El Juego de Cartas – Arthur Rimbaud (# 1 Mazo Parnasiano), por Josep Forment Forment

El Juego de Cartas

En el primer período, primavera de 1870-verano 1871, el poeta repitió sistemáticamente la correspondencia o entrega en manos de las cartas-poema y las distribuyó a tres interlocutores concretos: Théodore de Banville, Georges Izambard y Paul Demeny. Cada uno de ellos dispuso de unos naipes determinados. La esencia de ese entramado es que, tanto el primero como el segundo de ellos tenían cartas propias, pero ─a su vez─ un tercero poseía las que acumulaban los dos anteriores, sumando además un montón que este último retenía en exclusividad. Rimbaud se esforzó en crear los máximos poderes para derrotar a esos tres grandes rivales: al poeta del momento (Banville), al maestro (Izambard) y a la nueva poesía (Demeny). Para Banville, el poeta parnasiano por excelencia, y de moda en aquella época, creó cuatro naipes (poemas), para Izambard, último profesor de literatura que tuvo antes de abandonar sus estudios, ocho (una de ellas coincidía con la de Banville). Para Paul Demeny, que acababa de publicar su primer poemario, poeta y amigo accidental que conoció en las primeras huidas, el mazo con mayor número de ellos: treinta. Entre los cuales, siete poemas-cartas, de los ocho que tenía Izambard y tres de los de Banville, eran versionados de nuevo.
Los mazos habían sido pensados para disputar el poder a esos tres privilegiados. Rimbaud era un jugador enfurecido que quería eliminar a sus adversarios. Forastier, en sus obras completas, utiliza el término “rivalizar” con Banville. Rimbaud se propuso derrotarlo. Poco después ya vendrían Izambard y Demeny.

Los tres mazos

Mazo Parnasiano

[El mazo Parnasiano lo constituye las siguientes cartas-poema:
*Carta del 24 de mayo de 1870. Contiene los poemas siguientes: Sin título (En los hermosos atardeceres de verano…), Ofelia y Credo un unam.
-*Carta del 15 de agosto de 1871. Contiene el poema: Lo que se le dice al poeta acerca de las flores]

En este mazo a Banville, Rimbaud jugana con dos cartas. Todo su poder radicaba en la supremacía del pasado, de los mitos fundadores de Grecia, de las leyendas históricas y de la civilización en sus postrimerías, salvaje y desnuda. También una desmedida pasión por la belleza del cuerpo femenino y la naturaleza, además de expresar la exaltación al “yo”. Ahí radicaba el poder del Parnaso que, por excelencia, representaba Banville.
Su gran apuesta fue la carta Arcaísmo con el poema Credo in unam. La exaltación, por un lado, de la belleza y la sensualidad primigenia del cuerpo desnudo. Por otro, una extensísima declamación mitológica. En el poema desfilan decenas de dioses y semidioses. Estaba tan bien mesurado el ataque que incluso llegó a repetir ciertos lapsus cometidos por los propios parnasos (…).
Retoma la idea de Banville de unos astros en el cielo que son como un rebaño conducido por un pastor. Con las dos cartas Abjuración del mazo, y el poema Ofelia y el soneto Sin título (Sensación), plagia, aunque sólo en parte, y así lo hace notar Gengoux, a Coppé: “En los hermosos atardeceres de verano…”. En Ofelia imita la Voie lactée y Baisers de pierre de Banville. La rima que usa Rimbaud es la misma que la de Banville, en incluso, que la de Gautier.
Con la carta Vilipendio que contiene el poema Lo que se le dice al poeta acerca de las flores, Rimbaud llegaba a límite de sus posibilidades. En la segunda estrofa cita explícitamente a Banville en una clara referencia a un verso suyo. El poema es, en su globalidad, una burla de las plantas y árboles exóticos, preferidos por los parnasianos. El loto y, por supuesto, el lis, están en los poemarios más significativos y, en especial, en las Odes funambulesques de Banville, que Rimbaud, según Delahaye, amaba profundamente. De hecho en este poema-carta imita las rimas de Banville aunque la crítica reconoce que aquí va más allá del propio maestro. Parece como si añadiera incluso las maravillas de la ciencia y una cierta dosis de misterio de la que carecía la propia poesía parnasiana. La burla alcanza su punto álgido cuando en un verso se “caga en el mar de Sorrente”; éste era el mar que para el espíritu Parnaso simbolizaba la poesía sentimental, por excelencia.
Rimbaud quería entrar en el Parnaso y se expresaba en estos términos: “Siempre me gustarán los versos de Banville”, era la primera carta-poema y “¿Se notan mis progresos?”, en la segunda. Pero como bien apunta Agés Rosenstiehl, Rimbaud provoca “al maestro” en su propio terreno. Este exceso le costó la derrota.

Extraído de Josep FORMENT FORMENT, Arthur Rimbaud. La Belleza del diablo. Editorial Alrevés, Barcelona, 2009. Selección de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2017.