Antonin Artaud en La Révolution Surréaliste – por Lucas Margarit

El primer número de la revista La Révolution Surréaliste aparece el 1º de diciembre de 1924 fundada por André Breton, Pierre Naville y Benjamin Peret. La primera aparición de Artaud, no así su participación, se encuentra en el número inicial1, en la página 17 lo encontramos formando parte de un grupo de fotografías de retratos de poetas del movimiento, Breton, Eluard, Crevel, Soupault, junto a ellos vemos también los retratos de Sigmund Freud y de Guillaume Apollinaire. Este conjunto de personalidades aparece en esta composición rodeando un retrato de mayor tamaño de una mujer, Germain Berton, anarquista y “la primera heroína anti-surrealista” acompañada de una leyenda de Ch. B. (Charles Baudelaire) en la parte inferior que dice “Le femme est l´être qui projette la plus grande ombre ou la plus grande lumiere dans nos rêves”. La participación que podemos denominar de iniciación en este número pasará a tener una actividad más importante, sobre todo en el número 3, de abril de 1925, del cual será director a pedido de Breton, para luego, una vez abandonado ese cargo comenzar a ser más esporádicas.

Antonin Aratud desde el principio comienza a ejercer una fuerte influencia en sus compañeros del movimiento, sin embargo, verán en su figura y en su actitud una postura mucho más radical que la que emerge del surrealismo. Tanto Breton como Aragon hacen hincapié en la mirada hacia el abismo que sostiene el nuevo integrante del grupo, como dice Breton en la misma entrevista: “nos impulsó a correr verdaderamente todos los riesgos, a atacar personalmente a discreción todo aquello que no podíamos sufrir” y Aragon en una conferencia pronunciada el 18 de abril de 1925 en Madrid dirá: “Je vous annonce l´avènement d´un dictateur: Antonin Aratud est celui qui s´est jeté à la mer. Il asume aujourd´hui la tâche immense d´entraîner quarante hommes qui veulent l´être vers un abîme inconnu, où s´embrase un grand flambeau, qui ne respectera rien, ni vos écoles, ni vos vies, ni vos plus secrètes pensées”2

A comienzos del año 1925 aparece el segundo número de la revista donde se anuncia la creación y la inauguración de la “Bureau de recherches surréalistes” cuyo objetivo era reunir documentos, experiencias y textos sobre las formas que podía adquirir la actividad inconsciente del espíritu. Artaud es presentado como su director, y se anuncia también “Un ensamble de projets et de manifestations précises que les differents comités exécutent actuellment en collaboration avec A. Artaud, seron esposes dans le nº 3 de La Révolution Surréaliste”3 lo cual está anticipando la febril actividad que desarrollará Aratud en el número siguiente. Un tiempo después, tuvo que alejarse del cargo por ciertas discusiones con Breton, quien lo culpaba diciendo que quería hacer de la oficina un centro de “readaptación” a la vida, cosa que si la vemos a la distancia podemos pensar, en realidad, que lo que sucedió fue lo inverso. La vinculación de Artaud con los poetas del grupo, como podemos ver, tuvo diferentes momentos y fue una relación con distintos grados de discusiones y apoyos por ambos lados. Los textos de Aratud, cuyo tono era sumamente vehemente, combativo y tenía ciertas aristas místicas, provocaban cierta inquietud en Breton.

En este mismo segundo número de La Révolution Surréaliste encontramos tres colaboraciones de Artaud, entre ellas un texto automático inspirado en la pintura de André Masson, la respuesta a una encuesta sobre el suicidio y “Sûreté general: la liquidation de l´opium”4.

