«Ensayo sobre Poesía Moderna» | T.E. Hulme 

Thomas Ernest Hulme (1883-1917) fue un poeta, filósofo y soldado inglés cuyo pensamiento crítico influenció el Modernismo europeo —que correspondería, al menos cronológicamente, con el Vanguardismo latinoamericano—, la cosmovisión poética de Ezra Pound y, en menor medida, la de T.S. Eliot, considerados como dos de los más grandes poetas en lengua inglesa del siglo XX. El presente ensayo fue leído en una de las reuniones de The Poet’s Club —grupo fundado por Hulme en 1908— y fue durante estas reuniones que propuso y difundió sus ideas sobre la relación de la imagen como experiencia vital para la creación poética. Fue esta lectura y su conceptualización sobre el uso de la imagen lo que sirvió de fundamento y eje para uno de los movimientos de vanguardia más significativos en el marco de las corrientes artísticas de la época: el Imagismo.

La experiencia de cómo se percibía la realidad y los paradigmas del individuo habían cambiado drásticamente con el cambio del siglo —en términos sociales, políticos, filosóficos, tecnológicos y estéticos—, y, con ello, su espíritu y su propia sensibilidad. La imagen —creía Hulme, inicialmente influido por Bergson y Guyau— era una forma de conocimiento intuitivo que se manifestaba a través de los sentidos (la percepción) y constituía el centro de la experiencia real del individuo. Sin embargo, esta forma de conocimiento era estropeada por el uso de la razón, de modo que para expresarse libremente —y retener así la verdadera forma de la imagen—, requería de una forma poética igualmente libre, ajena a las convenciones de la tradición, que privilegiara el cultivo y la construcción de la imagen y a la vez favoreciera la sobriedad en el uso del lenguaje, en detrimento de superfluos ornamentos.

Aunque varios de los ejemplos y puntos de referencia empleados por Hulme en este pequeño ensayo nos parezcan arcaicos hoy —la escuela Parnasiana, por ejemplo, suscita escaso interés entre escritores y críticos actualmente, ni qué decir entre los lectores—, y aunque en el campo de la escritura poética las cosas han cambiado drásticamente en los últimos cien años, son la refrescante postura y la perspectiva crítica asumidas por Hulme ante el fenómeno social de lo poético, en este momento particular de la Historia, lo que resulta verdaderamente interesante, ya que daría continuidad a una de las actitudes fundamentales de la cultura occidental del siglo XX, iniciada por los simbolistas franceses: la desacralización de lo tradicional. En efecto, despliega una visión ácrata, diríamos, y fría, sobre la escritura, y nos advierte sobre lo innecesaria que resulta nuestra manera de pontificar e idealizar aquello que rodea a la escritura, al poema, a la poesía, al poeta y a la poetisa. Por ejemplo, criticó duramente la ideología de los románticos, especialmente su planteamiento sobre el rol y el oficio del poeta —un «iluminado» que a través de la inspiración accede a un tipo exclusivo de conocimiento de carácter místico—, para quien la manifestación poética supondría un don natural cercano a la locura que lo llevaría a explorar y decodificar su experiencia sensible a través de sus sentimientos y el uso de la imaginación.

Esta profana actitud y este modelo de revisión crítica se hacen necesarios, ya que nos permiten inspeccionar aquello que ha quedado detenido en el tiempo y falla en ajustarse a las condiciones de nuestra perpetuamente nueva sensibilidad, y que, por lo mismo, debe ser sometido a una estricta revisión. Nos recuerda la importancia de dudar de nuestras propias estructuras mentales y, en general, de toda organización sistemática de ideas por ejemplo, los arcaicos planteamientos de las vanguardias setenteras o la viciosa moda de corrección política actual, que infesta nuestra poesía y nos enseña a tomar distancia de los fundamentos de nuestro pensamiento; actitud que, a su vez, nos permite desechar las viejas formas artísticas mientras nos apropiarnos de las nuevas, más adecuadas a las necesidades expresivas de nuestro espíritu.

Pero todo es, desde luego, un asunto de perspectiva. Al año siguiente, en 1909, Hulme disolvería The Poet’s Club y fundaría otro grupo, al que se refería como «El Club de Secesión», a través del cual difundiría el Imagismo. Se reunían sistemáticamente en el Café Tour d’Eiffel, donde conoció a F.S. Flint y a Ezra Pound, este último el mejor difusor del movimiento y de su ideología —llegó al punto de decir que fue suya la idea original, despojándolo a Hulme de su merecido crédito—. De hecho, entre 1909 y 1916, Pound publicó varias antologías del grupo, en las que participaron escritores de la talla de James Joyce, William Carlos Williams y D.H. Lawrence, nada menos. El resto, desde luego, es historia.

Paul Forsyth Tessey


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NOTAS

[1] Periódico semanal londinense que se ocupaba de política, ciencias, artes y literatura fundado en 1855 (dejó de existir en 1938) por Alexander Beresford Hope (1820-1887), un ensayista y político conservador inglés.

