MIDSTON HOUSE – de David SCHUBERT

David Schubert nació en Brooklyn en 1913, pero creció en Detroit. Sus padres eran muy pobres. Cuando tenía unos doce años su padre abandonó la familia y, poco después, su madre se suicidó. Schubert la encontró sin vida al volver de la escuela. La nota biográfica que encabeza su sección en Five Young Americans Poets (New Directions) afirma que desde los quince años careció de domicilio fijo, manteniéndose de la venta de diarios y trabajando como camarero, peón de granja.
Schubert asistió a las clases de bachillerato en Brooklyn, donde se destacó como un estudiante excelente; y a los dieciséis años recibió una beca para estudiar en Amherst College. Tras ser expulsado de Amherst, se reincorporó gracias a la petición explícita de sus profesores, aunque posteriormente volvió a ser explusado; entonces abandonó los estudios y se dedicó a la poesía.
David empezó a publicar poemas en revistas como The Nation, Partisan Review y Virginia Quarterly Review; en 1936 ganó el premio Jeannette Sewell Davis para poetas jóvenes que otorgaba la revista Poetry. Pero con la irrupción de la enfermedad mental comenzó el deterioro de su matrimonio. En ocasiones David desaparecía, sin un centavo en el bolsillo, durante días e incluso semanas. Después de unos meses, fue ingresado en un hospital psiquiátrico de Washington D. C., adonde había ido, según dijo, “para encontrarse con Archibald MacLeish y enrolarse en la marina”. En 1961, tras recibir numerosos rechazos de editores, consiguió que Macmillan publicara Initial A.
Póstumamente reconocido, poetas como William Carlos Williams y John Ashbery han dado a conocer muchos de sus trabajo. Williams escribió sobre la poesía de Schubert “una nueva poesía física como nadie hasta ahora había experimentado. Schubert es una nova en el cielo. Espero no estar usando una hipérbole excesiva. Sabes, es como cuando alguien abre una ventana en una habitación sofocante”.

MIDSTON HOUSE


Lo que hace falta es una técnica
de conversación, pienso, mientras enciendo
la luz eléctrica. Pero no el léxico
limitado de nuestras expresiones, los
enojos superficiales que se apilan,
acumulan una ciudad; sino la expresión,
metamorfoseada, de la que son
metáfora… y su conversión en la luz.

En el autobús a Midston House
sondeo a la gente en sus acciones. Serenos
y relajados están; este es el monótono
y absurdo disfraz de las chicas y la comida, hombres
y trabajo y casa. El seguro
de las costumbres es circular, pues
la democracia ha entretejido derechos,
sumisiones circulares.

Con todo, ¿cómo transformar
las nubes cada vez más débiles de
energía en luz? La inteligencia
vital del hombre al que
voy a visitar -¿lo sabe?-. Pienso
en cómo el drástico tajo de
mi tarea vital -asociaciones cortadas-
produjo en mí casi una
lipotimia de dolor y un hiato de
días, que hizo crecer colmillos de rabia, mi
licantropía… ¡gracias a dios, ya pasó!

Soy despedido de mi trabajo por llamas, grandes
como conciencias airadas: no puedo hacer nada:
¡no tengo una sola habilidad! Este hombre
a quien espero ver en el vestíbulo
-llevo toda una vida esperando algo que
no resulta-, ¿existe
de verdad?

La ley de la vida, como un abogado
abstracto y riguroso, me juzga
terriblemente, pobre de mí, con un extraño silogismo
extranjero. ¡Me está engañando! ¿No
asistirá a la cita!

Su honradez
impugna mis sospechas. ¿Qué puedo decir,
que lo amo, que soy
indigno? Mis dudas me hacen sentir
-hasta cuando comentamos la deshonestidad ajena-
feo, airado, condenadamente ansioso, un tipo
artero, como ese feo pájaro del Nilo
Blanco.

Pero el poema es sólo esto
que habla de lo que no puede decirse
a la persona a la que quiero decírselo.

Tanta sutileza me da sueño; la habitación está
oscura, fría, tan solitaria. No hay
nadie en ella. Encenderé todas las luces.
Ojalá pudiera emprender
un viaje largo, muy largo,
a un lugar donde la vida sea simple y digna, no
demasiado exigente.

¡No! En el vehículo, Mañana veré
a ese hombre, cuyo apretón de manos era la felicidad.

∇ David Schubert – Midston House – Traducción de Edgardo Dobry.