El Fénix y la tórtola (William Shakespeare – Nota introductoria y traducción de Lucas Margarit)

Los poemas de William Shakespeare “Phoenix and the turtle” [El Fénix y la tórtola] y “Threnos” [Trenos] se publicaron por primera vez como un agregado al final -junto con otros textos de Ben Jonson, George Chapman y John Marston- en el volumen Love’s Martyr: or Rosalins Complaint de Robert Chester en 1601. Este volumen reúne una serie de poemas de carácter alegórico que tiene como protagonistas a los pájaros y, siguiendo la tradición de The Parliament of Fowles [El parlamento de las aves] de Geofrey Chaucer, el libro de Chester resultará una reflexión a través de las aves acerca de la naturaleza y las características de las relaciones amorosas. El libro es dedicado por Chester a Sir John Salusbury, hombre de estado de Gales y a su esposa, Ursula Stanley, pertenecientes al círculo de la corte de Isabel I de Inglaterra.
Claro está, los poemas de Shakespeare tratarán también acerca de este mismo motivo a través de las figuras alegóricas del ave fénix y de la paloma. El primer poema está conformado por 13 estrofas de 4 versos y se centra en la desaparición del amor ideal a través de un lamento. Este primer poema está acompañado de un treno, un canto funerario de 5 estrofas de 3 versos.
La relación única que establecen estos dos pájaros, quizá por pertenecer a dos esferas diferentes -el fénix al ámbito mitológico y la paloma tórtola al mundo natural- representa un amor idealizado: la fidelidad (tórtola) y la constancia (ave fénix) han podido establecer un nexo de superación que escapa a toda lógica. La presencia del elemento mitológico implica no sólo el carácter de la idealización, sino también el marco en el cual la fidelidad tiene lugar, a través de la constancia que el continuo renacer implica. Por otro lado, el elemento neoplatónico tiñe el primer poema como representación de la realización del más alto amor que llega a la perfección, sobre todo si consideramos la intención de dirigir el volumen compilado por Chester al matrimonio Salusbury.
“El fénix y la tórtola” es un lamento que describe la muerte de los amantes, que como un cortejo fúnebre, es acompañado por otros pájaros para rendir honores. El segundo, “Threnos” es una canción fúnebre dedicada a ellos y anunciada en el poema anterior. Sin embargo, las interpretaciones de estos poemas han sido varias: desde la oscuridad de signos relacionados con el supuesto catolicismo de Shakespeare hasta la presentación de conceits y ambigüedades que anticipan y evocan un nuevo espíritu de época más cercano al de los poetas metafísicos ingleses.

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El Fénix y la tórtola

Que el pájaro que cante más alto,
Sobre el solitario árbol de Arabia
Sea el heraldo triste y su trompeta
A cuyo sonido las castas alas obedezcan.

Pero tú, mensajero bullicioso,
Vil procurador del demonio,
Y augur del final de la fiebre,
No te acerques a esta bandada.

Que esta sesión quede vedada
A las aves de alas tiránicas,
Excepto al águila, rey de plumas:
Que protege estrictamente las exequias.

Que el clérigo de blanca sobrepelliz
Quien entone la música fúnebre
Sea el cisne, adivino de la muerte,
Para que así esté presente el réquiem.

Y tú, cuervo de gorgeos agudos
Que creaste castas oscuras
Con el aliento que has dado y tomado,
Irás entre nuestros dolientes en luto.

He aquí el himno que comienza:
Amor y constancia han muerto
Fénix y tórtola volaron
Desde aquí en una llama mutua.

Tanto se amaron, que en el amor de dos
fueron en esencia uno,
Dos seres distintos e indivisos:
Cifra sacrificada por el amor.

Corazones distanciados, no separados;
Era visto a distancia, no el espacio
Y entre la tórtola y su reina,
sucedían maravillas.

El amor entre ellos brillaba tanto
Que la tórtola veía su flanco derecho
Flamear en la mirada atenta del Fénix,
Lo de uno era propio del otro.

Así, la pertenencia era apremiada
pues uno no era el mismo:
nombre doble para una única naturaleza,
no eran llamados ni dos ni uno.

La Razón confundida
Veía que lo dividido crecía unido,
para sí mismos y para ninguno de los dos,
Lo simple era también complejo.

Entonces clamó: “De verdad, ¡este dúo
Parece una sola concordancia!
El amor tiene razón y no tiene razón
Si las partes pueden persistir así.

Con lo cual compuso este treno
Al fénix y a la paloma,
Compañeros supremos y estrellas del amor
Que, como un coro, van hacia una trágica escena.

Treno

Verdad, Belleza y Rareza,
y toda la simpleza de la Gracia,
están aquí, yaciendo en sus cenizas.

La muerte es ahora el nido del fénix
y el leal pecho de la tórtola,
en eternidad reposan.

No han dejado herencia:
no fue por dolencia,
sino por casto matrimonio.

La verdad puede parecer, mas no puede ser
y sin ser, la belleza alardea.
Que Belleza y Verdad sean enterradas.

Que sobre esta urna dejen sus respetos,
sean verdaderos o justos
Y por estas aves muertas una plegaria.

The Phoenix and turtle

Let the bird of loudest lay,
on the sole Arabian tree,
herald sad and trumpet be,
to whose sound chaste wings obey.

But thou shrieking harbinger,
foul precurrer of the fiend,
augur of the fever’s end,
to this troop come thou not near!

From this session interdict
every fowl of tyrant wing,
save the eagle, feather’d king.
Keep the obsequy so strict.

Let the priest in surplice white,
that defunctive music can,
be the death-divining swan,
lest the requiem lack his right.

And thou treble-dated crow,
that thy sable gender mak’st
with the breath thou giv’st and tak’st,
‘mongst our mourners shalt thou go.

Here the anthem doth commence:
Love and constancy is dead;
Phoenix and the turtle fled
in a mutual flame from hence.

So they loved, as love in twain
had the essence but in one;
two distincts, division none:
Number there in love was slain.

Hearts remote, yet not asunder;
distance, and no space was seen
«twixt the turtle and his queen;
but in them it were a wonder».

So between them love did shine,
that the turtle saw his right
flaming in the phoenix’ sight;
either was the other’s mine.

Property was thus appalled,
that the self was not the same;
single nature’s double name
neither two nor one was called.

Reason, in itself confounded,
saw division grow together,
to themselves yet either neither,
simple were so well compounded,

that it cried? How true a twain
seemeth this concordant one!
Love hath reason, reason none,
if what parts can so remain.

Whereupon it made this threne
to the phoenix and the dove,
co-supremes and stars of love,
as chorus to their tragic scene.

Threnos

Beauty, truth, and rarity,
Grace in all simplicity,
here enclosed in cinders lie.

Death is now the phoenix nest;
and the turtle s loyal breast
to eternity doth rest,

leaving no posterity
‘T was not their infirmity,
it was married chastity.

Truth may seem, but cannot be;
beauty brag, but tis not she:
Truth and beauty buries be.

To this urn let those repair
that are either true or fair;
for these dead birds sigh a prayer.