Salmo Mágico & otros poemas, de Allen GINSBERG (Introducción y Traducción de Franco Bordino)

A menudo, frente a la pregunta obligada de los periodistas, “¿qué es la generación beat?”, sus integrantes, ya veteranos y convertidos en escritores profesionales, por entonces celebritys de la cultura popular norteamericana, solían responder con desparpajo que la generación beat no había sido más que un grupo de escritores en busca de un editor. Cuando no, el más iconoclasta se atrevía incluso a negar que la generación beat hubiese existido. Yo creo que estas declaraciones no eran cínicas: no las interpreto como la renuncia resentida de escritores ya consagrados al mote publicitario que les diera fama y renombre en sus comienzos; creo, más bien, que eran manifestaciones honestas de la verdad. Como el ubicuo e infinito narrador de Hojas de hierba, el semidiós Walt Whitman, la Generación Beat fue también una invención literaria, un personaje ficticio que sólo existió a medias en la realidad: fue ante todo el personaje principal de los mejores poemas del poeta norteamericano Allen Ginsberg. Glosar la poesía de Ginsberg es describir la naturaleza de dicha invención (que es también, por cierto, el mayor acierto literario de sus poemas). A tal propósito, y a la refutación de otra lectura que considero desatinada, dedico las presentes líneas.

La literatura es a veces un acto espiritual que, dirigido a la realidad, la intensifica o embellece. De este tipo de literatura, considero yo, es la poesía de Allen Ginsberg. En su caso, su alquimia poética consistió en transmutar los episodios de decadencia de un grupo de jóvenes con aspiraciones literarias (los cuales desertaron de la universidad y de sus empleos de oficina para aficionarse a la lectura de textos orientales, los clubes nocturnos, la música jazz, el nomadismo y el culto discipular de algunos delincuentes menores) en una tragedia de la sociedad capitalista norteamericana de posguerra y en una búsqueda desesperada de la divinidad. Es natural que los alter egos reales de esta ficción literaria no acabaran de reconocerse del todo en ella: la mística y trágica épica que Gisnberg atribuía a sus compañeros de juerga era más bien el efecto patético de su voz profética y desmesurada, de su singular carácter poético, antes que un rasgo verídico de aquéllos. De la antedicha alquimia surgió la generación beat, entrañable personaje colectivo que ha dejado cincelados algunos rasgos costosos en la efigie de la juventud que perduran hasta nuestros días.    

Otros han querido ver en la generación beat no el personaje literario de una bella fábula, sino una escuela o un estilo literario. Lo cierto es que los beats eran pésimos estilistas o que ni siquiera lo eran. Promovieron una versión de la escritura automática menos teórica y más realista que la del surrealismo, cuyos dogmas eran: escribir sin censuras lo primero que les viniera a la mente, emular la dinámica real y accidentada del pensamiento en su nacimiento y no corregir. Yo creo que si las obras de Kerouac y Ginsberg conservan todavía algún valor literario no es por la proeza estilística de incurrir en tales negligencias, sino por las vivencias intensas que narran o expresan, y que justifican o disculpan dichos descuidos. Pero los mismos beats cometieron el error de considerarse estilistas. Por ejemplo, Corso y Ferlinghetti remedaron el versículo de Ginsberg para fines burlescos, como si se tratase de una nueva forma poética aplicable a cualquier contenido arbitrario; como si no fuera, en realidad, la destrucción de la forma por la catarsis, por la expresión monstruosa de un pathos desbordante. Algunos beatniks intentaron escribir con ingenio y humor los poemas que Ginsberg escribía y declamaba interrumpido por el llanto. Por esta sutil diferencia, creo yo, Allen Ginsberg es el mejor, si no el único verdadero poeta de la generación beat. (Creo justo agregar que no he reparado en esta cuestión solamente por la lectura comparada de las obras de Ginsberg, Corso y Ferlinghetti; he descubierto la importancia capital de la catarsis en los poemas de Ginsberg por mis propios intentos malogrados de imitar y extrapolar su versículo.)                