El primero de estos textos comienza “Le monde physique est ancore là”5 el individuo se muestra como separado de su entorno y señala la división entre un espacio exterior y una percepción interior, casi onírica que describe un mundo quebrado donde el “yo” recompone su identidad espiritual y sexual, mental y material. De este modo el exterior se transforma en imagen a través del “yo” que construye el texto Las imágenes de este texto artaudiano nos muestran un mundo que se dispersa en sangre y fuego, en hielo y trombas de leche. El abandono de la razón permite destacar una inusitada violencia erótica que permite vislumbrar la oposición hacia un sistema social, la cual será elaborada en los escritos posteriores. Esta posición también puede ser leída en la respuesta que propone Artaud a la pregunta “¿Es el suicidio una solución?”. El suicidio forma parte de la realidad, por lo tanto autoriza a Artaud a dudar y pensarlo como una “hipótesis”, oponiendo, así, la idea de muerte a la del “no ser”. Artaud busca descubrir el otro lado de la existencia, donde cuerpo y espíritu no manifiesten una duplicidad. Tal como dice también en un manifiesto escrito y publicado ese mismo año y dedicado a su compañero de andanzas dramáticas Roger Vitrac, “Manifeste en langage clair”6: “Si je ne crois ni au Mal ni au Bien, si je me sens de telles dispositions à détruire, s´il n´est rien dans l´ordre de principes à quoi je puisse raisonablement accéder, le principe même en est dans ma chair ». Esta falta de creencia en un sistema maniqueo continuará en toda su producción que lo llevará a poner su fe en su propia carne y a tomar la existencia desde la desesperación, que se afirma en la propia proyección del cuerpo en la letra, un estado que no se “puede ajustar a las palabras” y por ello escapa de la lógica y de la sintaxis, incluso de la misma literatura7. Es por esta posición que podemos afirmar que Artaud atraviesa el surrealismo, que, pese a que comparte con los miembros del grupo ciertas fuerzas motoras contra la sociedad, su recorrido va a alejarse de los nuevos sistemas que “ordenen” la creación poética y la participación política de los acólitos de Breton. Esto último, también sea quizás otro elemento a tener en cuenta en la discusión con los surrealistas, quienes más allá de presentar el arte unido a la vida, no se percataban que seguían, más allá de la ruptura, cierta tradición que separaba la propia existencia del poeta a su obra, es decir, retomando las palabras de Aragon, no se atrevieron a entrar en el mar. Artaud, así, expone su cuerpo.

Esta exposición se manifestará de manera más contundente en el número tercero del cual es el director. Muchos de los textos allí reunidos están firmados por el grupo, pero el espíritu corrosivo y crudo pertenece sin duda a Artaud, como ha sido afirmado por Breton8 y por Masson, quien le atribuye los manifiestos de los números 2 y 3 de La Révolution Suréaliste.

Este tercer número, publicado el 18 de abril de 1925, es el que reúne la mayor cantidad de textos y propuestas de Aratud. Pensemos que es el año en que se publica también, en julio, L´Ombilic des Limbes y, en agosto, Le Pèse-Nerfs. El primero de estos libros comienza como una puesta en escena de la poiesis artaudiana, que se presenta como una obra en continua realización, un yo que pertenece tanto al ensimismamiento de su carne como al exterior de sí mismo: “No concibo la obra como separada de la vida. No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu separado de sí mismo”9. La unión vida-arte se manifestará en Artaud de manera diferente a la presentada por Breton, éste último reconocerá la necesidad de una proyección de la obra hacia lo social, Artaud dará a su creación un marco más personalizado e individual, la vida como la proyección de una totalidad que se establece en el “yo”, tanto en su espíritu como en la carne, conformando, de este modo, una estructura vital que se encuentra más cercana al sujeto que al texto, por la apropiación y por el conocimiento del dolor. Como nos dice en un texto de 1925 publicado en la Nouvelle Revue Français, “Position de la chair”10: « J´imagine un système où tout l´homme participerait, l´homme avec sa chair physique et les hauteurs, la projection intellectuelle de son esprit ».

