Tres poemas acerca del sueño en el período isabelino (Samuel Daniel), por Lucas Margarit

Durante el Renacimiento en Inglaterra se han escrito algunos tratados acerca de la naturaleza de los sueños. El más importante es el de Thomas Hill, que se titula The Most Pleasant Art of the Interpretation of Dreams publicado en 1576 [El más placentero arte de la interpretación de los sueños]. Vamos a encontrar también otro autor, Reginald Scott, que en su Descubrimiento de la brujería tiene una serie de pasajes acerca del sueño y critica de manera burlesca la mirada de Thomas Hill. En su tratado, Thomas Hill hará un continuo uso de fuentes antiguas, sobre todo en las fuentes de Aristóteles y Averroes, pero también va a haber referencias a Artemidoro y su célebre Onirocrítica, por ejemplo.
Hill va a proponer de cuatro tipos de sueños: un sueño “nuevo y corpóreo”, que remite al tipo de sueño que produce el comer carne y ciertas bebidas. Un segundo tipo es “precedente y corpóreo” el cual va a remitir a la teoría de los humores. Según el humor que tenga el durmiente va a tener cierto tipo de sueños, es decir hay una situación particular que precede al sujeto y, por lo tanto, produce un tipo de sueños particular. El tercer tipo habla de “precedente y no corpóreo” que va a responder al sufrimiento o angustia que se pueda tener y que influirá en el momento de dormir. Y por último va a señalar el sueño “nuevo y no corpóreo”, que son sueños que provienen de la divinidad y están relacionados con los problemas del alma.
Otro aspecto sobre el cual se habla en los siglos XVI y XVII es la diferencia entre los natural dreams, los sueños naturales, en oposición a los sueños divinos. Por otro lado, los natural dreams son sueños que, desde un punto de vista fisiológico, le van a permitir a los estudiosos del Renacimiento descubrir cuál es el estado del cuerpo del paciente. En el relato o descripción de este tipo de sueños naturales no vemos, por lo general, ninguna referencia al plano celestial.
Por otra parte, no podemos dejar de mencionar el texto de Thomas Nashe, The Terrors of the Night or A Discourse of Apparitions publicado en 1594 [Los terrores de la noche o un Discurso acerca de las apariciones] donde establece una relación entre la noche, la oscuridad y los sueños que atentan la tranquilidad del durmiente o también la relación entre la imagen onírica y el poeta, entre otros temas. Siguiendo esta línea alrededor de diferentes autores de este período presentamos tres poemas de tres poetas isabelinos que retoman y reflexionan acerca del sueño. A diferencia de otras valoraciones que comentamos más arriba, vemos que el dormir es el momento en que el alma puede olvidarse de las penas y el sueño de este modo se transforma en el consuelo ante las penas de amor del día. La noche, al igual que las “serenas” medievales, es el momento de encuentro con la imagen de la amada, en el caso de Sir Philip Sidney, del desprecio por el día, tal como le podemos leer en el soneto de Samuel Daniel, o incluso como alivio y hermano de la muerte.

SAMUEL DANIEL

Delia 45: Care-charmer Sleep, son of the sable Night

Care-charmer Sleep, son of the sable Night,
Brother to Death, in silent darkness born:
Relieve my languish, and restore the light,
With dark forgetting of my cares, return;
And let the day be time enough to mourn
The shipwreck of my ill-adventur’d youth:
Let waking eyes suffice to wail their scorn,
Without the torment of the night’s untruth.
Cease dreams, th’ imagery of our day-desires,
To model forth the passions of the morrow;
Never let rising sun approve you liars,
To add more grief to aggravate my sorrow.
Still let me sleep, embracing clouds in vain;
And never wake to feel the day’s disdain.

Sueño cuidadoso y seductor

Sueño cuidadoso y seductor, hijo de la noche azabache,
Hermano de la muerte, nacido de la oscuridad silenciosa,
Atenúa mi languidez y restaura mi luz,
con el oscuro olvido de mis preocupaciones, regresa

Y deja que el día sea suficiente tiempo para lamentar
El naufragio de mi juventud malaventurada:
Permite que los ojos despiertos basten para llorar su desprecio
Sin la tormenta de la falsedad de la noche.

Sueños abandonen la imaginería de nuestros deseos diurnos
Para modelar de allí en más las pasiones de la mañana,
Ni dejes nunca que el sol naciente apruebe embusteros
Que agregan más dolor para incrementar mi pena

Déjame dormir aún, abrazando nubes en vano
Y nunca me despiertes para sentir el desprecio del día.

(Trad. Lucas Margarit)