Fredric JAMESON, Los Estudios Culturales – por Juan Arabia

Frederic JAMESON, Los Estudios Culturales.
Traducción de Matías Battistón, Ediciones Godot, Buenos Aires, 2016.

Desde el inicio del proyecto político-intelectual de los Estudios Culturales (EC)—instituido años más tarde en la academia inglesa, norteamericana y latinoamericana— existió siempre una realidad (como objeto de estudio) cercada de principios sociológicos, históricos y económicos. La superación de los estudios literarios ingleses (Matthew Arnold, Frank Raymond Leavis) necesitó de nuevas bases y disciplinas capaces de incluir nuevos sectores y clases sociales en el estudio de toda forma de entendimiento y apreciación de las interrelaciones dinámicas entre cultura, política y sociedad. O más que eso, a decir verdad: necesitó de autores de procedencia (clase social) distinta a la típica reproducción clasista-burguesa-academicista de la Universidad de Cambridge.
El crecimiento de lo cultural como objeto de investigación, tras la institucionalización de la escuela originada en la Universidad de Birmingham (institución que se adaptaba perfectamente a la nueva y emergente clase social egresada, y que no merecía dictar clases en Cambridge) en los años sesenta, adquirió así una relativa autonomía respecto de las actividades y estructuras económicas. Lo esbozado inicialmente por Raymond Williams, Richard Hoggart y Edward P. Thompson —superación del marxismo ortodoxo-mecanicista por marxismo cultural—, desde los años ochenta en adelante, comenzó a disociarse del proyecto y formación inicial, promulgando una nueva corriente (disciplinaria, ya no experiencial) inseparable de un específico proceso de despolitización.
Una extensa lista de debates y papers (Garnham, Curran, Hall, Murdock, Gitlin, etcétera1) reanudaron más tarde las bases originarias del proyecto, recordando que las determinaciones económicas [determining base] (mejor aún, si eran advertidas «en primera instancia»…) debían ser las principales (nunca las únicas) constantes para abordar todo fenómeno de producción y reproducción superestructural [determined superstructure]2.
La lectura de Jameson, en ese sentido, la lectura efectiva de los Estudios Culturales como un «bloque histórico»3, determinado, somete al proyecto político-intelectual mismo de los EC, planteando nuevas áreas de problematización.
En tanto posdisciplina (sabemos que los EC surgieron en pos de los límites intrínsecos impuestos de las propias disciplinas: marxismo, estructuralismo, giro lingüistico…), ya el mismo Stuar Hall advertía «las tensiones implícitas en la multiplicidad de influencias y compromisos ideológicos (…) que actúan como distintas fuerzas gravitatorias sobre los Estudios Culturales de las cuales estos extraen toda su riqueza al responder a ellos en lugar de tratar de alcanzar una síntesis final, de eliminar sus contradicciones y de aunar esa multiplicidad en una sola fórmula o pregunta»4.
Así Jameson observa cómo en los Estados Unidos los EC sustituyen al marxismo (obviando, por supuesto, cualquier referencia y problemática del materialismo cultural), omitiendo casi por completo cualquier rastro de la voluntad política implícita en el grupo de Birmingham y en la obra de Williams5.
Si el propio proyecto o «programa político» se aleja de su imperativo inicial, se pierde el entendimiento profundo e intelectual, y por tanto constitutivo de los EC: términos y conceptos teóricos como «articulación», por ejemplo, se alejan de la interrelación dinámica de las relaciones sociales de dominación y subordinación. Hablamos de relaciones nunca acabadas o establecidas: sólo y de acuerdo —analíticamente— con un momento específico de la historia.
Aunque hay otras quejas: Jameson suscita la eliminación de dos palabras clave en el abordaje de los EC: «cuerpo» y «poder». No teme en burlarse de quienes tienen a Bourdieu vigilando cada una de sus travesías intelectuales, desconfiando de toda referencia al cuerpo que funcione como una apelación a la inmediatez (el anhelo de los físicamente concreto): Jameson insiste en la comprensión de estos problemas desde una perspectiva histórica.
Respecto a la problemática «poder», aquella forma de agotar toda praxis en un mero concepto, sugiere que «es antimarxista, y está diseñada para reemplazar el análisis orientado a los modos de producción»6.
Y es posible que Jameson utilice, a decir verdad, una formación ideal, utópica (como fue la formación y proyecto de los EC en sus inicios, antes de la peligrosa institucionalización en Birmingham y su posterior expasión por el mundo entero) para escapar de su condición de académico norteamericano.
Ya en sus primeras páginas, y dadas las circunstancias políticas que acechan al mundo entero, entiende que estas cuestiones y temas no pueden ser nunca exclusivas de un sector academicista.
Las preocupaciones de Jameson son, al igual que en los orígenes de los EC, político-intelectuales. Y sus travesías parecen siempre respaldar (más bien teme por su desaparición del marxismo en Norteamérica) la perspectiva histórica del materialismo dialéctico.

1Textos como «Political Economy and Cultural Studies» de GARNHAM, «El problema de la ideología: el marxismo sin garantías» de Stuart HALL o los mismos debates entre James CURRAN y David MORLEY (James Curran, David Morley y Valerie Walkerdine (compiladores), «Estudios culturales y comunicación. Análisis, producción y consumo cultural de las políticas de identidad y el posmodernismo»).
2 Sean determinaciones de género o etnicidad, además de clase.
3 Frederic JAMESON, Los Estudios Culturales. Traducción de Matías Battistón, Ediciones Godot, Buenos Aires, 2016, p. 5.
4 Frederic JAMESON, op. cit., p. 35.
5 Frederic JAMESON, op. cit., p. 37.
6 Frederic JAMESON, op. cit., p. 85