Este número de la revista se presenta bajo el título: Fin de l´ere chretienne [Fin de la era cristiana], lo cual ya nos está presentando el matiz que los textos incluidos presentarán. La publicación se abre con un manifiesto sin firma, “A Table”11 [A la mesa], lo que podemos suponer que se trata de un texto colectivo, sin embargo, sabemos por lo mencionado anteriormente que su autor es Artaud. Hay un documento que pertenecía a Génica Athanasiou que nos confirma esta hipótesis, es una versión manuscrita anterior de este texto titulada “Appel au monde” [Llamado al mundo]. El texto comienza con una crítica a la metafísica occidental para instalarse luego en un espacio opuesto a la lógica imperante. Es un llamado al abandono de las comodidades que ofrece el mundo en busca de otra existencia y de un nuevo lenguaje. La mirada surrealista en este texto se presenta por el encuentro con la verdadera realidad. Nos encontramos con un sujeto que se proyecta “hacia cierta eternidad, surreal”. El tono de este llamado es provocativo, no se dirige sólo desde una postura estética, sino desde una posición vital, lo cual reforzaría el énfasis en la lucha contra ciertas formas de pensamiento. Artaud, de este modo, busca una liberación absoluta del individuo. Esta controversia se va a presentar desde diferentes textos en este mismo número, donde se publica una serie de cartas dirigidas a diferentes personalidades relacionadas con el poder sobre el pensamiento. Cada una de ellas ocupa una carilla, y se encuentran distribuidas a lo largo de toda la revista. La primera de estas misivas es la que está dirigida a los rectores de las universidades europeas12, en ella continúa la diatriba en contra de la división entre pensamiento y espíritu y hace responsable a quienes está dirigida la carta. Luego le siguen las dirigidas al Papa, al Dalai-Lama y a las Escuelas de Buda13. Artaud propone un trastrocamiento, rechaza la estructura del cristianismo para abrazar la cosmovisión de oriente, donde rescata la idea del espíritu sin hábitos y lejos del sufrimiento. Es interesante que en la composición de la revista la “Adresse au Pape” y la “Adresse au Dalaï Lama” se encuentran enfrentadas. Artaud, director de este número, sin duda buscaba enfatizar la oposición entre estos dos personajes, es más, esto está remarcado por el hecho de que el Dalai-Lama es llamado en varias oportunidades Papa. Una crítica similar se plantea en la última carta presentada en este número, “Lettre aux Médicins-Chefs des Asiles de Fous”14. La defensa por quienes son considerados “locos” y la expuesta crítica a la institución “asilo”, descrito como una cárcel, nos lleva nuevamente a considerar la necesidad de Aratud por la liberación total del espíritu. Tenemos que tener en cuenta que Artaud con estas cartas, no sólo está amonestando ciertas instituciones, sino que está también rescatando las zonas veladas del hombre en la cultura occidental, lo cual en una primera aproximación lo asociamos a las premisas del surrealismo. Breton comienza su primer manifiesto con la siguiente idea: “Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que al fin esta fe acaba por desaparecer”15. Podemos pensar que Breton intenta salvaguardar otro aspecto de la experiencia vital, (como también lo vemos en los textos de Artaud). Encontramos a lo largo de sus manifiestos un proceso de desmantelamiento de las coordenadas lógicas y morales, de allí las continuas referencias a la infancia, al azar, a los juegos, lo que resultará más adelante el “cadáver exquisito”, “lo uno en lo otro”, la escritura automática”, las experiencias con la hipnosis, etc. En la definición que nos ofrece Breton de Surrealismo podemos leer: “Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”16. Artaud descubre inmediatamente las posibilidades que ofrece esta desarticulación de la lógica, por ello se une al grupo y esboza las críticas más crudas al sistema social, lo que se refleja en este número que él dirige.

Este tercer número cierra con otro texto de Artaud: “L´Activité du Bureau de Recherches Surréalistes”17, allí retoma las mismas ideas que venimos comentando, pero en una forma más ordenada y quizás más sistemática. En primer lugar, esboza que la revolución surrealista puede ser “aplicable a todos los estados del espíritu” y a partir de allí muestra el modo de ejercer la ruptura con “el mundo”. Cuando Artaud realza el hiato que se establece entre el sujeto y el mundo, hay que pensar que se refiere al mundo social, al mundo lógico y a la moral imperante; esta distancia rompe con las posibilidades de comunicación, nos dice: “Entre el mundo y nosotros, la ruptura está claramente establecida. No hablamos para hacernos entender, sino en el interior de nosotros mismos, con rejas de angustia, con el filo de una obstinación encarnizada, conmocionamos, desequilibramos el pensamiento. La oficina central de las investigaciones surrealistas dedica todas sus fuerzas a la reclasificación de la vida”. Podemos ver que en este momento es cuando Artaud está más cercano al espíritu del movimiento, aunque, como decía Breton, la “vehemencia” de estos escritos traspasa la posición del grupo. Artaud como encargado de la Oficina de Investigaciones Surrealistas, y como director de esta publicación, se hará cargo de marcar la impronta de su reflexión al aliarse a los “Parias del pensamiento”. Este texto termina de este modo: “Aquí se instala cierta Fe, pero que lo coprolálicos me entiendan, los afásicos y en general todos los desacreditados por las palabras y el verbo, los parias del Pensamiento. Hablo sólo para ellos.” El paso de la primera persona del plural a la del singular nos manifiesta cierta independencia con respecto al grupo. Allí donde Breton insinúa una revolución en el arte y la vida, Artaud pretende una revolución en el espíritu del sujeto fuera del mundo; donde Breton pretende expresar cierta teoría poética, Artaud nos revela que el “yo” que intenta decir se encuentra antes de la escritura, en el estado primitivo del balbuceo.

