Notas sobre The Sea and the Mirror de W.H. AUDEN – Lucas Margarit

The Sea and the Mirror: A Commentary on Shakespeare’s The Tempest, es un extenso poema que escribe W. H. Auden, entre 1942 y1944, y fue publicado por primera vez en este último año. Auden se apropia de la obra de William Shakespeare, The Tempest, no sólo a partir de la inversión de ciertos aspectos en las relaciones de poder que se establecen entre sus personajes –sobre todo entre Caliban y Prospero- sino también a través de la manipulación de una tradición para ponerla a prueba y exponer la tensión entre la exhibición de ciertos patrones del colonialismo y a la noción de poder que se desprenden de la pieza renacentista.

La actitud, entonces, que va a adoptar Auden con respecto a sus lecturas de Shakespeare podría resumirse con una frase del libro La mano del teñidor, donde comenta: “En cuanto lectores, muchos de nosotros somos, en parte, como esos granujas que dibujan bigotes sobre los rostros de las muchacha que aparecen en los avisos”1. Vemos que su actitud como lector (e incluso como comentarista) no va a plantear una mirada tranquila, sino una visión violenta sobre la obra The Tempest, de este modo se desliza a través de la conformación de las voces y sus relaciones una puesta ideológica particular que se va a manifestar a través de su teoría poética, como una suerte de juego de inversión de su hipotexto y de la lógica que lo rige.

A partir de esto también podemos pensar que Auden, no sólo re-escribe La Tempestad, sino que sobre-escribe el texto de Shakespeare ya que va a exaltar y focalizar aquellos elementos o personajes que en el texto shakesperiano aparecen degradados o en segundo lugar. Esto es muy evidente en la tercera parte del poema de Auden, cuando quien toma la palabra es Caliban.

La estructura de El mar y el espejo, es la siguiente: por un lado, vamos a tener un “Prefacio”, que es la sección que abre el poema. Luego viene un “Capitulo I”, en boca de Próspero dirigiéndose a Ariel. Luego el “Capítulo II”, enunciado por el elenco, donde cada uno de estos personajes va a exponer una especie de monólogo. El “Capítulo III” está en boca de Caliban y va a estar dirigido a distintos destinatarios, pero sobre todo al público, aunque por momentos hay interpolaciones en las que le habla directamente a Próspero. Por último, tenemos el “Postfacio”, dirigido por Ariel a Caliban. Y, junto a estos dos personajes, vamos a encontrar el eco del apuntador.

Si tomamos esta idea de sobre-escritura que señala el poeta, también podemos pensar en la noción de sobre-interpretación, ya que hay un juego de ecos, no sólo con la obra de Shakespeare, sino también con la propia obra de Auden. Si uno observa los ensayos que el propio Auden escribe sobre Shakespeare y La Tempestad en particular, verá que hay muchísimos conceptos que se van a ir reiterando y reelaborando, como por ejemplo la relación entre naturaleza y artificio y la organización especular de ciertos elementos. Por otro lado, también vamos a encontrar una suerte de disposición dialógica en este texto poético, la cual se va a ir desarrollando hacia los monólogos. Veremos, entonces, una suerte de vacilación entre los géneros literarios; lo que podríamos pensar como un poema tanto con elementos dramáticos, como con elementos operísticos.

El texto comienza con una descripción oblicua, tangencial, de los personajes de La Tempestad, porque no se los llama por el nombre, sino que se los va a ir describiendo a partir de la situación en la cual se encuentran una vez que la trama de la obra de Shakespeare ha finalizado. Auden nos presenta los personajes de La Tempestad después del epílogo que cierra la obra shakespereana. Así comienza el poema de Auden:

Los ancianos se quedan sin aliento / pues la despreocupada pareja va / valseando por la cuerda floja / como si no hubiera muerte / o esperanza de caer, / los heridos gritan mientras el clown / duplica su sentido, y oh, / cómo los queridos niñitos ríen / cuando los tambores suenan y la hermosa / dama es aserrada en dos”. 2

Como podemos ver, la imagen de la cuerda floja, la dama cortada por la mitad, el clown, etc. nos remite a un traslado de los personajes de la obra de Shakespeare a un escenario circense. Uno podría constituir cierta analogía: los personajes que aparecen en esta estrofa se presentan como una reformulación de los personajes de La Tempestad. La despreocupada pareja podemos pensar que se refiere a Ferdinando y Miranda; los ancianos que se quedan sin aliento son la antigua generación política, el rey de Nápoles y el resto de los náufragos. Luego dice: “los heridos gritan mientras el clown / duplica su sentido”, que se refiere a la duplicación del sentido de la escritura poética anunciando la ambigüedad de la relación entre los textos, pero también nos está hablando de los personajes de Caliban y Ariel, unificados en un solo personaje.

