Gaspar de la Noche / Tres Versiones de Aloysius Bertrand a partir de Maurice Ravel – por César Panza

Aloysius Bertrand fue un poeta, dramaturgo y periodista francés de la primera mitad del siglo XIX. En una posición de vanguardia dentro del romanticismo, se considera el inventor del poema en prosa. Su obra más destacada Gaspard de la Nuit: Fantaisies à la manière de Rembrandt et de Callot (1842) fue publicada de forma póstuma, descubierta por Baudelaire y Mallarmé, popularizada por los surrealistas y tenida hoy en día como un clásico de la literatura fantástica. En 1908, Maurice Ravel compuso un tríptico para piano, basado en tres poemas del Gaspard de la Nuit, que se destaca por su oscura expresividad, su dificultad técnica y su profunda estructura musical.


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Nereida
Lent en Do sostenido mayor

Creí escuchar
una vaga armonía que encantaba a mi sueño,
y cerca de mí nacía un murmullo semejante
a los cantos entrecortados de una voz triste y tierna.
C. Brugnot, Los dos genios

—«¡Escucha! ˗ ¡Escúchame! ˗ Soy yo, Nereida, quien toca con gotas de agua los vidrios sonoros de tu ventana iluminada por la luz tenue de la luna; heme aquí, vestida de noche y cinética, la gran dama que contempla desde la terraza el hermoso cielo de estrellas y el bello lago dormido.

«Cada ola es un espíritu que se mueve en la corriente, cada corriente es un camino que lleva ondulando hacia mi casa y mi casa es un edificio de flujos, en el fondo del lago, en el triángulo del fuego, la tierra y el aire.

«¡Escúchame bien! ˗ ¡Escucha! ˗ ¡Mi padre golpea con su bastón rítmicamente al agua, y mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las islas frescas de hierbas, nenúfares y algas, o se burlan del árbol que viejo y barbudo pesca con caña!»


*
* *

Una vez susurrada su canción, me suplicó que recibiera un anillo en mi dedo para ser su marido, y que visitara con ella su casa, para ser el señor de las aguas.

Y como yo le respondí que era otra a la que amaba, ella, molesta y despechada, lloró algunas lágrimas, lanzó una carcajada y se convirtió en llovizna que fuerte corrió blanca por mis ventanas cerradas.

La soga
Très lent en Mi bemol menor

¿Qué veo moverse alrededor de esta horca?
Fausto

¿Eso que escucho será el gemido de la brisa nocturna, o el colgado que suspira desde la horqueta del árbol?
¿Será algún grillo que canta escondido entre el musgo y una estéril enredadera que, como por compasión, crece en el monte?

¿Será alguna mosca al acecho, haciendo zumbar sus alas en esas orejas sordas el silbido de los sicarios?

¿Será algún coleóptero que arranca en su vuelo irregular un pelo sanguinolento de su cráneo calvo?

¿O bien será alguna araña que teje media vara de seda como corbata para un cuello estrangulado?

Es la campana que suena entre las paredes de un pueblo, al horizonte, y el cadáver de un colgado que enrojece el sol del ocaso.

El duende
Modéré en Si mayor

I

Dios mío, concédeme, a la hora de mi muerte, las oraciones de un cura, un sudario de tela, una cerveza de abeto y un lugar seco.
Los padrenuestros del Sr. Maréchal

……«Cuando te mueras, salvo o condenado, murmuró el duende a mi oído esa noche, tendrás por sudario una seda de araña, y enterraré contigo al animal que la haya tejido.

……–Ay, que al menos tenga por sudario, le respondí con los ojos rojos de tanto llanto, una hoja de plátano en la que me arrulle el aliento tibio del lago.

……–¡No!, se rio el enano sarcástico, serás la comida de un insecto coprófago, ese que caza a la tarde los zancudos cegados por el sol entornado.

……–¿Prefieres mejor, le repliqué yo, lloroso todavía, prefieres mejor que sea chupado por una tarántula con trompa de elefante?

……–Y bien, agregó él, consuélate que tengas por mortaja las tiras de piel de serpiente moteada de oro con las que te envolveré como una momia.

……«Y en un nicho tenebroso del Benigno, donde dormirás para siempre contra una muralla, escucharás con placer a los niños llorar en el purgatorio».

II

Miró bajo la cama, en la chimenea, en el baúl; –no había nadie. No pudo comprender por dónde había entrado, por dónde se había escapado.
Hoffmann, Cuentos nocturnos

……¡Ay! ¡Cuántas veces lo vi y lo escuché, al duende, cuando a medianoche la luna brilla en el cielo como un escudo de plata sobre un fondo azul plagado de abejas doradas!


……¡Cuántas veces lo escuché murmurar con su risa entre las sombras de mi cuarto, y rasgar con su uña las sábanas de mi cama!


……¡Cuántas veces lo vi saltar al suelo, dar vueltas sobre un pie, rodar por toda la habitación como la moneda caída de la mesa de una bruja!


……¿Creí entonces que había desaparecido? ¡El enano crecía entre la luna y yo, como el campanario de una iglesia vieja, con un cascabel de oro pendulando en su gorra sucia y arrugada!


……Pero de pronto su cuerpo se azulaba, pálido como la cerámica de una bujía, su cara se ponía diáfana como la cera de las velas –y súbitamente se apagaba.