Entre los otros escritos que completan la lista de publicaciones de Artaud en este número encontramos un breve comentario marginal a “Glossaire: J´y serre mes gloses” de Michel Leiris, donde presenta su posición frente al lenguaje. Por su brevedad lo transcribimos: “Oui voici maintenant le seul usage auquel puisse servir désormais le langage, un moyen de folie, de elimination de la pensée, de rupture, le dédale des déraisons, et non pas un DICTIONNAIRE où tels cuistres des environs de la Seine canalisent leurs rétrécissments spirituels. »18. El lenguaje, según esta postura, se torna en ausencia de lógica, se aparta del pensamiento, a lo que podemos agregar que también se aparta de la referencia concreta y pragmática. Las palabras pierden su uso habitual, pero de modo violento, y son arrastradas hacia un estado anterior de la razón. Nuevamente vemos un punto de contacto con las premisas que Breton había anunciado en su Primer Manifiesto del Surrealismo.

Este estado del lenguaje también se ve representado en este número en otro texto de Artaud, recogido en un grupo de colaboraciones de distintos autores, entre ellos Max Morise, Paul Eluard, y Raymond Queneau, bajo el título “Rêves” [Sueños]19. Este texto, dividido en dos partes, responde a las características típicas de la escritura del surrealismo. Las imágenes que se despliegan mantienen una lógica irracional, donde los acontecimientos se van sucediendo sin causas ni consecuencias aparentes, pero son embargo el relato mantiene una cronología que concluye en la primera parte con la frase: “Je ne sus jamais si c´etait arrivé.” Es decir que el desconocimiento en la conclusión de este relato onírico nos estaría advirtiendo que el “yo” se encuentra imposibilitado en este aspecto de poder dar cuenta de alguna progresión racional, con lo cual podemos sospechar que se encuentra en un devenir continuo, que desde la perspectiva de Artaud, podemos relacionar con el énfasis que coloca en el aspecto “vital” de la existencia. Ser es, de este modo, sólo “estar siendo”.

Pasemos al cuarto número de la revista que estamos tratando. Fue publicada el 15 de julio de 1925 y dirigida por André Breton. Este número no contiene ninguna colaboración de Artaud, sin embargo encontramos unos fragmentos de una conferencia de Aragon –que mencionamos anteriormente- que se refieren de manera emblemática a la figura de Artaud.

El 15 de octubre de ese mismo año sale el 5º número con dos colaboraciones de Artaud: “Nouvelle lettre sur moi-même” y su firma en un manifiesto grupal, “La révolution d´abord et toujours”20. El primer texto al que hacemos mención comenta la relación del sujeto con las ideas, la imposibilidad de cierne sobre ese yo que se nos presenta como un animal “físico” y “mental”, “La bête qui vit”. Artaud parte de una experiencia personal para luego dirigirse al hombre y a criticar la manera en que se manifiesta la forma de pensar y de concebir una idea a través de lo que la conciencia pueda añadir. Como nos dice: “Mon agrégat de conscience est rompu”21 y por ello las ideas se transforman en objetos que se ensamblan, pero que pasan a su lado y no son percibidas. El sujeto nuevamente está desplazado del mundo. Pero ante esta situación “il y a place pour un orgueil, qui a aussi comme une face de conscience. C´est si l´on veut la connaissance par la vide »22. Artaud de esta manera, se presenta constantemente a través de las palabras que se refieren a la experiencia negativa del mundo. Podríamos arriesgar a decir que es en esta visión que su lenguaje o su experiencia se torna casi mística, como ya había anunciado con respecto a la práctica surrealista en el número tercero de esta publicación, en el artículo que ya tratamos sobre la Oficina de Investigaciones Surrealistas, dice Artaud: “On peut, on doit admettre jusqu´en certain ordre de croyances évasives par rapport a la raison ordinaire, mais toutefois bien determinées, touchant à des points bien fixés de l´esprit”23.

