“Le Rimbe” (Piedras para una refundación – Ortodoxia, Buenos Aires Poetry) – por Alí Calderón


En Piedras para una refundación, Alí Calderón (México, 1982) realiza un complejo ejercicio de crítica literaria, inusitado en el panorama de las letras hispanoamericanas contemporáneas: hacer dialogar el tiempo y el espacio trazando el replanteamiento de lo poético y el lirismo. Recuperando las formas de configuración de la subjetividad moderna desde Baudelaire, inicia un desplazamiento que hace confluentes los órdenes temporales y espaciales al saltar hacia Rimbaud, contrastar con Tzara y el espíritu de fractura de la vanguardia, la cual se vuelve estable y programática con Gertrude Stein y se encumbra con el avant-garde. Después da un viraje rápido hacia las apropiaciones de la vanguardia en Hispanoamérica, un repensar a Huidobro, al mismo Octavio Paz y su eterna reinvención a través del siglo XX. Sin dejar de dialogar con la herencia de Garcilaso o Góngora, asistimos a la confluencia de tiempos de un español que no deja de hablarse, que no deja de mutar. Así, Calderón se aventura más allá de la poética de Paz hacia un ejercicio complejo de definición –de aproximación– hacia un lirismo contemporáneo. El evento en la página, la materialidad del lenguaje, el neobarroco, la comunicación efectiva del yo, las múltiples visiones de mundo, el fervor, los archipiélagos lingüísticos, la meditación poética, los híbridos, la máscara, el lirismo crítico; ante todo Calderón pregunta “¿qué es lo nuevo en poesía?” Y resuelve la reinvención del propio género, un replanteamiento del lirismo desde la pluralidad, desde la vertiginosa cadencia de la post postmodernidad; un asalto a las formas desde las formas mismas, un ritmo más de nuestro tiempo, una nueva forma de metáfora, una imagen que cimbre no sólo al texto sino al sentido, al sujeto repensado, criticado, reinventado desde el hoy.

Gustavo Osorio

Le Rimbe

Si el estilo es el hombre, como reza el adagio francés popularizado por Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en el siglo XVIII, es sin duda Arthur Rimbaud la bisagra, el punto de inflexión que permite atisbar la subjetividad contemporánea. Su oposición a los valores encarnados por Baudelaire, cima de la poesía francesa, dan cuenta de una ruptura. Si lo característico del autor de Las flores del mal fueron una cortesía extrema y el esprit de finesse, Rimbaud es la impostura misma¹. Si Baudelaire se mueve como pez en el agua en el medio literario (mantiene relación amistosa con Hugo, Nerval, Gautier, Balzac, Flaubert, etc.), le Rimbe escandaliza a los Vilain Bonshommes, rompe con Verlaine, desprecia a todos. Desprecia incluso la literatura. Abandona Charleville y abandona Francia. No está interesado en el lugar seguro y conocido. Prefiere la extrañeza, lo ignoto. Lo seduce la desnudez del desierto de Abisinia. Si Baudelaire atraviesa por un bosque de símbolos, busca las correspondencias y deviene para él absolutamente todo alegoría, para Rimbaud, el procedimiento literario no estará animado por el pensamiento analógico sino por un nuevo modo de significación. Al símbolo opone un “signo sugerente”.
A partir de Rimbaud, una fuerte tendencia de la poesía, que desembocará en los movimientos de Vanguardia, pugnará por la negación de la alegoría. Hay, en cambio, preferencia por “imágenes que rechazan inscribirse en un esquema referencial” (Perloff The poetics 45) y que detestan la construcción de una dimensión simbólica. Lo vio venir el propio Baudelaire cuando escribió: “aquí, pues, ya no hay alegoría sino azar” (Calasso 21). Lo que se busca, por el contrario, es otro modo de producir el sentido, uno en el que “las connotaciones divergentes de esas imágenes trabajen en contra de la armonía” (53). Se trata de una suerte de “literalismo” en el que, según Jean-Pierre Richard, “Rimbaud rechaza todas las formas de lo profundo. Eso es lo que marca su verdadero divorcio de Baudelaire” (65)². La subjetividad contemporánea se funda en lo dicho por Rimbaud: “las invenciones de lo desconocido exigen formas nuevas” (Rimbaud 125). Canon: larga duración. Más de cien años después, la subjetividad contemporánea es resumida por Pascal Quignard de la misma forma: “hay que obrar a partir de lo que no se sabe para llegar no se sabe a dónde” (Retórica 86).

Notas
¹ El contraste entre Baudelaire y Rimbaud es claro no sólo en lo referente a sus personalidades sino, ante todo, de cara a la subjetividad que los anima. El poeta belga Camille Lemonnier conoció a Baudelaire en Bruselas y escribió que “evocaba la idea de un hombre de iglesia con todo y sus bellos gestos desde el púlpito” (Benjamin Baudelaire 178). Y continúa: “Promulgaba sus decretos como un maestro venerado, desde la voz litúrgica de un obispo enunciando un mandamiento” (178). Rimbaud, por su parte, en una famosa carta dirigida a Georges Izambard, fechada el 13 de mayo de 1871, se distancia de la sobriedad baudeleriana y escribe: “me encrapulo lo más posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta (…) Se trata de acceder a lo desconocido por el desarreglo de los sentidos” (Baronian 65). No haría falta, en este punto, recordar la carrera de Rimbaud por la place de Saint-Sulpice después de ser levemente herido por burlarse de la poesía de Auguste Creissels en una reunión con los Vilain Bonshommes en marzo de 1872. Baudelaire aspira a la consagración y el canon. Rimbaud apuesta por el escándalo, por la renuncia y la ruptura. Rimbaud incluso lo explicita: “Baudelaire es el primer vidente, rey de los poetas, un auténtico Dios. Sin embargo, vivió en un medio demasiado artístico; y la forma, que tanto le alaban, es mezquina” (Rimbaud 125).
² Rimbaud resume esta intención de alejarse del plano simbólico y, más bien, de invocar la multiplicidad sémica de la indecidibilidad en la sentencia: J’ai voulu dire ce que ça dit, littéralement et dans tous les sens (Perloff The poetics 28). Los poetas de Vanguardia aprenderán la lección. Reverdy, por ejempo, busca una poesía “transparente, sin significación filosófica. Reverdy tiene éxito al restituirle a las cosas su nombre verdadero, al abolir el eterno peso muerto del simbolismo y la alegoría” (36).

Extraído de Alí CALDERÓN, Poesía hispanoamericana. Piedras para una refundación. Colección Ortodoxia, Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2017 ∫ ISBN: 978-987-46233-8-6. 186 páginas.