Lyrical Ballads – Wordsworth & Coleridge

Con sus majestuosos montes, sus lagunas y cataratas, sus ríos y lagos serenos, roquedales y praderas, no es de extrañar que haya sido el lugar predilecto de un sinnúmero de artistas y poetas que otrora buscaban en estos recónditos parajes el solaz y la armonía con la madre Naturaleza. Wordsworth y su hermana Dorothy, junto con Coleridge hicieron su hogar de Dove Cottage a orillas del sin par lago Grasmere. John Ruskin escogió su morada en Brantwood con vistas al silencioso Coniston Water. No menos seducidos estuvieron Keats, Shelley y Tennyson con los encantos y la admirable belleza del paisaje de los lagos, en perfecta sintonía con la sensibilidad del nuevo movimiento romántico. Parecían los parajes hechos perfectamente a la medida de su inspiración y su apreciación por los encantos que Natura tan dadivosamente les ofrecía a la vista, y como veremos más adelante, al oído sobre todo: un remanso de paz y sosiego que les ayudara a adentrarse y bucear en el magma candente de su conciencia y de su intimidad en constante ebullición. En el mismo poema arriba citado expresa su relación amorosa con la Naturaleza:

Gently did my soul,
Put off her veil, and, self-trasmutted, stood
Naked as in the presence of God.
As on I walked, a comfort seem‘d to touch
A heart that had not been disconsolate,
Strength came where weakness was not known to be,
At least not felt; and restoration came,
Like an intruder, knocking at the door
Of unacknowledg‘d weariness.

El grupo conocido por los poetas “de los lagos” estuvieron precedidos de notables poetas-viajeros con otra inspiración, como el William Cowper de The Winter Walk y el Thomas Gray de The Letters. Este último fue un impenitente andariego que sintió la atracción de los Highlands y de la Región de los Lagos, cuya geografía privilegiada investida de extraordinaria belleza invita primero a la contemplación arrobada y después al recogimiento y a la intimidad. Gray en la carta dirigida a Wharton se recrea en la descripción del detalle y la observación delicada de la minucia:

The bosom of the fountains spreading here into a broad basin, discovers in the midst Grasmere-Water; its margin is hallowed into small bays with bold eminences, some of them rocks, some of them turf, that half conceal and vary the figure of the little lake they
command. From the shore a low promontory pushes itself far into the water, and on it stands a white village with the parish church rising in the midst of it; hanging enclosures, corn-fields, and meadows green as an emerald, with their trees, hedges and cattle, fill up the whole space from the edge of the water.

Incluso en 1770, ya enfermo y un año antes de su muerte, visitó con su joven amigo Norton Nicholls “five of the most beautiful counties of the kingdom”, situados al noroeste de Inglaterra, la región de los lagos. Su obra más significativa a este respecto fue su Journey among the English Lakes escrita en 1769. Su diario lo publicó su editor Mason y en él podemos leer sobresalientes descripciones del paisaje que califica de “sublime” y que por
entonces comenzaban a frecuentarlo pintores, poetas e intelectuales que presumían de “buen gusto”.

LYRICAL BALLADS

Tales descripciones del diario de Thomas Gray inauguran un cambio de rumbo en la sensibilidad poética, lejos de las normas “universales y generales” que tan celosamente demandaba el Dr. Johnson. El juicio adverso y en exceso estricto de éste en Life of Gray no tiene otra clave que una defensa a ultranza del canon literario entonces en vigor que era contrario a la sensibilidad individualista. La conciencia de la emoción ante la naturaleza en sus detalles más minúsculos, el diálogo meditativo e íntimo con ella, la percepción de la soledad y calma interior como nueva sensación individual, no entraba dentro de los cánones de la poética clásica dieciochesca, en que la Naturaleza se asemejaba a un demiurgo externo, cuando menos temible y apabullante. Sólo con la eclosión de la sensibilidad romántica comenzó a resquebrajarse el edificio aparentemente sólido del canon neoclásico, demasiado frío, racional y prejuiciado moralmente, en el que la sensibilidad poética debía pasar la prueba de la “universalidad” del gusto estético impuesto desde tribunas clasicistas en las que el Dr. Johnson no era un orador menor. No debemos olvidar que la primera edición de Lyrical Ballads la publica un oscuro editor de forma anónima

