Cuentos Populares de las Tierras Altas Escocesas – por Juan Arabia

Uno de los primeros autores que intentó recuperar la antiquísima epopeya de la Escocia gaélica fue James Macpherson (1736-1796). Supuestamente, según cuenta la leyenda, el poeta había encontrado el poema del legendario bardo Ossian en boca de los campesinos de su país natal, las Tierras Altas escocesas.
Samuel Johnson, por aquel entonces la autoridad máxima en letras inglesas, acusó a Machpherson de falsario (esta anécdota está registrada en su integridad en Borges Profesor, clase n° 11). Para el crítico inglés resultaba imposible que una epopeya tan larga y compleja hubiera podido sobrevivir dentro de una tradición oral, como la gaélica.
Esta disputa finalizó a principios del siglo XIX, cuando la Sociedad Escocesa de las Tierras Altas —tras largas investigaciones— validó las sospechas y acusaciones de Johnson.
El segundo impulso por recopilar las tradiciones populares de las Tierras Altas fue el de John Francis Campbell (1821-1885), autor de varios volúmenes (Popular Tales, More West Highland…), mismos que fueron utilizados y traducidos para realizar esta edición de Siruela.
Campbell reunía auténticas cualidades para ser uno de los más exitosos folkloristas de la cultura oral gaélica (en Escocia existían dos tradiciones bien diferenciadas: la gaélica, en las Tierras Altas del Norte, con raíces en Irlanda; y la de las Tierras Bajas, influenciada por la vecina Inglaterra, expresada en una variante del inglés, el Scots): no sólo se había egresado de Eton y de la Universidad de Edimburgo, sino que de muy joven había sido entregado a los cuidados de un gaitero, del que aprendió sus costumbres y el idioma gaélico.
El método de Campbell, escribe el traductor y editor J. M. de Prada-Samper, era el resultado de “la colaboración de un grupo de personas que debía recorrer las Tierras Altas para buscar a los informantes y anotar sus relatos. Una vez pasados a limpio, los textos debían serle enviados a Londres, donde él ordenaría el material, lo seleccionaría y traduciría”.

El catálogo de espectros y criaturas sobrenaturales que abundan en Cuentos populares de las Tierras Altas escocesas es extenso, oscuro y difícil de diseminar en sentido estricto. Sólo algunas de las historias del volumen pueden ser leídas —al menos superficialmente— en términos dialécticos, históricos: basta recordar que los campesinos de las Tierras Altas y de las Hébridas, al igual que sus hermanos irlandeses, eran pueblos castigados y explotados por los ingleses. “El cuento de la oveja”, por ejemplo —al mejor estilo de “Rebelión de la granja”— promueve la resistencia colectiva de un grupo de animales; otra narración, como “La herencia”, suscita la búsqueda de la verdad.
En otras historias lo que prevalece son las aventuras y las fantasías. Así encontramos valiosas invenciones, como los Fuathan: espíritus, por lo general maléficos y de piel amarilla, que suelen estar asociados con el agua, los ríos, los lagos y el mar abierto.
Una tercera capa, de registro poético, incluye en las mismas narraciones muchos de los versos de los bardos escoceses, artistas de la palabra: “Como el carbón de la fragua de un herrero / al apagarse a orillas del río; / así parecerían a su lado los hombres del mundo”.
El trabajo de Campbell, como el de J. M. de Prada-Sampler, está muy lejos de circunscribirse a la interpretación simbólica de autores como Geertz o Darnton. Tampoco le interesa definir o problematizar “lo popular”, discusión aún latente en las mejores páginas de autores como Hoggart, Hall y De Certau.
Algo parecido a una negra flor se interpondrá entre los lectores y las páginas de las historias aquí recopiladas. Cierto hermetismo narrativo, pero sin duda eficaz como vehículo de transmisión de la cultura de los “bárbaros” montañeses de las Tierras Altas.

∇ Cuentos Populares de las Tierras Altas Escocesas. Edición de José Manuel de Prada-Samper, Siruela. 288 páginas. Texto publicado en Diario Perfil, Edición Impresa – Domingo 3 de abril de 2016.