Esta imagen puede ser relacionada con la teoría de la duplicidad que plantea el propio Auden y, justamente, estos dos personajes antagónicos en la obra de Shakespeare le servirán para construir la imagen de la unificación de la psique en la idea de hombre que nos propone. Para Auden, el ser humano es una criatura escindida. Pero no está dividida en términos de un absoluto ideal ni de un mundo terrenal (en un cuerpo y un alma), sino que lo es por valores y verdades opuestas y que entran en tensión. Lo que en Shakespeare aparecería como dos polos representados por personajes que funcionarían como una analogía con la Gran Cadena del Ser que organiza el Universo renacentista en dos planos, en Auden aparecerá como una conformación interior del sujeto del siglo XX.

La segunda estrofa de este prefacio comienza a introducir su propuesta estética. Podemos leer:

Oh, ¿qué autoridad da / a la existencia su sorpresa? / La ciencia se complace respondiendo / que los espectros que acosan nuestras vidas / son hábiles con espejos y alambres, / que la canción, el azúcar y el fuego, / el valor y los ojos de ver aquí / tienen la habilidad de esforzarse. / Pero ¿cómo se hace para pensar un hábito? / Nuestro asombro, nuestro terror permanece. // El arte abre el ojo más esquivo / a la Carne y el Demonio, que calientan / la Cámara de la Tentación / donde los héroes rugen y mueren”. (Prefacio)

Lo primero que encontramos es la relación entre el hábito y el arte. Podemos relacionar el primero con la explicación empírica que va a revelar y a mirar objetivamente lo que sucede en esta isla de Próspero. Auden se está alejando de un tipo de lectura de la obra, que funcionaría como una suerte de anti-ilusionismo, explicando que en realidad toda la magia que uno ve en el escenario no es más que una serie de “efectos escénicos”. Por otro lado, ese hábito es aquello que marcaría una neutralidad con respecto a la lectura, es decir, marca un sometimiento del espectador con respecto a lo que está observando / leyendo.

Frente a esto Auden va a proponer una mirada distinta, una mirada que se aproxime a la obra desde un lugar tangencial. En última instancia, eso es lo que está llevando a cabo Auden con el texto de Shakespeare, es decir se encuentra leyendo a través de ese “ojo esquivo” La Tempestad de Shakespeare. No está retomando las lecturas canónicas, ni teóricas, ni siquiera las dramáticas, sino que está “colocando bigotes” sobre la obra The Tempest.

Pero ahora todos estos pesados libros ya no me son útiles porque / allí donde voy las palabras no tienen peso: es mejor / entonces que entregue su fascinante consejo / a la silenciosa disolución del mar / la cual no hace mal uso de nada pues no valora nada, / mientras que el hombre sobrevalora todo”. (Cap. I)

Este nuevo uso del lenguaje que hace Próspero en el “Capítulo I” está relacionado con la indagación del poeta. Por un lado, se nos presenta el abandono del hábito y, en esas preguntas acerca de la muerte, vemos que Próspero va a llegar a la muerte sin poder resolver los secretos que se habían presentado en el prefacio, lo que podríamos relacionar con la idea de la imposibilidad como materia de lo poético.

Por esto, todo el proceso de autoconocimiento que se produjo en la obra de Shakespeare, en la obra de Auden se presenta en términos de madurez. Esa madurez es la que va a conducir a Próspero a una idea de fracaso la cual va a ir relatando en esta despedida: fracaso por llegar a la vejez y darse cuenta que todos los ideales han sido perdidos; fracaso porque tanto Ariel como Caliban no fueron una creación perfecta; y fracaso por una conciencia clara de que la mayor parte de los deseos “terminan en una apestosa charca”.

Si en la obra de Shakespeare podemos sospechar cierta resolución positiva por parte de Próspero con respecto tanto a su magia como a su venganza, en el texto de Auden se va a ver la contraparte. Es decir, una sucesión de fracasos, que viene de una lectura central dentro del derrotero de Auden: la obra de Kiekergaard. Kiekergaard plantea tres etapas de superación del hombre: la estética, la épica y la religiosa. En la estética el hombre vive el momento motivado por el placer y su existencia se da en un plano absolutamente hedonista, que tiene que ver con la creación artística. La épica es el abandono de este nivel estético, justamente, para convertirse en un yo más real. Por último, la religiosa plantea un abandono del yo real, con la esperanza de que la divinidad ayude a alcanzar aquello que el sujeto no pudo alcanzar por sí mismo.