En The Prelude, Book I, que pretende ser una “autobiografía psicológica” en la que expresa la pérdida de su fe, como si fuera una cruel traición de amor, en la Revolución francesa, y da rienda suelta a la expresión de esa sensibilidad:

How strange that all
The terrors, pains, and early miseries,
Regrets, vexations, lassitudes interfused
Within my mind, should e‘er have borned a part,
And that a needful part, in making up
The calm existence that is mine when I
Am worthy of myself!

Wordsworth nació precisamente el año de 1770 en ese rincón inglés salpicado de majestuosos lagos, en la pequeña población de Cockermouth, condado de Cumberland, hoy Cumbria. Durante cincuenta años, tras dejar el Cambridge de su juventud, por el Londres efervescente y el París de la famosa Revolución, en los que, muy desengañado, no encontró lo que buscaba, y que no era sino la “still, sad music of humanity” cuyo solar se encontraba precisamente lejos del mundanal bullicio. Su mejor obra salió a la luz entre 1796 y 1808, por más que su vida productiva se prolongara hasta 1850.

Wordsworth, liberado de estrecheces y penurias financieras debido a una herencia en 1795, decidió asentar su domicilio en Racedown con su hermana Dorothy donde inició su amistad con Coleridge y proyectan juntos las Lyrical Ballads. Dos años más tarde se instala en Alfoxden en la pequeña localidad del sureño condado campesino de Somerset a sólo tres millas de Nether Stowey, donde había fijado residencia Coleridge. Allí, libre de servidumbres materiales que cercenarían su total libertad creadora, se dispuso a plasmar su inspiración poética. Escribe varias de sus baladas líricas amén de los 1300 versos de “On Man, Nature and Society”. Sin duda, su decisión de habitar el pequeño cottage solitario fue motivada por la vecindad de la casa de Samuel T. Coleridge, con quien le unía una gran amistad. Juntos emprenderían ese monumento poético llamado Lyrical Ballads. Ese mismo año emprendería con Coleridge un viaje a Alemania, concretamente a Hamburgo, Goslar y Göttingen, como celebración de la publicación casi clandestina de Lyrical Ballads en septiembre de 1798. Göttingen, a juzgar por algunos biógrafos, dejó una impronta más honda en Coleridge, que tenía un bagaje intelectual más nutrido, sobre todo en cuestiones filosóficas y teológicas . Parece que tras Alemania escribe Wordsworth gran parte de su The Prelude (libros I y II) y deciden recorrer ambos a pie el “Lake Country”. Esta visita le emociona de tal forma que decide cambiar su domicilio con Dorothy de inmediato a la casita de “Dove Cottage” cercana al pueblo de Grasmere, en pleno corazón de la bella región de los lagos, donde albergan por un tiempo a Coleridge y se mantienen en permanente contacto. En “Tintern Abbey”, último poema de Lyrical Ballads, escribe:

―Once again
Do I behold these steep and lofty cliffs,
Which on a wild secluded scene impress
Thoughts of more deep seclusion; and connect
The landscape with the quiet of the sky.

Ese año de 1800 escribe allí su célebre “Preface” que precede a la antología compartida. Al año siguiente sale a la luz la segunda edición de Lyrical Ballads en dos volúmenes y dos años más tarde vendría la tercera ante la creciente demanda.