[2] Henry Simpson (¿1865?-1939), fue presidente de The Poets’ Club de Londres. El grupo se reunía una vez al mes y estaba compuesto por poetas amateur y lectores de poesía de diversa índole. Sería el caldo de cultivo para otro grupo organizado por Hulme junto con F.S. Flint, también crítico y miembro del club The School of Images, de la cual sería parte el famoso Ezra Pound y donde se gestaría el Imagismo, famosa escuela pionera de vanguardia, cuya base teórica y filosófica sería, precisamente, el presente ensayo de Hulme.

[3] William Ernest Henley (1849-1903) fue un poeta, editor y crítico inglés, autor del famoso poema «Invictus».

[4] Dante Alighieri (1265-1321), fue un poeta italiano medieval, formó parte del Dolce Stil Nuovo y fue autor de La vida nueva (1290) y La Divina Comedia (1321).

[5] John Milton (1608-1674), fue un famoso poeta épico inglés, autor de El paraíso perdido —escrito en verso blanco, una novedad para la época—, cuya obra influenció fuertemente a los escritores ingleses posteriores, especialmente a los poetas románticos.

[6] George Augustus Moore (1852-1933), fue un novelista, poeta y crítico de arte irlandés. Sus novelas, de corte realista y naturalista, generaron mucha polémica debido a que toca temas controversiales para la época, como el sexo extramatrimonial, la homosexualidad y la prostitución.

[7] Algernon Charles Swinburne (1837-1909) fue un poeta, novelista, dramaturgo y crítico inglés, considerado por muchos como el mejor poeta inglés del siglo XIX y sucesor de Tennyson y Browning. Fue muy controversial en su momento, si tomamos en cuenta su trasgresión del pudor victoriano, pues muchos de sus poemas abordan temas como el sadomasoquismo y el suicidio.

[8] William Wordsworth (1770-1850) fue un poeta romántico inglés, autor del famoso poema The Prelude, cuya contribución a la lírica inglesa fue determinante para el desarrollo del romanticismo en Inglaterra.

[9] El Parnasianismo fue un movimiento literario francés creado en 1871 por Theóphile Gautier (1811-1872) y Leconte de Lisle (1818-1894) como una respuesta antitética moderada a los «excesos» del romanticismo, como la predominancia del «Yo».

[10] No se ha encontrado información o referencia sobre este escritor (nota del traductor).

[11] Sully Prudhomme (1839-1907), fue un poeta parnasiano francés conocido, sobre todo, por haber sido el primer ganador del Premio Nobel, en 1901.

[12] Gustav Kahn (1859-1936), fue un poeta y teórico francés que se autoproclamó el creador del verso libre.

[13] La cursiva es nuestra (nota del traductor).

[14] Jean-Marie Guyau (1854-1888), fue un poeta y filósofo francés. Principalmente influida por el epicureísmo, su obra filosófica —un radical análisis de la moral del pensamiento que buscaba liberar a la ética de su carácter impositivo— influyó a importantes pensadores occidentales, como Nietzsche y Durkheim.

[15] Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), fue un novelista, cuentista, poeta, crítico, ensayista y teólogo inglés, mejor conocido por la novela El hombre que fue jueves y las historias del Padre Brown, un cura católico que resulta ser un tenaz detective.

[16] James Abbott McNeill Whistler (1834-1903), fue un prolífico pintor, promotor, profesor y crítico de arte norteamericano que profesó la filosofía del «arte por el arte», cuya obra tuvo un impacto decisivo en Europa y los Estados Unidos durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX.

[17] William Watson (1858-1935), fue un poeta muy controversial debido al contenido político de sus poemas, aunque escribía también discursos políticos, razón por la cual Hulme se refiere a él como orador y no como poeta.

[18] Alfred Lord Tennyson (1809-1892), fue el poeta postromántico inglés más popular del siglo XIX, incluso llegó a ser nombrado barón y poeta laureado por la reina Victoria.

[19] Percy Bysshe Shelley (1792-1822), fue un importante poeta romántico inglés, especialmente conocido por sus largos poemas visionarios y por sus radicales ideas políticas y sociales. Fue esposo de Mary Shelley (1797-1851), autora de Frankestein.

[20] John Keats (1795-1821), fue el poeta romántico inglés por excelencia, cuya reputación creció ampliamente luego de su temprana muerte a los veinticinco años, cuya breve obra influenció a importantes poetas de los siglos XIX y XX.

[21] El London Pavillion es un famoso edificio construido en 1859 con el propósito de servir como music-hall o sala de música, que luego fuera reubicado a poca distancia de su ubicación original en 1885.

[22] La cursiva es nuestra (nota del traductor).



Traducción, notas y presentación de Paul Forsyth Tessey | Buenos Aires Poetry, 2021 | (Photo by Hulton Archive/Getty Images)