Vamos a ver que estas tres etapas funcionan de un modo similar en The Sea and the Mirror, sobre todo haciendo hincapié en aquellos fracasos a los que hemos aludido. Por un lado, el fracaso estético, porque la creación de Próspero tiene un fin negativo (¿la venganza?, ¿la usurpación? Es una creación incompleta y el ejemplo elemental es la figura de Caliban. Por otro lado, hay un abandono de sí mismo una vez que el personaje abandona la magia para intentar recuperar esa mortalidad. Sin embargo, el trasfondo trascendental y metafísico es lo que queda sostenido y a distancia. Es como que esta última fase de la que habla Kiekergaard no se produce de una forma absoluta porque Próspero, en vez de abandonarse a Dios, se abandona a la muerte. Entonces, podríamos pensar esto como un fracaso más.

El “Capítulo III”, por otra parte, es un texto sumamente complejo, lo cual es muy interesante para ver la posición del poeta con respecto a la figura de Caliban. Dice Auden en el ensayo “Balaam y su asna” de La mano del teñidor: “No es bueno evitar la sensación de que Próspero es en gran parte responsable de la corrupción y que, en la polémica con que lo enfrenta, Caliban tiene los mejores argumentos”. La polémica que anuncia Auden en este ensayo se relaciona con la intromisión de Próspero en un mundo que no le pertenece. Próspero produce un desorden que es llevar a Caliban al mundo de Ariel, y podríamos agregar que es también llevar a Ariel al mundo de Caliban. Esto, obviamente, va en contra del orden natural por lo cual la creación de Próspero fracasa.

La elección de Auden de este personaje y de estos argumentos en contra de Próspero van a hacer de esta parte tercera el momento más complejo en cuanto a uso del lenguaje, de metáforas, en todo el poema. Nos podemos preguntar que, si Caliban en The Tempest apenas pudo aprender ese lenguaje para obedecer las órdenes de Próspero o para maldecirlo, de alguna manera, lo que nos muestra Auden es el inverso del texto de Shakespeare. Caliban, en El mar y el espejo, tiene un manejo del lenguaje muy complejo y un conocimiento asombroso de los recursos literarios, si lo comparamos con el personaje de Shakespeare. Por otro lado, también se asume como interprete del autor, se ubica en escena como el portavoz de Shakespeare. Dice: “instintivamente pedís que nuestro autor tan bueno, tan grandioso, tan muerto se ponga de pie ante el telón por fin bajo y haga su reverencia tímidamente responsable por esta que es su última, su más madura producción”. Así, Caliban se dirige a un público que pide la presencia de Shakespeare. La pregunta es si es posible llevar a escena ese cadáver, ese cuerpo que ha sido mitificado por la historia literaria. Cuando habla del muerto se refiere a esa concepción canónica con la cual se lee a Shakespeare.

A partir de esto, tendríamos que pensar la obra como un reflejo de la naturaleza, y la experiencia como la percepción de un reflejo de dicha naturaleza. El mundo natural no puede ser aprehendido por el artista; por lo cual debe trabajar desde ilusiones y desde la percepción de esas mismas representaciones.

El tema es: ¿cuál es el reflejo que ve el poeta? ¿qué puede percibir? Esto ya está puesto en escena desde el título de la obra, Auden nos afirma allí que hay dos tipos de reflejos. Uno es el mar, que funciona como un espejo: es un tipo de percepción que tiene el poeta, que no es de la naturaleza específicamente, sino que es un reflejo natural de esa naturaleza. Por otro lado, tenemos el artificio propiamente dicho en ese elemento creado por el hombre, que es el espejo. Hay un paralelismo entre los reflejos que se va creando y que nos impide ver cuál es la realidad. Es un juego especular entre el mar y el espejo mismo. De este modo, Próspero no tiene ninguna posibilidad de ver más allá de esta relación de reflejos y representaciones entre estos dos elementos. De este modo, el poeta queda sometido a la indeterminación de los reflejos claros y oscuros que tienen lugar en el uso tanto de sus propias palabras como en las palabras sobre-escritas de William Shakespeare.

Notas

1 Auden, W.H., La mano del teñidor, Barcelona: Barral, 1971, p.10.

2 Las traducciones del poema me pertenecen.