The Performance of Becoming Human (La performance de hacerse humano) – de Daniel Borzutzky

Daniel Borzutzky (Pittsburgh, Pennsylvania, Estados Unidos, 1974).  Como poeta, ha publicado los libros The Performance of Being Human (2016), galadornado con el National Book Award, el premio de literatura más prestigioso de los Estados Unidos, In the Murmurs of the Rotten Carcass Economy (2014), The Book of Interfering Bodies (2011), The Ecstasy of Capitulation (2007) y Arbitrary Tales (2005), así como los cuadernos Data Bodies (2013), One Size Fits All (2009) y Failure in the Imagination (2007). Textos suyos aparecen, entre otras antologías, en La alteración del silencio: Poesía norteamericana reciente; Malditos latinos malditos sudacas: Poesía iberoamericana Made in USA; y The City Visible: Chicago Poetry for the New Century. Sus poemas han sido traducidos al español, francés, búlgaro y turco. Como traductor, ha publicado en inglés libros de Raúl Zurita, Jaime Luis Huenún y Galo Ghigliotto, entre otros. Su trabajo en este campo ha sido reconocido, en 2013, con los premios del PEN American Center y el National Endowment for the Arts y, en 2017, el Premio Nacional de Traducción. Reside en Chicago.

La economía devoradora de la naturaleza

Empecemos por el final, dice ella.

La mejor forma de terminar una oración es con la palabra “vacío”.

Es medianoche y estoy solo y tu vacío es el vacío de mi vacío.

Él atravesó corriendo la fiesta que se dio para celebrar el ahorcamiento del
otro cuerpo; pisoteó pollo frío y bizcochos.

O:

Él atravesó corriendo las siluetas de los cuerpos ahorcados.

O:

Él poseía la fortaleza necesaria para rehusarse a comenzar otro acto del lenguaje.

Me rehúso a escribir el nudo de la historia.

Hay agua por todas partes.

Hay una inundación en mi calle y duermo en un cuerpo que es demasiado grande para mi cama.

De hecho duermo en una cama que es demasiado grande para mi casa.

La inundación cambió las proporciones (casa>cama>cuerpo) o por lo menos mi
percepción de las proporciones.

No soy capaz de pensar más allá de las imágenes.

¿Escuchaste ese chiste sobre el inmigrante obrero que fue arrollado por un
tractor? En su bolsillo tenía la foto de su prima Ewa, una refugiada de 13 años que vivía en un campamento en otro país. A medida que el tractor le pasaba por encima, él les gritaba a sus compañeros de trabajo: Por favor, que alguien se case con Ewa. ¡Qué alguien! ¡Se case! ¡Con Ewa!

Y para recordar la muerte de los trabajadores mutilados los niños cantaron una canción que se llamaba “Los cuerpos de los otros”.

La cantaron sobre la melodía de una canción popular de moda.

Había una rutina de baile que incorporaba movimientos con las manos y pequeños saltos y empujaban sus traseros de aquí para allá de adentro para afuera.

Y en cuanto la canción se iba desarrollando, la progresión de los datos se hizo cada vez más relevante, ya que a medida de que los niños cantaban empezaron a entender poco a poco que nunca volverían a ver a sus padres, que habían sido arrancados de sus casas y arrojados en las piscinas para cumplir con los datos específicos requeridos por la ciudad, el estado y el país.

O:

Un bárbaro y un economista entran a un bar.

El bárbaro dice:

Soñé que estábamos en una piscina y que nadabas hacia mí. Yo estaba sentado sobre la pared y cuando llegaste a la pared la pared se disolvió en el agua y la piscina se estiró sin parar y había cientos de niños que nadaban en el fondo y buscaban a sus padres. Había hombres con trajes de buzo anaranjados que pintaban líneas en toda el agua. Sobre el agua, en realidad. Y las líneas eran de diferentes colores y se mantenían sobre la superficie del agua y entendimos que ciertos colores querían decir ciertas cosas. Y recogiste a un niño que se estaba ahogando y dijiste: Aquí está un pequeño dato. No te diré lo que estos datos quieren decir en relación con los otros datos que determinarán la relación entre su deseo de comer a los niños y la futura prosperidad de la nación.

El economista pide dos Martini y le dice al bárbaro:

Hay algo congelado aquí. Veo que estás de pie frente a la piscina y sé que el tú que está parado ahí es el tú que pronunció esta oración muchas veces antes. Cuando escupes la oración ellos te dirán que no salió de tu boca, que vino de la boca de la persona que actúa el ser tú mismo.

