Poesía Italiana / La Lengua Incansable -10 Voces Contemporáneas-

Diez nombres que cuentan una parte del panorama de la poesía italiana. Casi todos, de hecho, también son promotores culturales, figuras de referencia para otros poetas. Son personas que viven la poesía como un laboratorio continuo.
Buenos Aires Poetry presenta una breve muestra de lo que será la antología de 10 Voces de la Poesía Italiana (La lengua Incansable) en traducción de Antonio Nazzaro, y que será publicada en el mes de junio en Buenos Aires.

Alberto Toni (1954, Roma)
de El dolor, Samuele Editore, 2016

No el tiempo, sino los tiempos: los
de los retratos y de los cielos móviles,
ángeles doblados hacia abajo,
hilas, marañas, antiguos
turbamientos. Hasta aquí, hasta donde
esparcida la vida acepta las lenguas
y las razones, el destino y la ofensa,
el largo camino, los internos, los
fuegos de las estrellas, el peligro
que sube de noche, las paredes y
las sombras, la triste tenaza, el
largo ocaso del ojo.

Federico Rossignoli

Áyax

Este pino cerca del mar
sutil ya no se ve,
es resina olorosa y sombra,
a lo largo del arenal el sol
deja solo mi dolor.
Lo que cada uno sabe nadie
vea: horroroso es mutar
el pensamiento en gesto – aunque
sería el breve camino,
vuelo agudo de gavilán
entre los cuernos de la luna
vaca tibia del cielo
puesta a pastar sobre el hilo
de la lama desenvainada.
Ya me veo a lo largo del rio
que nunca más podré dejar
lo pudiera si alguna voz
detrás de mí dijera “Ayax!”, una voz
lo debería, pero sin vergüenza calla.

Sandro Pecchiari
de Verdes años

Pantha Rhei

Camaleón grabado de llanuras
y fauces lentas de desembocaduras
el golfo hoy
recorre los colores de las nubes.
Un halcón se alza.
A la cautela de perla del otoño
yo trenzo mitos antiguos
y noticias de cada día
rateando el periódico del vecino
fijando inmóvil mientras todo corre.

Y corriendo sobre la hoja
trenza a mis manos
Penélope el valor de la reclusión
de una mente invadida,
la mía que descuerna, la suya fuerte de olivo.

Intentos a devanar cuanto tramado,
el miedo y la prudencia, en prudente felicidad
ayudándonos a retejer ,
dice que puedo, que debo
que Ulises llegará al fin
que somos aún piezas en su viaje
y él en el nuestro.

Alessandro Canzian (Pordenone, 1977)
de Il colore dell’acqua (Samuele Editore, 2016)

Olga

La muchacha de nombre Olga
es una muchacha que no conozco
ni nunca me enamoré de ella.
Pero si me la imagino la pienso
con la piel blanca como los cabellos
de mí padre, y el seno grande
-pero la memoria no deja ver-
y con el útero profundo
como la oscuridad dentro de un hombre.

La muchacha de nombre Olga
camina cada noche a mi puerta.
A medianoche, once y algo,
con los tacones bien pisados
para hacerse recordar. Sé que alguien
se ha quejado. Luego la otra
noche la oí gritar
colgada a las manos de su pareja.

Ayer se llamaba Olga, mañana, Carla.
Su nombre no tiene importancia
en el trascurso del cuento. Su
dolor es igual a su placer, Olga
sabe que el bien y el mal son pares
más allá de tapetito que divide desde el exterior
el tejido suave de la vida.
Se ruega de tocar para entrar.

La muchacha Olga es una muchacha
que viste siempre con mucha cura,
refinada, hasta en las fisuras.
Habla correctamente cuatro idiomas
o cinco, nunca la escuché.
Viaja a menudo por trabajo.
Es desde las crujías del muro
que conozco su fe, nocturna,
cuando ruega a Dios con las rodillas.

La muchacha Olga me la imagino
el lunes con un vestido amplio,
coloreado, muy llamativo.
El martes con algo más adherente
a su piel, y así siguiendo
adelante en el vacío de la semana
cada vez más fajada a sus piernas.
Los cabellos recogidos, porque le caen.

La muchacha de nombre Olga
se corta las uñas cada martes
por la mañana, casi fuera un rito,
una cosa importante para el mundo.
Y tiene una mano entre las piernas
para respirar el aliento de Dios
cada vez que se duerme.
La muchacha de nombre Olga
está enamorada de forma abominable.

