tenía que hacer de How To Read. La concepción inadecuada de la “técnica” avanza con una disposición para obtener las intenciones generales (si las intenciones son tales como las que aprueba el Sr. Pound) del éxito, por remota que pueda ser la realización de los detalles. Ésta es la explicación más caritativa de la inclusión, por ejemplo, de la gran incompetencia del Sr. Zukofsky. La explicación menos caritativa es que el señor Zukofsky es un buen conocido y expositor aprobado del Sr. Pound. Cualquier persona, al parecer, aunque sea novata y sensible o implacable en la charlatanería del analfabetismo, puede convertirse en un expositor aprobado de Los Cantos.
Además, las nociones que el Sr. Pound tiene de las buenas intenciones generales son un tanto inadecuadas y caducas. Podría, por ejemplo, haber tenido algún sentido haber presentado a William Carlos Williams al público británico hace quince años atrás. Pero no es el charlatanismo débil del Georgianismo el que debe reaccionar hoy en día. En cuanto a las deficiencias, avanzan con las deficiencias exhibidas de How to Read del Sr. Pound y su noción acerca de la literatura. El Sr. Pound ha pagado el cumplido de esta atención por sus servicios precedentes a la literatura (no es que uno pueda esperar de él cualquiera) y porque parece estar convirtiéndose en un grave estorbo. La dificultad de generar un público para la poesía moderna resulta siempre desesperante, en cualquier caso, y el estímulo y falso deseo del Señor Pound —ahora que el nombre de Los Cantos es familiar para los periódicos del domingo— no tienden a hacer las cosas más fáciles. Pero el juicio de alguien que mire Active Anthology a través de espesas gafas, cuello rígido y meticulosidad académica las arrugas de los “pantalones del conferencista”, no se preocupará por el Señor Pound.

∇ The Case of Mr. Pound (Review) by F.R. LEAVIS. Scrutiny n° 18, December 1933, pp. 299-300. Traducción al español de © Juan Arabia, 2015.