Osip Mandelstam / Los pantalones de un poeta – por Javier Galarza

 

Dos hombres se encontraron en circunstancias extremas: el poeta Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-1938) y el narrador Maksim Gorki (1868-1936). Unas líneas contra Stalin le costaron a Mandelstam la persecución, las detenciones, la deportación y la vida misma. Cuentan que durante los interrogatorios de la policía secreta al poeta se le caían los pantalones. Por su parte Gorki era hacia 1934 el Presidente de la Unión de Escritores Soviéticos y amigo íntimo del dictador (“el jefe de los escritores”, lo llamaba Nadiezhda, la esposa de Mandelstam).
El hecho es que en una oportunidad Mandelstam regresó de Crimea, a través de Georgia, fue detenido dos veces y llegó a Leningrado medio muerto y sin ropa ninguna de abrigo. En aquella época la ropa se conseguía a través de cupones. Cuando le pidieron un jersey y unos pantalones para Mandelstam, Gorki le negó los pantalones y dijo “ya se las arreglará”. Hasta entonces no había dejado a nadie sin pantalones y muchos escritores recuerdan su solicitud paternal.
Gorki ejercía el realismo (así se dice) y Mandelstam dialogaba a través de capas de la cultura, aspirando a un máximo de polisemia. Mandelstam jamás llegó a tener otro pantalón. También Víktor Shklovski poseía solo un par y su hijo Nikita se disponía a emprender el mismo camino. Un día su madre le preguntó qué pediría si, como en los cuentos, el hada madrina le concediese un deseo. Nikita, sin reflexionar, respondió: “Que todos mis camaradas tengan pantalones”.¹ Los Shklovski cobijaron al matrimonio Mandelstam en medio de las persecuciones y el mismo Víktor le regaló a Osip una shuba o pelliza.
Mandelstam defendió ante el poder su derecho de escribir en libertad. Perdió la vida en el gulag en 1938 y Gorki en circunstancias extrañas, bajo “arresto domiciliario”, en 1936.
¿Qué cosas determinan las relaciones de un hombre con su época? ¿La indumentaria? ¿La nostalgia de una cultura universal postulada por el acmeísmo? ¿El realismo socialista? ¿Cómo se maneja una situación de poder entre colegas?
Escribe Nadiezhda: “El destino no es una fuerza externa, sino un derivado, matemáticamente calculable, de la energía interna del hombre y de la tendencia fundamental de la época… Mandelstam, portador de la energía interna, determinó por sí mismo sus relaciones con su época”.²
Leamos sino estos versos del poeta:

Es desdichado aquel que teme los ladridos
De los perros, como a su sombra teme.
Y son pobres aquellos a quienes bate el viento,
Y los que, medio muertos, mendigan a una sombra.³

NOTAS

¹MANDELSTAM, NADIEZHDA. Contra toda esperanza: memorias. Trad. de Lydia Kúper. Barcelona, Ed. Acantilado, 2012, p.494.
² Ibid., p. 193.
³ AA.VV. Poesía acmeísta…, op.cit., p.148.

Extraído de Javier GALARZA, La noche sagrada; prólogo de María Malusardi. – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Audisea, 2017.

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