Allen Ginsberg fue dos poetas: el joven casi marginal que se evadió de su existencia mediocre y agobiante inventando en sus poemas y buscando en su vida una épica mística y romántica; y, por otra parte, el viejo consagrado, la estrella de los sesenta que, convencido de que todo cuanto ocurría en su existencia era ya místico y poético de por sí, apuntó centenares de poemas dudosos plagados de anotaciones triviales (verbigracia, los paisajes que veía en sus viajes, sus impresiones al leer el diario, su última reflexión sobre política internacional, lo que dijo el día tal en el minuto tal mientras pasaba por la ciudad tal un locutor en la radio, alguna broma escatológica, su última aventura sexual, etc.) Es el primero de ambos poetas el que me interesa, y por el cual, hace ya algunos años, traduje estos poemas.    

Franco Bordino

UN LEÓN DE VERDAD

“Soyez muette pour moi, Idole contemplative…”

Llegué a mi casa y me encontré en el living un león
Salí asustado por la escalera para incendios y grité ¡León! ¡León! ¡León!
Dos blondas secretarias mientras se tocaban el pelo me cerraron de un golpe la ventana
Salí de casa inmediatamente y me fui dos días a Paterson.

Llamé a mi viejo analista reichiano
que me había expulsado de la terapia por fumar marihuana
“¡Ocurrió!” jadeé “Hay un león en mi apartamento”
“Me temo que cualquier conversación al respecto carecerá de valor” me dijo y cortó.

Fui a lo de mi antiguo novio nos emborrachamos junto a su novia
Lo besé y declaré que tenía un león con un fulgor de locura en mis ojos
Nos calentamos peleando en el piso le mordí la ceja y me echó a patadas
Terminé masturbándome en su jeep estacionado en la calle mientras gemía “León”.

Me encontré a Joey mi amigo novelista y le rugí “¡León!”.
Me miró interesado y me leyó sus altas poesías ignú espontáneas
Esperaba escuchar leones y lo único que escuché fue Elefante Tiglón Hipogrifo Unicornio Hormigas
Pero me pareció que realmente me había entendido cuando hicimos el amor en el baño de Ignaz Wisdom.

Sin embargo al día siguiente me mandó una carta desde su retiro en las Montañas Humeantes
“Te quiero pequeño Bo-Bo con tus leones dorados y delicados
Pero no habiendo Sí Mismo ni Rejas el Zoológico de tu querido Padre no tiene leones tampoco
Vos dijiste que tu madre estaba loca no pretendas que yo produzca el Monstruo para tu Esposo.”

Confundido aturdido y exaltado me detuve a pensar en el león real en Harlem muriéndose de hambre entre su inmundicia
Abrí la puerta de la habitación estaba llena con la explosión bombástica de su ira
Él rugía hambriento al revoque de las paredes pero nadie podía oírlo afuera a través de la ventana
Mi ojo vislumbró el borde del edificio vecino de departamentos rojos que permanecía en quietud callada

Nos miramos el uno al otro su ojo amarillo implacable adentro de la aureola de pelo rojo
Limpié reumático el lugar yo solo y él dejó de rugir y mostró un colmillo como gesto amistoso.
Le di la espalda y cociné brócoli para la cena en una cocina a gas hecha de acero
herví agua y me di un baño caliente en la bañera vieja bajo la tabla del fregadero.

Él no me comió, aunque yo lamentaba que él se estuviese muriendo de hambre allí delante mío.
A la semana siguiente estaba consumido una alfombra enferma llena de huesos pelo trigueño cayéndosele
ojo furioso y enrojecido mientras apoyaba su cabeza gigante dolorida y peluda encima de sus zarpas
al lado de la biblioteca caja-de-huevo rellena de volúmenes delgados de Buda y Platón.

Sentado al lado suyo todas las noches apartando mis ojos de su cara hambrienta carcomida por las moscas
dejé de comer yo él se puso más débil y rugía a la noche mientras yo tenía pesadillas
Comido por el león en la librería del Campus Cósmico, un león yo mismo muerto de hambre pintado por el Profesor Kandisky, muriéndome en una jaula circense de leones,
Despertaba por las mañanas el león todavía conmigo en el piso muriéndose —“¡Presencia Terrible!” lloraba yo “¡Comeme o morí!”

Me levanté esa tarde —caminé hacia la puerta con su pata apoyada contra la pared para sujetar su cuerpo temblequeante
Dejó salir su alma rasgando un chirrido desde su paladar sin fondo
tronando desde mi piso hacia el cielo más intenso que un volcán en la noche de Méjico
Empujó la puerta que estaba abierta y dijo con un tono grave de voz: “Esta vez no Baby —pero volveré por ti más tarde.”

