The Mean Ocean, by Juan Arabia

And whoever lives in love lives in God, or without him.
There is no single creature alive that has been entirely good or entirely bad.
Defender of truth, Rimbaud weaved his stay in heaven.
While I slept, the embers of yesterday’s meal.
I’ll go to Charleville with money borrowed from heaven.

To kill the individual, the experience… To release a tear.
To conceal it.
To live in the brotherhood of silence… Forever.
I want to write from the heart, and forget what I’m doing.
I want to write like the air that is in this world.
The ocean is mean, said he who multiplied science
and enclosed it in a sunlit window:
making the conduits that join the whale with heaven explode.
Later, the crown didn’t reach the mountain:
and blinked an eye with the complicity of a father.
It wasn’t his friend who betrayed
—one or two waking thoughts— the first morning.
There’s always a metaphor that looks more like the proprietor of the land:
to pen the animal up, let it eat and drink;
not only for its skin:
the field is green, and tells us something about the colour green…

Awakening dreams that have already been experienced
Eating behind closed doors, long before learning to hunt.
Each one of the corners hides a part of the shelter, of the sky, of the land,
of the city.
Bricks were born out of coal, mixed with fire.
Gold is an invention of the few.

EL OCÉANO AVARO

Y el que permanece en amor permanece en Dios, o sin él.
No hay todavía una criatura viva que no haya sido ni buena
ni mala.
Defensor de la verdad, Rimbaud trenzó en el cielo su estadía.
Mientras dormía: la brasa de lo que comíamos ayer.
Voy a ir a Charleville con plata prestada desde el cielo.

Matar al individuo, a la experiencia… Soltar una lágrima.
Disimularla.
Vivir en la hermandad del silencio… Perpetuo.
Quiero escribir con el corazón, y olvidar lo que estoy haciendo.
Quiero escribir como el aire es en el mundo.
El océano es avaro, decía el que multiplicó a la ciencia
y la acorraló en una ventana iluminada por el sol:
haciendo explotar los conductos que unen la ballena con el cielo.
Más tarde, la corona no alcanzó la montaña:
y guiñaron el ojo con la complicidad de un padre.
No fueron sus amigos quienes traicionaron
—una o dos ideas despiertas— la primera mañana.

Siempre existe una metáfora que se parece más al propietario
de la tierra:
encerrar al animal, dejarlo comer y beber;
no sólo para que reproduzca su piel:
el campo es verde, y dice de qué color es el verde…

Despertando sueños como lo ya vivido.
Comiendo con las puertas cerradas, mucho antes de aprender
a cazar.
Cada uno de los vértices esconde una parte del refugio, del cielo,
del campo, de la ciudad.
El ladrillo nació del carbón, mezclado con fuego.
El oro es el invento de unos pocos.

∇ From The Enemy of the Thirties, by Juan Arabia. English Version by ©Neil Leadbeater, 2015 (University of London).