Artaudlogía – Antonin ARTAUD

Texto perteneciente a los cuadernos de Rodez, pero escrito posteriormente a su salida de la institución y conservado como borrador para un proyecto mayor.

Adalber Salas Hernández

Pasé 10 años entre alienados,
no como el médico amateur que toca la flauta con la locura
por una hora al día, durante la visita, sino como un auténtico
alienado.
Rechazado de la consciencia por ella misma y reprobado.
Pues ni el alma, ni el espíritu, ni el ser, ni la consciencia, ni el
yo, ni el hombre, han querido jamás algo de mí.
Estas son palabras que siempre han sido tomadas por cosas,
pero las cosas que ellas representan, y a las cuales no corresponden,
sino que las contraindican,
siempre se me han resistido.
Así pues, que se tranquilicen los alienistas, estoy loco incluso
para la locura
ya que la consciencia siempre se me ha resistido en cada uno
de sus menores pliegues.
Eso no impide que haya vivido noche y día, desde la mañana
hasta la tarde, con los locos,
haya comido nuestra sopa de nabos y coles,
haya cagado como ellos en sus propias letrinas,
hay dormido en vatos dormitorios de locos,
haya tenido estertores, escupido y respirado cada noche con
el olor de sus peos,
porque no hay nadie como los alienados para tirarse peos,
he escuchado a los hechiceros del peyote echárselos, pero
debo decir que en esta materia no saben tanto como el último
de los alienados.
Hay una ciencia de los gases mefíticos, comúnmente
llamados peos.
Y sobre esta ciencia está basada una consciencia, quiero decir,
ha nacido.
El gas metífico es un espíritu que cultivan los iniciados muy
finos, y es uno de los medios aprendidos a través de los cuales se
inflige una gran cantidad de mal a la vida.
Los alienados no saben nada de ello, pero hay en ellos espíritus
muy altos (muy perfectos) que se sirven de su demencia,
¿pero qué psiquiatra que lo ha comprendido?
Y he visto que los delirios de los locos contienen mayor verdad
que la verga del médico que pretende curarlos. No hay psiquiatra
que no haya tenido -¡sobre todo él!- una tara grava, y que
hubiera debido ser curada, pues frente a mí, internado arbitrario,
es el psiquiatra quien es antisocial.
Porque llaman sociedad a este coño del espíritu, este consentimiento
anónimo al Coño Kone de koni, que es polvo en griego,
depositario de los piojos que caen,
montón de caídos,
polvo de imbecilidad amasado y caído, puta de todo aplastado
por la idiotez,
deformada en lo bajo del estiaje, nivel que se adhiere la masa
de la consciencia.
La sociedad es este coño espíritu que ha cosentido ser vil
todo el tiempo porque estaba bien con su verga, y luego de haber
vivido diez años día y noche con los locos, habiendo vivido
entre ellos mi delirio y mi locura, que consistía en encontrar
estúpido a este mundo y pensar que puedo reformar cualquier
cosa, por mi locura, mis escritos, mi teatro y el hálito de mi
magia personal, (ilegible) diez años entre locos y en medio de
sus peos, sus eructos, sus delirios, sus toses, sus mocos, y las
cagas en la bata comunal, puedo decir que ningún alienado
me ha parecido delirar, y que siempre, al fondo de cualquiera de
esos llamados delirios, reencontré el hilo de la verdad, quizás
inhabitual, pero muy aceptable, que buscaba quien es considerado
loco.

∇ Extraído de Artaudlogía, de Antonin ARTAUD.  Traducción de ©Adalber Salas Hernández, ©bid & bio. editor (Caracas),2014.