El manifiesto que aparece en este número repite –quizás en un tono más violento- las mismas ideas en contra del sistema moral, económico e histórico. Es un texto colectivo firmado por todos los integrantes del grupo, además de los participantes de otras publicaciones similares. Pese a que aparece su firma en él, creemos, como comenta Jean-Luis Brau que “Artaud es incapaz de comprender este lenguaje”24 y va a ser una de los primeros destellos de quiebre con el movimiento, que desencadenará a fines de 1926 en el abandono de Artaud del grupo, por la adhesión de muchos de sus miembros al partido comunista, decisión tomada en el café del Prophète de París, reunión que termina también con la expulsión de Philippe Soupault. Artaud, sin embargo, seguirá publicando algunos textos más en la revista, pero de hecho, podemos ver una remarcada incompatibilidad en cuanto que no cree en una revolución material y concreta, sino en un trastrocamiento de la estructura del espíritu25.

Tenemos que agregar que encontramos también un texto de André Breton, “Lettre aux voyantes” que nos interesa particularmente, ya que en el número octavo de esta revista Artaud responderá con su “Lettre a la voyante” dedicada al mismo Breton.

El número séptimo, (pasamos el sexto -del 1 de marzo de 1926- ya que no tiene ninguna referencia a Artaud), salió publicado el 15 de junio de 1926 y contiene dos textos de Artaud. El primero en prosa poética L´enclume des forces”, el segundo es un poema, “Invocation a la momie”26

El texto en prosa, escrito a modo de escritura automática, nos presenta un espacio caótico, con un uso extraño de la sintaxis, con una mirada fragmentaria del mundo y donde el sujeto parece intentar recobrar su propias palabras, anteriores al la articulación. Se anuncia el grito como materia poética, la espera en una realidad que fluye fuera de quien la percibe y que sabe que será una espera improductiva. El discurso se torna escatológico: “Un cri pour remasser tout cela et une langue pour m´y pendre. Tout ces reflux commencent  à moi »27. Disolución de la forma, de la experiencia en un sujeto que se opone a la posibilidad de sucumbir a la bóveda celeste y a todo lo que ella simboliza en el mundo occidental.

Esta misma puesta en duda puede ser percibida en ciertos parágrafos de la “Lettre a la Voyante”28 aparecido en el número ocho de La Révolution Surréaliste, publicada el 1º de diciembre de 1926. Este texto está dedicado a André Breton29 y podemos ver cierto eco de su ““Lettre aux voyantes”, al cual ya nos referimos. El texto de Breton es un llamado a las videntes para adoptar otra posición frente al “gran Secreto” y para unirse a la percepción del mundo desde su interioridad, desde “las órdenes de lo maravilloso”. En la carta de Artaud vemos cierta correspondencia entre la vidente y esa primera persona que como un continuum se cuestiona su vida y su muerte. La posibilidad de ver más allá de la “Madame”, junto a la miseria de su existencia en el mundo es lo que enfatiza Artaud y lo que permite la aproximación ya que los “rodea el mismo espacio” y lo reafirma diciendo: “Je sentais mon esprit entré en communication avec le vôtre”. Para Artaud ambos comparten esa existencia apartada del mundo y la mirada de la vidente se transforma en una especie de consuelo que “ravive comme un vin mystérieux” 30. Ambos poetas rescatan nuevamente esa zona indescifrable de la experiencia, en el caso de Artaud está mucho más enfatizada la visión personal, remarcando nuevamente el sufrimiento que produce la existencia.

En este número, también encontramos un texto dedicado a Génica Athanasiou, “Uccello, le poil”31, donde comenta la pintura de este artista del siglo XV desde una mirada absolutamente personal, redefiniendo así las imágenes que rescata de su obra. El texto se dirige directamente al pintor, “Uccello, mon ami”, y ve en su obra una problemática que se refleja en su propia escritura: la unión de lo terrenal y de lo espiritual, remarcando de este modo cierto anacronismo del surrealismo, ya que Uccello presenta cierto grado de ensoñación en el que posará su mirada Artaud.