En otras palabras, la teoría lingüística abre la puerta a la posibilidad de que no seamos éticamente responsables de nuestros actos.

Y el bárbaro dice:

Aunque el dinero no exista habrá siempre una audiencia para los economistas.

Y ellos toman agua del río y la ponen en la parte de atrás de muchos camiones. Y de los ríos secos emerge un país. Y en el país hay niños que han sido inventados por los que hacen dinero con cosas que en verdad no existen…

Y ellos no dicen: ¿Por qué estás tomando el agua del río?

Y ellos no piensan: ¿Por qué afeitas el pelambre del cuerpo de nuestros perros?

Los niños se sientan en el sofá perfectamente puesto en una posición pintoresca en el río. Los perros están colocados para que descansen en frente del sofá. El fotógrafo les pide a los niños que sonrían para que el resto del mundo vea lo bien que los tratan los desplazados.

¿Quieren ver cómo se ven?, les pregunta el fotógrafo a los niños.

Los niños miran sus imágenes sin reconocerse, tan pegados a la vida de fantasía de los economistas.

Y el bárbaro dice:

¿De verdad necesitamos a estos niños? ¿De verdad necesito este empleo?

Tres perros vigilaban a dos niños.

Escribiré su historia pero no la entenderé.

El doctor dice, Sí, en Illinois nos encanta una guerra entre los estados, cruzando las fronteras tanto reales como imaginarias.

O:

¿Escuchaste el chiste sobre el chico que fue tirado al fuego?

Su carne chamuscada fue cortada con cuchillo de carnicero y alimentó a los perros mientras sus padres observaban desde una jaula.

El economista, antes de la clase obrera, solo se casó porque así era posible demostrar que “un chico como yo” podía subir a la alta sociedad.

De acuerdo con los datos es imposible que los ricos sean amigos de los pobres.

Esto, de acuerdo con los datos, es cierto en todas las sociedades.

Las aguas privatizadas del amanecer

Los tasadores del Departamento de Policía de Chicago dan picana a mi cuerpo dentro de la tina

No pueden dejar de toser en mi cara

Quieren saber de qué calle vengo

Qué código hablo

A quién le compré mi cabello y mi piel

Qué enfermedad escondo en mis venas

Hay tres agujeros en mi brazo y los tasadores ponen sus cigarrillos en ellos

Ellos no fuman sus cigarrillos

Ellos solo los meten a la fuerza dentro de mi brazo

Tengo una idea vaga de lo que significa estar vivo

Pero casi todos mis sentimientos se han extinguido

Siento mi mano al final de mi brazo

No pesa nada

Hay ojos que flotan en el aire y el río no deja de explotar

Antes, cuando dormía en la tina, miré el techo

El pequeño agujero, que era la ventana, exponía un cielo del color de la sangre

Lloré dentro del agua y me puse a pensar sobre una carta que necesitaba enviarles a
mis padres

Necesitaba decirles que mi llave estaba con un vecino

Necesitaba decirles el código de cuatro dígitos de mi cuenta bancaria

Necesitaba decirles que si me moría en el agua, si me moría en el depósito, si me moría en el barro, si me moría a manos de los tasadores, ellos necesitaban hacer algunas cosas por mí

La ciudad había desaparecido en el sótano privatizado de la humanidad

Mi calle fue borrada de un amor que ni la matemática ni la emoción podían contener

No pude dormir la noche antes de mi cita para ser depositado en el sector privado

Me quedé mirando por la ventana de mi habitación a las 3 de la mañana una noche en que no podía dormirme

Me asustaron las sirenas de la policía

Y desde mi ventana vi a la policía sacar de un sedán negro a un hombre joven

El conductor tenía el cabello largo

Él era flacucho y mal alimentado y ellos le pidieron que caminara en línea recta

Se podía ver el hambre en sus mandíbulas

Caminó perfectamente sobre la línea recta

Pusieron una luz en sus ojos

Sigue la luz con tus ojos, dijo el policía

Lo hicieron pararse en una pierna

Lo hicieron caminar sobre una pierna

Él caminó perfectamente sobre una pierna

Él se paró perfectamente sobre una pierna

Le hicieron hacer veinte flexiones de brazos

¿Por qué tengo que hacer veinte flexiones de brazos?, preguntó

Porque eres un decrépito, un cuerpo público, dijo el policía, y ya no eres tu propio dueño

