La Grosse Fuge – de Silvia Camerotto

Silvia Camerotto. Buenos Aires, 1959. Poeta, traductora y docente. Publicó La Grosse Fuge (Del Dock, 2012), 420 minutos de abstinencia (Del Dock, 2008). Participó en Argentarium (Ediciones en Danza, 2009), una antología bilingüe de los poemas breves de Ezra Pound en versión de trece poetas y traductores argentinos. Ha traducido a numerosos poetas ingleses, estadounidenses e irlandeses (entre otros Emily Dickinson, Wallace Stevens y Jude Nutter).  Prepara desde hace algunos años una serie de versiones de Robert Browning y de Paterson, de William Carlos Williams.

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Espectros

That one may smile, and smile, and be a villain.
William Shakespeare, Hamlet, Acto I, Escena V

Ora pro nobis, pero ora, que crece
la hierba a orillas de Leteo
Nuestras sombras bebiendo la discordia
Nuestras sombras bebiendo porque el justo no vino esta oche
y la luz titila desde lo alto del techo
La metafísica de la lechuza en el poste
Los cimientos sobre los que se construyen las partes de una vida
Ni emblema ni apodo ni misticismo
Invocaciones a regla y plomo dos veces por semana
Haber sido villanos detrás de la sonrisa
Haber tenido menos gloria
y un poco más de dios en la cabecera de la cama.

Incomunicado

The language is missing them
they die also
incommunicado.
William Carlos Williams

Ni cuando las miserias
Ni cuando las cuerdas fuertemente atadas cedan
y el cielo esté claro y lo esté el suelo
Ni cuando convengamos que las culpas
nunca fueron dignas
y los sables y las explosiones alternen
la obstinación de mirarse a sí mismo
Ni los panini en la vereda
ni la manteca en el alféizar
Porque ya no recordás los nombres
Porque ya no recuerdo los nombres
Tampoco el mirador
el Sacre de Coeur la plaza
Solo vínculos como la calle que se pisa
la vereda que se pisa
la lástima que se pisa
La propia lástima. La ira
El ágora de una casa imaginada
sobre la costa. Los muebles. Las rocas
El mal agüero
la desnudez de una cama en la pantalla del televisor
Sobre todo las rocas
Y las culpas.

Epitafio para un Tirano

Perseguía cierta clase de perfección,
y la poesía que inventaba era fácil de entender;
Conocía la debilidad humana como la palma de su mano,
y estaba muy interesado en ejércitos y armadas;
Cuando reía, senadores respetables estallaban en carcajadas,
y cuando lloraba los niños pequeños morían en las calles.

1939
W. H. Auden, York, 1907- Viena, 1973.

Epitaph on a Tyrant

Perfection, of a kind, was what he was after,
And the poetry he invented was easy to understand;
He knew human folly like the back of his hand,
And was greatly interested in armies and fleets;
When he laughed, respectable senators burst with laughter,
And when he cried the little children died in the streets.