Cartas desde el Hospital en Marsella – de Arthur RIMBAUD

Internado en el Hospital de la Concepción (Marsella), en mayo de 1891 Rimbaud se encontraba reducido a un mero esqueleto y a una enfermedad (que resultaría terminal) en la pierna derecha. Se trataba de un tumor sinovial, una hidartrosis, enfermedad de las articulaciones y los huesos. Terriblemente joven, murió ese mismo año, noviembre de 1891.

 

Arthur Rimbaud a Isabelle Rimbaud

Marsella – 23 de junio de 1891

Mi querida hermana:

No me has escrito, ¿Qué ha pasado? Tu carta me asustó, me gustaría tener noticias tuyas. Espero que no sean nuevos problemas, ¡ya tenemos bastantes!
No dejo de llorar día y noche, soy un hombre muerto, lisiado de por vida. En quince días me habré curado, creo: pero sólo podré andar con muletas. Respecto a lo de la pierna artificial, el médico piensa que hay que esperar todavía bastante, ¡por lo menos seis meses! Durante todo ese tiempo, ¿qué puedo hacer? ¿dónde puedo quedarme? Si me fuera contigo, el frío me liquidaría en tres meses o incluso menos: no puedo salir de aquí hasta dentro de seis semanas, ¡el tiempo para ejercitarme con muletas!
No podré llegar a tu casa hasta finales de junio. Y tendría que marcharme hacia septiembre.
No sé qué hacer. Todo esto me ha vuelto loco: no consigo dormir ni un solo minuto.
En fin, nuestra vida es miserable, una miseria eterna. ¿Para qué vivimos?
Espero sus noticias.
Mis mejores deseos:

RIMBAUD
Hospital de la Concepción. Marsella.

Arthur Rimbaud a Isabelle Rimbaud

Marsella – 24 de junio de 1891

Mi querida hermana:

Hoy he intentado andar con las muletas, pero sólo he conseguido unos pasos. Me han cortado la pierna muy arriba y me cuesta conservar el equilibrio. Sólo estaré bien cuando pueda ponerme una pierna artificial, pero la amputación causa neuralgias en el resto de la pierna, y es imposible ponerse una pierna mecánica antes de que pasen totalmente las neuralgias. Hay amputados que tardan cuatro, seis, ocho o incluso doce meses. Estaré todo ese tiempo en el hospital y quizá tenga la felicidad de poder salir con dos piernas. Respecto a salir en muletas, no sé para qué. Con ellas no se puede subir ni bajar, son unos aparatos espantosos. Uno se arriesga a caer y lisiarse todavía más. Había pensado en ir a vivir con ustedes mientras reunía las fuerzas suficientes como para poder soportar la pierna artificial, pero veo que va a ser imposible.
Tendré que resignarme. Moriré donde me lo indique mi destino. Espero al menos poder volver al lugar donde salí. Tengo amigos de hace diez años que se compadecerán de mí y me darán trabajo. Viviré como bien pueda. Viviré siempre ahí mientras que en Francia, lejos de ustedes, no tengo amigos, ni conocidos, ni a nadie. Mi vida ha quedado atrás, soy un trozo inmóvil de lo que fui.
No dejen que descubran dónde me encuentro. Temo que lleguen a saber incluso dónde estoy a través del correo. No me traicionen,
Mis mejores deseos:

RIMBAUD

∇ Traducción de ©Paula Cifuentes. Barril Barral editores, Barcelona.