Jorge Leónidas Escudero – (Selección y prólogo de Luis Benítez)

JORGE LEÓNIDAS ESCUDERO: EL POETA QUE ENCONTRÓ ORO

La escueta biografía no lo dice todo. Jorge Leónidas Escudero nació en San Juan en 1920. Abandonó sus estudios de agronomía para dedicarse a la minería. Durante años buscó oro en las montañas de su provincia. Comenzó a publicar a los 50 años. Editó sus poemas en diarios y revistas del país y del exterior. Obtuvo primeros premios en varios concursos y distinciones de entidades culturales cuyanas. Fue incluido en la Antología de la Poesía Argentina publicada por Raúl Gustavo Aguirre en 1979. Su obra fue antologada en México por el poeta y profesor de la Universidad de Guanajuato Benjamín Valdivia, en 1990. Editó los poemarios: La raíz en la roca (1970), Le dije y me dijo (1978), Piedra sensible (1984), Los grandes jugadores (1987), Basamento cristalino (1989), Umbral de salida (1990), Elucidario (1992), Jugado (1993), Cantos del acechante (1995), Viaje a ir (1996), Caballazo a la sombra (1998), Aguaiten (2000), Senderear (2001), Le dije y me dijo (antología editada en México por Ediciones Azafrán y Cinabrio, 2006). En Ediciones en Danza publicó los siguientes títulos: A otro hablar (2001), Verlas venir (2002), Andanzas mineras (2004), Endeveras (2004), Divisadero (2005), Tras la llave (2006), Caza nocturna (2007) y Dicho en mí (2008). Ediciones en Danza publicó en 2011 su Poesía Completa. Dos veces, en 2011 y en 2015, le fue negado el Premio Nacional. Murió el 10 de febrero de 2016.

¿Es todo lo anterior lo que queda de un hombre como Escudero, sus libros y otros datos? Definitivamente no, porque estamos hablando de alguien extraordinario, de uno de los mayores poetas de América latina, pero que cometió dos involuntarios “errores”: tener un originalísimo talento y nacer en el interior de un país que establece un canon literario regido por las conveniencias del marketing y las influencias de los medios de comunicación. Un canon que no contempla tanto los logros de un autor como su afiliación a las capillas de turno. Un canon que, como tan explícitamente lo declaró uno de sus máximos impulsores actuales, funciona como un “sistema de exclusiones”, en vez de servir como un dispositivo de inclusión. Es cierto que tardíamente -muy tardíamente- Escudero tuvo que ser admitido, celebrado y legitimado, mal que les haya pesado a los académicos y periodistas canonizantes que durante décadas le negaron al maestro sanjuanino el espacio que tan notoriamente le pertenecía. Que no sean hipócritas: ese espacio en la poesía argentina se lo dimos sus lectores, no los medios, no la academia, no el marketing que tantas veces consagró y consagra a figuritas cuyos textos, al leerlos, “no nos mueven un pelo”, como seguramente diría nuestro homenajeado, tan diestro manejando la expresión coloquial. Fuimos nosotros los que lo descubrimos, lo seguimos y lo consagramos, porque el oro que Escudero no halló en la tierra, sí lo encontró en las palabras.

El oro puro de la poesía genuina, que siempre está más allá de los premios y las distinciones, fuera de la prensa y las luces de los estudios de televisión, que hoy se prenden y mañana se apagan. Allí, en la obra, está el oro de la poesía argentina que descubrió Jorge Leónidas Escudero y que, como su ejemplo, se queda para siempre. Su brillo permanente: ese es su mejor homenaje.

Luis Benítez

La creatividad

Viene de antes que vos y sorpresivamente
a veces te habla.
Mientras tanto el artista hace
garabatos y cree
gobernar la manija creativa.

A veces se te asienta
el pájaro famoso de la inspiración
y otras un sapo intuitivo
salta en tu pecho y caza hermosa mariposa.

Creíste ser el creador de eso
cuando era el otro,
el que está escondido siglos y siglos atrás
y te habló porque estabas propicio a escucharlo.

Pero vos creíste ser el fabricante de crear
cuando más bien agradecé
porque te arrojaron desde lejos, si acaso,
un pedazo de verdá.

Porque antes de eso
cuántas veces creíste que sí,
que eras vos el creador y al intentar
hacer arte sólo hiciste
palos de ciego, merdosidá.

Luego si nadie es creador ¿qué pasa? Nada,
porque todo es garabatear mientras se espera
que desde lejos, de alivio,
se te asiente un pájaro hermoso
o el sapo intuitivo te entregue una mariposa.

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Lo inescrutable

Si usted toma la punta de un conocimiento
y empieza a tirar el hilo
va a sacar una sombra.

Es tremendo y espanta,
porque si todo está unido a todo
uno piensa extraer un pez gordo
y termina vencido con la boca gusto a nada.

Mi caso es el de siempre, siempre el mismo.
Ya no puedo callar y más tranquilo
vivir sino que indago e inmerecidamente
caigo en la oscuridad.

Tras el fuego sagrado a si pellizco
me levanto alta noche y sigiloso
pongo la caña de pescar en vano.

Sin embargo insisto.

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