Hay que tener en cuenta que en el año 1927 sale a la luz la discusión con Breton y con el grupo de acólitos de éste, por lo cual es echado del movimiento. Tenemos los documentos de esta discusión que se planteó en forma pública a través de cartas y panfletos donde cada uno exponía su posición. A partir de este año, obviamente, sus colaboraciones serán cada vez más esporádicas y marginales. El número doble 9-10 de la publicación sobre la que estamos exponiendo, no cuenta con ninguna colaboración por parte de Artaud, pensemos que es publicada el 1 de octubre de 1927. Sin embargo creemos conveniente tener en cuenta dos documentos que ponen en escena la ruptura de esta relación. Por un lado el folleto “Au Grand Jour” firmado por Breton, Aragon, Eluard, Péret y Unik; por el otro la respuesta de Artaud “A la Grande nuit ou le bluff Surréaliste”.

La crítica del grupo recae en la figura de Artaud bajo estos términos: “No quería ver en la Revolución más que una metamorfosis de las condiciones interiores del alma, lo que es propio de los débiles mentales, los impotentes y los cobardes” o más adelante “No reconocía otra materia que la materia de su espíritu, como él decía. Dejémosle en su detestable mezcla de ensueños, de afirmaciones vagas, de insolencias gratuitas, de manías”32. La respuesta de Artaud no se hace esperar, y en ella critica la posición social en que se involucran los miembros del surrealismo, ya que para él “el punto de vista de la revolución integral reside en que cada hombre no quiera considerar más allá de su sensibilidad profunda, de su yo íntimo”, para recalcar más adelante una crítica dirigida a Breton: “El surrealismo ha muerto por el sectarismo imbécil de sus adeptos. Lo que queda de él es una especie de híbrido al que los mismos surrealistas son incapaces de poner un nombre”33. La crítica que hace Artaud al movimiento está dirigida a la disciplina dentro del grupo, a la figura líder que tiene Breton34 y a los condicionamientos que debía estar sometidos. El énfasis en el “yo íntimo” pone de su lado a aquellos que piensan en la libertad individual como un bien superior.

Pese a este distanciamiento, Artaud entregará para el número 11 de la revista “L´Osselet Toxique”35 que saldrá editado el 15 de marzo de 1928 en la página 12 de dicha revista con una nota de la redacción, la cual comienza: “Ce qui nos unit, et ce qui peut toujours nous desunir, reste inconcevable pour ceux qui s´essayent a nous juger sur chacune de nos démarches”36. Esta justificación de la edición del texto de Artaud hace referencia a las contradicciones que el mismo grupo asume. El texto de Artaud es una invectiva hacia los médicos y psiquiatras, dando de este modo a entender que uno es dueño de su propia desgracia espiritual. El cuerpo vacío se ofrece como en sacrificio, en un hartazgo que se repite y que significa haber desafiado lo prohibido. El acento de este escrito renueva la violencia de los textos publicados en el número 3 de La Révolution Surréaliste. Nuevamente es Artaud el que se opone de forma personalizada e individual al mundo, en cuerpo y mente se proyecta directamente y violentamente hacia lo que se presenta como una amenaza para la “libertad del espíritu”.

En este anteúltimo número también leemos un diálogo que mantienen, paradójicamente, Breton con Artaud. Estos diálogos están diseñados de manera lúdica y buscan tergiversar no sólo la posible lógica de las imágenes, sino también la del diálogo mismo, a modo de ejemplo tomo una pregunta hecha por Breton y la respuesta de Artaud:

« B. Qu´est-ce que l´amour immortel ?

A. Pauvreté n´est pas vice. »37

Vemos así que Artaud sigue creyendo en ciertos elementos del surrealismo como liberación integral del espíritu. Sin embargo, las controversias con algunos aspectos se tornarán irreversibles y se impondrán en una ruptura total con el grupo pese a ese breve acercamiento de 1928 y que se refleja en los textos recién mencionados. Pero en el último número que aparece de la revista, (a partir de julio de 1930 aparecerá bajo en nombre de Surréalisme au Service de la Révolution ) y en el Seconde Manifeste du Surrealisme, Breton nuevamente responde una carta escrita por Artaud en agosto de 1929 con respecto a la reedición del Premier Manifeste du Surréalisme, dando a entender y remarcando las diferencias que comentamos anteriormente. Breton contesta criticando el accionar actoral de Artaud con respecto a la puesta de una obra de Strindberg, la cual sería subvencionada por la embajada sueca. Pese a esto, Artaud, sigue manteniendo algunas amistades dentro del movimiento y más adelante, en 1937, se produce la reconciliación con Breton.