León que se come mi mente ahora por una década conociendo sólo tu hambre
No la dicha de tu saciedad Oh rugir del Universo cómo me escoges
En esta vida yo escuché tu promesa yo estoy listo para morir yo he servido
A tu hambrienta y antigua Presencia Oh Señor espero aquí en mi cuarto tu misericordia.

París 1958

SALMO MÁGICO

Porque este mundo alzó vuelo y lo que viene nadie puede saberlo
Oh Fantasma que mi mente persigue de año en año desciende desde el cielo hasta esta carne temblorosa
alcanzá mi ojo fugaz en el vasto Rayo que no conoce ligaduras —Inseparable —Maestro—
Gigante fuera del Tiempo con todas sus hojas que caen —Genio del Universo— Mago en la Vacuidad donde aparecen nubes rojas—
Rey Innombrable de las rutas desaparecidas —Caballo Ininteligible cabalgando fuera de los cementerios — Atardecer extendido sobre la cordillera e insecto —Polilla Nudo—
Doliente —Sonrisa sin boca, Corazón que nunca tuvo carne para morir —Promesa no hecha— Analgésico, cuya sangre bulle en un millón de animales lastimosos—
Oh Piedad, Destructor del Universo, Oh Piedad, Creador de las Ilusiones Afrontadas, Oh Piedad, palomita cacofónica con boca de guerra, Ven
invadí mi cuerpo con el sexo de Dios, obturá mis fosas nasales con la caricia infinita de la corrupción,
transfigurame en gusanos babosos de trascendencia pura sensitiva estoy vivo todavía,
croa mi voz más fea que en la realidad, un tomate psíquico hablando Vuestro millón de bocas,
mi Alma con una Miríada de lenguas, Monstruo o Ángel, Amante que venís a cogerme para siempre —vestido blanco sobre el Calamar Sin Ojos—
Orificio Anal del universo en el cual desaparezco —Mano Elástica que habló con Crane— Música que pasa por el fonógrafo de años de otro Milenio —Oído de los edificios de NY—
Aquello en lo que creo —lo he visto— busco por siempre en la hoja el ojo del perro —siempre culpa, carencia —lo que me hace pensar—
Deseo que me creaste, Deseo que oculto en mi cuerpo, Deseo que todo Hombre conoce la Muerte, Deseo sobrepasando el mundo posible babilónico
que hace temblar mi carne orgasmo de Vuestro Nombre que no conozco nunca conoceré nunca hablas—
Hablale a la Humanidad para decirle que la gran campana repica un tono dorado sobre balcones de hierro en cada millón de universos,
Yo soy Vuestro profeta volvé a casa a este mundo para gritar un Nombre inaguantable a través de mis 5 sentidos espantoso sexto
que conoce Vuestra Mano sobre su invisible falo, recubierto con las bombillas eléctricas de la muerte—
Paz, Resolvedor donde yo estropeo la ilusión, Vagina Bocasuave que entrás en mi cerebro desde arriba, Paloma del Arca con una rama de Muerte.