En Wordsworth el verso rezuma libertad en la forma y en la expresión. En el Preface de la edición de Lyrical Ballads de 1800, el poeta “lakista” se sacude las ataduras de la artificiosa dicción poética que imperó en todo el siglo XVIII. Su propuesta es prestar oído y recoger el lenguaje cotidiano, en palabras suyas, “a selection of the language really spoken by men”. La poesía no tenía por qué subirse en un pedestal de lo sublime, en un lenguaje elaborado y encumbrado, lleno de latinismos tan afectos al siglo clasicista anterior. Wordsworth hizo la siguiente apreciación en uno de los prefacios (a Collected Poems, publicados en 1815), digna de tenerse en cuenta por los críticos de su poesía:

If we leave out Lady Winchilsea‘s  Nocturnal Reveries and one or two fragments of Pope‘s Windsor Forest, Poetry since Paradise Lost until the Seasons does not contain one sole image of the outside world, barely an image from which one can infer that the poet had seriously contemplated his object, and least developed sincerely his impression.

El primer deber de la poesía es proporcionar placer por medio de una forma sencilla y una atractiva expresión del sentimiento. Su sentido hondo y solidario de lo humano lo resumía en su frase que es un principio humanístico universal: “the nice and native dignity of man” (The Prelude).
La publicación de Lyrical Ballads supuso un hito en el largo camino de la poesía inglesa, un antes y un después en esa trayectoria que no iba a aventurar ya un recorrido hacia atrás. Coleridge y Wordsworth comenzaron el trabajo un par de años antes de su publicación en 1798 y se reeditó en 1802 introducida por el célebre Preface escrito por Wordsworth para la
ocasión. En sus páginas preliminares dice Wordsworth que la poesía es un “spontaneous flow of emotions” cuyo asiento no hay que buscarlo más allá  de la propia experiencia vital. Está en nuestro interior, y sobre todo en nuestra imaginación, porque la poesía está “in emotion recollected in a state of tranquillity”. Tras su paso breve y huidizo, se esfuma cual humo en el aire, pero, ¡oh magia!, permanece en el poema para siempre. La carga del acento en el sentimiento, en la sencilla desnudez del lenguaje del verso, en el gozo de lo cercano a la tierra por encima del ornamento retórico y de las manidas fórmulas dieciochescas de Dryden y Pope supuso un viraje decisivo, un golpe de timón hacia otros mares más serenos, donde fondearán, con una notable carga de simbolismo, celebrados poetas venideros, Shelley y Keats sobre todo. Las mejores musas estaban emprendiendo su viaje rumbo a esas Islas atlánticas donde inspiraron fecundas Lyrical Ballads. Gracias a las limitaciones de los derechos de autor de la época, que permitían publicar parcialmente de una colección de parte de otros editores sin pagar derechos, sus Ballads acabaron siendo publicadas en millares de copias en periódicos, proporcionándole una fama mayor que la que habría tenido con la sola publicación de su libro. La primera edición vendió quinientas copias, una buena tirada para aquella época, mientras que periódicos como The Critical Review y la Lady Magazine alcanzaban cifras entre cuatro mil y diez mil copias. Su éxito alcanzó a los Estados Unidos, donde se publicó en revistas como la Literary Magazine. En la época victoriana el crítico Matthew Arnold de pronunció a favor de la poesía de Wordsworth cuando se le atacaba por su “estatus” de poeta laureado, entre otros por Thomas de Quincey, tras la muerte de su antecesor en los laureles, Robert Southey. De Quincey, buen conocedor del grupo, con quienes convivió y escribió sobre su pensamiento varios ensayos. Había abandonado Oxford (Worcester College) antes de terminar sus estudios, y se hizo muy adicto al consumo del opicáceo láudano. Entabló una estrecha amistad con Coleridge, quien a su vez le puso en contacto con Wordsworth y Southey en 1808. Como ellos, se fue a vivir a la región de lo lagos, en Grasmere donde los Wordsworth le cedieron su Dove cottage.

VICENTE LÓPEZ FOLGADO
Universidad de Córdoba

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