Como podemos apreciar, estos detalles son aristas de una problemática más profunda relacionada con la búsqueda de cada uno de ellos. Podríamos pensar en el enfrentamiento de dos personalidades Breton / Artaud y en el cual el primero actúa desde su posición dentro del grupo surrealista, en cambio el segundo, sostiene su posición desde su propia individualidad. La búsqueda de Artaud corresponde a una revelación de un yo ensimismado, que reconoce que su cuerpo ha sido golpeado en dicha exploración. El auto-conocimiento que propone Artaud está íntimamente vinculado con el dolor, y no sólo esto, sino que está regido por la desintegración, lo cual no podía concebirse dentro de la dialéctica postulada por los surrealistas. Artaud, incluso dentro del grupo de Breton, va a ahondar su mirada personal hacia la reconstitución de su espíritu, que lo llevará a usar “un lenguaje que quema” y a intentar hablar “a pesar del lenguaje” 38. De este modo, la carne y el espíritu devienen en un estado místico donde las palabras resultan violentas, alejándose de los sueños y juegos surrealistas. El saber, de este modo, pierde consistencia y el sujeto se encuentra en continuo proceso de aprendizaje sobre sí mismo. La pregunta, (que lo ubica en la antípoda del surrealismo y su esperanza de una proyección hacia el futuro) es, si en ese proceso, que se manifiesta como una lucha, no prima la degradación39.


NOTAS

1 Para este trabajo utilizo la edición facsimilar de la revista La Révolution Surréaliste, Paris: Jean Michel Place, 1975. Todas las referencias a dicha publicación corresponden a esta edición.

2 Aragon, Louis, “Fragments d´une conférence » en La Révolution Surréaliste, Nº 4, p.25. La traducción que ofrecemos a continuación está tomada de Brau, Jean Louis, Biografía de Antonin Artaud, Barcelona: Anagrama, 1972, pp. 57 – 58. [Les anuncio la aparición de un nuevo dictador: Antonin Artaud es quien se ha arrojado al mar. Ahora asume la tarea inmensa de dirigir cuarenta hombres que quieren serlo hacia un abismo desconocido, donde se abraza una gran hoguera, que no respetará nada, ni sus escuelas, ni sus vidas, ni sus más secretos pensamientos].

3 La Révolution Surréaliste Nº 2, p.31. [Un conjunto de proyectos y manifestaciones precisas que actualmente realizan los diferentes comités en colaboración con Antonin Aratud serán expuestas en el nº 3 de La Révolution Surréaliste]

4 La Révolution Surréaliste Nº 2, pp. 6-7 ; p. 12 ; p.20 respectivamente. Del último texto existe una traducción realizada por Alejandra Pizarnik y Antonio Lopez Crespo en A. Artaud, Textos, Buenos Aires: López Crespo Editor, 1976, pp. 75-83.

5 La traducción de Aldo Pellegrini: “El mundo físico está todavía allí”, Antología de la poesía surrealista, Buenos Aires: Fabril, 1961, p.73.

6 Nouvelle Revue Français Nº 147, diciembre de 1925 en Artaud, Antonin, Ouvres complètes vol.I, Paris : Gallimard, 1970, p. 354. [Si yo no creo ni en el Bien ni en el Mal, si siento tal disposición a destruir, si en el orden de los principios no hay nada a lo que yo pueda razonablemente acceder, el principio mismo está en mi carne.]

7 Cf. lo que plantea también A. Pellegrini: “La obra de Artaud es inclasificable. No existen pautas para definirla. Sus textos ocupan el lugar de la literatura, pero no son literatura; simplemente la desplazan” en “Artaud el enemigo de la sociedad” en A. Artaud, Van Gogh el suicidado por la sociedad, Buenos Aires: Argonauta, 1971, p.7.

