El llamado de lo salvaje, de Robert William Service

Apodado “El bardo del Yukón”, Robert William Service (1874-1958) fue un poeta y escritor británico-canadiense famoso por sus obras sobre el remoto noroeste de Canadá, lugar al que llegó a los 21 años tras renunciar a su trabajo en un banco en Glasgow. Su periplo lo llevó a deambular y trabajar en diferentes sitios del oeste de Norteamérica hasta establecerse en la región de la Columbia Británica. Allí recolectó historias de la Fiebre del Oro que sirvieron de inspiración para sus primeros poemarios, como el muy exitoso Songs of a Sourdough (1907, publicado en Estados Unidos bajo el título de The Spell of the Yukon and other verses) y Ballads of a Cheechako (1908), y la novela The Trail of Ninety-Eight (1908).

La poesía de Service, a quien a veces se compara con Rudyard Kipling por su estilo y temáticas, fue considerada “popular” y “no seria” por muchos académicos. Él mismo decía buscar “el verso y no la poesía”. A lo largo de su vida escribió más de mil poemas, además de seis novelas y dos autobiografías.

Con una muy buena posición económica, en 1913 se trasladó a París, donde se casó, pasando mucho tiempo en Lancieux (Bretaña). Se refugió en California durante la Segunda Guerra Mundial y en 1947 se estableció de manera definitiva en Mónaco hasta su muerte una década más tarde.

MARIANO ROLANDO ANDRADE

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El llamado de lo salvaje

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¿Has contemplado la desnuda grandeza donde no hay nada más que contemplar,
escenas y caídas de telón a montones,
altas montañas lanzadas al cielo, que los cegadores ocasos exhiben,
negros cañones donde los rápidos desgarran y rugen?
¿Has recorrido con la vista el imaginado valle con el verde arroyo centellando a través de él,
has buscado en la vastedad algo que has perdido?
¿Has afinado tu alma con el silencio? Entonces por el amor de Dios ve y hazlo;
escucha el desafío, aprende la lección y paga el precio.

¿Has vagado en la tierra salvaje, la desolación de la artemisia,
los pastizales donde pasta el ganado?
¿Has silbado fragmentos de ragtime en el confín de toda creación,
y aprendido a conocer los trucos del desierto?
¿Has acampado en la ladera de la montaña, has galopado por las cordilleras,
has vagado una y otra vez en las tierras áridas por el sol?
¿Te has hecho amigo de la meseta? ¿Conoces sus estados de ánimo y cambios?
Entonces escucha a lo salvaje: te está llamando.

¿Has conocido el Gran Silencio Blanco, no una rama temblorosa adornada por la nieve?
(Eternas verdades que avergüenzan nuestras reconfortantes mentiras).
¿Has salido de la huella? ¿Has llevado tus perros esquimales río arriba,
has desafiado lo desconocido, liderado el camino y ganado el premio?
¿Has marcado los espacios vacíos en el mapa, te has mezclado con los nativos,
has sentido la salvaje fuerza del bruto en cada músculo?
Y aunque más desalentador imposible, lo peor es: ¿puedes lograrlo maldiciendo?
Entonces presta atención a lo Salvaje: te está esperando.

¿Has sufrido, pasado hambre y triunfado, te has arrastrado, y aún intentado aferrar a la gloria,
te has vuelto más grande en la enormidad del todo?
¿“Hecho cosas” solo por hacerlas, dejando a los parlanchines contar la historia,
mirando a través de la bonita apariencia el alma desnuda?
¿Has visto a Dios en su esplendor, has escuchado el mensaje que devuelve la naturaleza?
(Nunca lo escucharás en el banco familiar de la iglesia).
Las cosas simples, las cosas verdaderas, los hombres silenciosos que hacen cosas.
Entonces escucha a lo Salvaje: te está llamando.

Te han acunado en costumbres, te han preparado con su sermoneo,
Te han empapado una y otra vez en tradiciones,
Te han colocado en una vidriera: eres un orgullo para sus enseñanzas.
Pero, ¿no puedes escuchar lo Salvaje? Te está llamando.
Exploremos los lugares silenciosos, busquemos qué nos depara la suerte;
viajemos a una tierra solitaria que conozco.
Hay un murmullo en el viento nocturno, hay una estrella luminosa para guiarnos,
y lo Salvaje está llamando, llamando… vayamos.

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The call of the wild

Have you gazed on naked grandeur where there’s nothing else to gaze on,
Set pieces and drop-curtain scenes galore,
Big mountains heaved to heaven, which the blinding sunsets blazon,
Black canyons where the rapids rip and roar?
Have you swept the visioned valley with the green stream streaking through it,
Searched the Vastness for a something you have lost?
Have you strung your soul to silence? Then for God’s sake go and do it;
Hear the challenge, learn the lesson, pay the cost.

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Have you wandered in the wilderness, the sagebrush desolation,
The bunch-grass levels where the cattle graze?
Have you whistled bits of rag-time at the end of all creation,
And learned to know the desert’s little ways?
Have you camped upon the foothills, have you galloped o’er the ranges,
Have you roamed the arid sun-lands through and through?
Have you chummed up with the mesa? Do you know its moods and changes?
Then listen to the Wild – it’s calling you.

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Have you known the Great White Silence, not a snow-gemmed twig aquiver?
(Eternal truths that shame our soothing lies).
Have you broken trail on snowshoes? mushed your huskies up the river,
Dared the unknown, led the way, and clutched the prize?
Have you marked the map’s void spaces, mingled with the mongrel races,
Felt the savage strength of brute in every thew?
And though grim as hell the worst is, can you round it off with curses?
Then hearken to the Wild – it’s wanting you.

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Have you suffered, starved and triumphed, groveled down, yet grasped at glory,
Grown bigger in the bigness of the whole?
“Done things” just for the doing, letting babblers tell the story,
Seeing through the nice veneer the naked soul?
Have you seen God in His splendors, heard the text that nature renders?
(You’ll never hear it in the family pew).
The simple things, the true things, the silent men who do things –
Then listen to the Wild – it’s calling you.

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They have cradled you in custom, they have primed you with their preaching,
They have soaked you in convention through and through;
They have put you in a showcase; you’re a credit to their teaching –
But can’t you hear the Wild? – it’s calling you.
Let us probe the silent places, let us seek what luck betide us;
Let us journey to a lonely land I know.
There’s a whisper on the night-wind, there’s a star agleam to guide us,
And the Wild is calling, calling. . .let us go.
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Extraído de Robert William Service, The Spell of the Yukon and other verses, Barse & Hopkins Publishers, Nueva York, 1907.
Traducción Mariano Rolando Andrade.