Volveme loco, Dios estoy listo para la desintegración de mi mente, deshonrame en el ojo de la tierra,
atacá mi pecho peludo con terror comeme la pija croar Invisible de ranamuerta saltá sobre mí manada de perros grandes salivando luz,
devorá mi cerebro Un flujo de conciencia infinita, estoy asustado de que tu promesa ponga a gritar mi plegaria del terror—
Desciende oh Creador Ligero y Devorador de la Humanidad, interrumpí el mundo en su locura de bombas y crimen,
Volcanes de carne sobre Londres, lluvia en París de ojos —corazones de ángeles carga de camiones ensuciando las murallas del Kremlin —los cántaros de cráneo con luz para Nueva York—
miríadas de pies adornados con joyas en las terrazas de Pekín —velos de gas electrizado descendiendo sobre India— ciudades de Bacterias invadiendo el cerebro —el Alma escapando hacia las bocas de goma ondeantes del Paraíso
Este es el Gran Llamado, esta es la Alarma de la Guerra Eterna, este es el alarido de la Mente muerta en Nebulosas,
Esta es la Campana Dorada de la Iglesia que nunca existió, este es el Bum en el corazón del rayo de sol, esta es la trompeta del Gusano en la Muerte,
Solicitud del sin manos castrado agarrá la Limosna semilla dorada del Porvenir a través del terremoto y volcán del mundo—
Enterrá mis pies bajo los Andes, salpicá mis sesos sobre la Esfinge, tendé mi cabello y mi barba sobre el Edificio del Empire State,
cubrí mi abdomen con manos de musgo, llená mis orejas con relámpagos, cegame con arcoíris proféticos
¡Que yo pruebe la mierda de la Existencia de una buena vez, que toque vuestros genitales en la palmera,
que el vasto Rayo del Porvenir entre en mi boca para que suene Vuestra Creación Para Siempre Nonata, Oh Belleza invisible para mi Siglo!
que mi plegaria sobrepase mi entendimiento, que yo deponga mi vanidad frente a vuestros pies, que yo no le tenga más miedo al Juicio sobre Allen en este mundo
nacido en Newark introducido en la Eternidad en Nueva York reclamando a gritos otra vez en Perú la Lengua humana para alabar al Innombrable,
que yo sobrepase el deseo de trascendencia y entre en las aguas calmas del universo
que yo cabalgue esta ola, que no me ahogue para siempre en mi imaginación inundada
que yo no sea asesinado por mi propia magia insana, sea este crimen castigado en las cárceles misericordiosas de la Muerte,
los hombres entienden mis palabras más allá de sus corazones turcos, los profetas me ayudan con la Proclamación,
los Serafines aclaman Vuestro Nombre, Tú mismo todo de golpe en una Boca gigante del Universo haces a la carne contestar.

1960

PATERSON

¿Qué busco en estos cuartos empapelados con visiones de dinero?
¿A dónde puedo llegar si me corto el cabello? Si le pongo tacos nuevos a mis zapatos,
si lavo mi cuerpo con olor a transpiración y a masturbación, capas y capas de excremento
desecadas en oficinas de empleo, salas de recepción de revistas, cubículos estadísticos, escaleras de fábricas,
guardarropas de los dioses sonrientes de la psiquiatría;
y si en las antesalas enfrento la presunción de empleados y supervisores de supermercados,
viejos cajeros en sus refugios de grasa, los vagos y estúpidos del ego, con dinero y poder,
para contratar y echar y hacer y romper y tirarse un pedo y justificar su realidad de ira y rumor de ira al hombre harto de ira,
¿A qué guerra estoy entrando y a qué precio? La pija muerta de la obsesión habitual,
la visión bruja de la electricidad en la noche y la miseria diurna de la furia que se chupa el dedo.

Preferiría volverme loco, haber recorrido la carretera oscura hacia Méjico, heroína goteando de mis venas,
los ojos y los oídos llenos de marihuana,
comiendo al dios Peyote en el piso de una choza de barro en la frontera
o yacer en un cuarto de hotel sobre el cuerpo de algún hombre o mujer dolientes;
preferiría sacudir mi cuerpo por la carretera, llorando por una cena bajo el sol de occidente;
preferiría arrastrarme con mi panza desnuda sobre las latas de Cincinnati;
preferiría arrastrar una corbata de rieles podridos hasta un Gólgota en las Rocosas;
preferiría, coronado con espinas en Galveston, clavado de pies y manos en Los Angeles, levantado para la muerte en Denver,
perforado en un costado en Chicago, muerto y sepultado en Nueva Orleans y resucitado en 1958 en algún lugar de Garret Mountain,
descender rugiendo en una llamarada de autos calientes y de basura,
ser el Evangelista de la esquina enfrente al Municipio, rodeado con estatuas de leones agonizantes,
con una bocanada de mierda, y el cabello saliendo de mi cráneo,
gritando y danzando en alabanza a la Eternidad aniquiladora de la vereda, aniquiladora de la realidad,
gritando y danzando contra la orquesta en el frágil salón de baile del mundo,
sangre brotando de mi vientre y hombros
inundando la ciudad con su éxtasis horrible, rodando sobre el pavimento y las autopistas
por los pantanos y los bosques y las grúas y dejando mis huesos y mi carne colgados en los árboles.

Nueva York, Noviembre de 1949

  • Selección, Prólogo y Traducciones de Allen Ginsberg.