8 Breton, André, op. cit, p.109

9 Artaud, Antonin, El ombligo de los limbos; El pesa-nervios, Buenos Aires: aquarius, 1972, p.9, (trad. Antonio López Crespo)

10 Artaud, Antonin, “Position de la chair”, Nouvelle Revue Français Nº 147, diciembre de 1925 en Artaud, Antonin, Ouvres complètes vol.I, Paris : Gallimard, 1970, p.351. [Imagino un sistema donde todo hombre participe, el hombre con su carne física y las alturas, la proyección intelectual de su espíritu]

11 La Révolution Surréaliste Nº 3, p.1.

12 “Lettre aux Recteurs des Universités Européennes », en La Révolution Surrealiste Nº 3, p.11.

13 “Adresse au Pape”; “Adresse au Dalaï-Lamaa » ; « Lettre aux écoles du Buda », en La Révolution Surrealiste Nº 3, p.16, p. 17 y p. 22 respectivamente.

14 La Révolution Surrealiste Nº 3, p.29.

15 Breton, André, Manifiestos del Surrealismo, Barcelona: Labor, 1980, p.17.

16 Breton, André, Ibidem, p.44.

17 La Révolution Surréaliste Nº 3, p. 31.

18 La Révolution Surréaliste Nº 3, p.7. [Sí, éste es, pues, el único uso que, de ahora en más, se le puede dar al lenguaje, un medio de locura, de eliminación del pensamiento, de ruptura, dédalo de la sinrazón, y no un DICCIONARIO a través del cual ciertos pedantes de los alrededores del Sena canalizan sus encogimientos espirituales.]

19 La Révolution Surrealiste Nº 3, p.2.

20 La Révolution Surréaliste Nº 5, p. 23 y p. 31 respectivamente.

21 [Mi agregado de conciencia está roto]

22 [hay lugar para un orgullo, que también tiene como una rostro de conciencia. Es, si se quiere, el conocimiento por el vacío.].

23 La Révolution Surréaliste Nº 3, p. 31. [Se puede, se debe admitir, hasta cierto punto, una mística surrealista, cierto orden de creencias evasivas en relación con la razón ordinaria, y no obstante bien determinadas, referidas a puntos fijos del espíritu.].

24 Brau, Jean-Louis, Op.cit. p.67.

25 Cf. Brau, Jean-Louis, Op.cit. p.64 ; Pellegrini, Aldo, « Artaud, el enemigo de la sociedad » en A. Artaud, Van Gogh el suicidado por la sociedad, Buenos Aires: Argonauta, 1971, pp. 11-14.

26 La Révolution Surréaliste Nº 7, p.1 y p.18 respectivamente. Del primero hay una traducción hecha por Aldo Pellegrini en la antología ya citada, p. 69.

27 La Révolution Surréaliste Nº 7, p.2. [“Un grito para recoger todo eso y una lengua para ahorcarme. Todos esos reflujos comienzan en mí”, trad. A. Pellegrini].

28 La Révolution Surréaliste Nº 8, p. 16.

29 Dedicación que será suprimida cuando se reedite en 1929 en L´Art et la Mort.

30 [Yo sentía que mi espíritu entraban en comunicación con el suyo]; [reaviva como un vino misterioso].

31 La Révolution Surréaliste Nº 8, p. 22.

32 “En el Gran Día” en AA:VV. Artaud. Polémica, correspondencia y textos. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1968, p.128.

33 Ibid, pp. 131-137.

34 Esta crítica en la figura de Breton se repetirá en otros textos de ex surrealistas, entre ellos Ribemont-Dessaignes o Jacques Prévert.

35 La Révolution Surréaliste Nº 11. Existe una traducción hecha por Aldo Pellegrini en la antología ya citada, pp. 67-68.

36 La Révolution Surréaliste Nº 11, p.12. [Lo que nos une y lo que puede siempre desunirnos, sigue siendo inconcebible para quienes intentan juzgarnos por cada uno de nuestros pasos]

37 La Révolution Surréaliste Nº 11, p.8 [B. ¿Qué es el amor inmortal ? / A. La pobreza no es vicio.]

38 Pellegrini, Aldo, “A. Artaud el enemigo de la sociedad” en op.cit, p.50.

39 Dejo planteada esta pregunta que podemos responder diciendo que la lucha con el mundo (¿lo otro?) produce este desgaste. La introspección que propone Artaud nos llevaría a reconocer nuestra falta de capacidad de recomponer una nueva estructura para el espíritu. De allí que sea necesario – a partir de la búsqueda- elaborar un lenguaje que nos retrotraiga a un estado anterior a la articulación.