Giovanna Rosadini
de Il numero completo dei giorni (Aragno 2010)

Cage within a Cage

Este comienzo ya estuvo, hace mucho
tiempo: vacío suspendido dentro de otro vacío,
resonada elegancia del juego – moviendo
del informe oscuro y ronco. Un mundo
brotó sobre los refugios, nombrado hoja
a hoja, estrella a estrella, sustancia silabada,
hecha llena – palabras acuden a dar forma,
materia germinada, vida multiplicada sobre
la huella de otra vida, membrana desteñida
hasta la nada y reverdecida. Este comienzo habla
una lengua exhumada, fijada en el eterno
instante en que ya ha sido pronunciada –
eternamente próxima a ser olvidada.

Luigi Oldani (Milano)
de Haiku italianos , Samuele Editore, 2016

Leo en la cama
dulce es no entender
el alba de un otoño.

Me mira Ada
se abre su mundo
me vuelvo gato.

De cada flor
cada pétalo existe
por todo el tiempo.

Miro afuera:
perfume de silencio
todas las estrellas.

Si no estás
riego las flores:
verde una hoja.

Como muere
el día sin viento
cae la estrella.

De cada flor
cada pétalo existe
todo el tiempo.

Calla el campo
La vid del Chianti
Amarillece.

Cuando llueve
alguien se mueve
no estamos solos.

La hierba recrece
bajo la rodilla:
mi corazón.

Cosmos pasados
en los prados y el viento
es más dulce.

Zazen al alba:
se abre de incienso
mi corazón.

Parada y fría
es la lluvia, el hielo
la ha encerrado adentro.

La luz es blanca
mirando los crisantemos
me veo solo.

Roberto Cescon (Pordenone, 1978)
de La gravità della soglia (Samuele Editore, 2010)


La gravedad del umbral devora
en la sangre el instinto ondeado
lanzarse adelante como un migrante
porque siempre había algo, tener
temporadas , las medidas inadecuadas,
el miedo de ir más allá
inclusive del endecasílabo,
pero deberíamos ser otra generación,
en vez nos enseñaron a pensarnos
neutrinos sin saberlo.

La distancia del llegar a ser es vivir
o escribir todos esos pasos
y, mientras te volteas, ya entraste
en un destino, como los muguetes
que hacen perfume sin saberlo.

Y entonces hacer las paces con los años
basta solo recordarse y esperar
con las imágenes que saben algo.

Gian Mario Villalta
de Telepatia (Lietocolle-Pordenonelegge, 2016)

Y de repente estamos en el silencio,
y la oscuridad apenas rota pronto se recompone
sobre la grieta de luz que ha atravesado la noche.
A veces también la memoria es así. Ahora grandes gotas,
lentas, gotas pesadas sobre la cortinas para el sol
sobre los autos y sobre los aleros son rastros más breves,
se confunden con las voces
de los vecinos que llaman al amparo,
exhortan a cerrar, a llevar adentro.
Estoy en el centro que huye
dentro del círculo del tiempo.
Estoy parado, imaginado el instante
que se abre antes
de la lluvia fragorosa, antes del viento
que sacude los postigos, y del granizo.
Lo sé qué nacer duele. Y parece natural.
Como el amor cuando llega y pides
un día aún un día un día aún.

Giovanna Frene (Genova, 1963)
de Datità, Manni, 2001

Desire of burials near her sister

Haz del arte tu madre: así me dijo
el tiempo que demoraba desde el comienzo dentro de mi
y me dormía al lado con los dedos cruzados
en la cama de nuestra infancia
tu no sabías quien era o con que voz
te habría hablado en los perenes días del exilio
pero ya me querías sin pausa con tu respiro
en mi débil estado terrenal: yo no tengo más
hermanas vivas y de esa Única Muerta
ruego hermanastra ausencia de detener las cenizas
para el ataúd indiviso
privada madre

Luigia Sorrentino (Napoli)
de Inizo e fine (i quaderni de “la collana” stampa, 2009, 2016)

dejará el valle
la agonía de todos los movimientos

multiplicaba nuestros nombres
antes de entrar en el rigor de cada

alba, de cada noche
éramos diferencias de sonido

empujábamos la caricia
a la membrana del oído

-¿quién te ha llamado con tu nombre?-