Y el conductor hambriento hizo las veinte flexiones de brazo con tanta gracia como pudo

Me escondí detrás de las cortinas y quise enviarle una señal al hombre que estaba haciendo ejercicios para que supiera que desde ahora todas las instituciones en que entre van a ser duras, austeras, inflexibles

Volví a la cama sabiendo que lo pondrían en la celda privatizada de la cárcel donde él se despertaría cubierto por un halo horrible de luz

Fui de vuelta a mi cama y una voz siguió gritando:

¿Sabes hablar inglés?¿Comes carne? ¿Te rozas el cuerpo con la carne? ¿Eres el dueño de tu propio cuerpo? ¿Te gusta comer órganos crudos conmigo? ¿Te gustan los órganos agusanados? ¿Quieres saber cómo puedes llegar al otro lado del río?

La voz no tenía cuerpo

Pero tenía una bocaza

Era la boca más grande que yo haya visto

Abría su boca y había pequeños animales dentro

Un perro con dos cabezas estaba sobre su lengua y también un recién nacido y el bebé gritó:

¿Tienes trabajo? ¿Tienes habilidades transferibles? ¿Entiendes las implicaciones de tu inacción? ¿Prefieres ser asado o hervido?

Dije: ¿Dónde están tus ojos?

La boca dijo: Tu ciudad ha desaparecido, ¿Qué haces todavía aquí?

Dije: Trabajo para la ciudad. Era responsable de darle a la juventud títulos de grado en economía

Pero esto fue otra vida

Esta era otra historia

Ahora me retuerzo junto a los otros cuerpos y dormimos juntos y retorcemos en las tinas gigantescas donde nos enjaulan y no nos pertenecemos a nosotros mismos

Cuando estamos secos intercambiamos pedacitos de ropa, harapos arrugados, y nos calentamos con toallas llenas del sudor y la mugre de nuestros compañeros

Los burócratas se ríen de nosotros cuando les hablamos

Sorben ostras crudas cuando les hablamos

Hunden sus pies en nuestras bocas cuando les hablamos

Dicen: Poeta tu poeta favorito desde ahora es mi bota

El poeta-bota patea uno de mis dientes y lo siento caer dentro de mi boca

Trago mi diente y se va con el agua de la tina donde duermo los últimos días

Y cuando el día inevitablemente despunta yo observo el ritual de la mañana:

Ellos se llevan el horizonte

Ellos se llevan el cielo y las calles

Ellos se llevan las alcantarillas y las playas y el río y los árboles y los pájaros y los gatos y los mapaches y la basura

Y como es lo normal observo desde mi tina del amanecer hasta que alguien viene a hacer el tasado diario de mi cuerpo

Valgo mucho menos que mi valor histórico y el banco no tiene más opción que negarme el préstamo que necesito para poder comprarme a mí mismo de nuevo

Mis heridas deflacionarias

Mi sangre privatizada

Mi carcasa podrida que se hunde en las aguas privatizadas del amanecer

The Devouring Economy of Nature

Let’s begin at the end, she says.

The best way to end a sentence is with the word “blank.”

It is midnight and I am lonely and your blank is the blank of my blank.

He ran through the party that was thrown to celebrate the hanging of the other body; he trampled cold chicken and biscuits.

Or:

He ran through the silhouettes of the hanging bodies.

Or:

He possessed the fortitude needed to refuse to begin another act of language.

I refuse to write the middle of the story.

There is water everywhere.

There is a flood on my street and I am sleeping in a body that is much too big for my bed.

In fact I am sleeping in a bed that is much too big for my house.

The flood has changed the proportions (house>bed>body) or at least my perception of the proportions.

I am incapable of thinking outside of images.

Did you hear the one about the immigrant laborer who was run over by the tractor? In his pocket was a photograph of his cousin Ewa, a 13-year-old in a refugee camp in another country. As the tractor ran him over, he kept shouting to his fellow workers: Please, somebody, marry Ewa. Somebody! Marry! Ewa!

And to mourn the death of the mutilated workers the children sang a song called “Other People’s Bodies.”

They sang it to the tune of a current popular song.

There was a dance routine that involved hand motions and little hops and the thrusting of booties in and out.

And as the song developed, the progression of the data became increasingly relevant, for as the children sang they slowly began to understand that they would never see their parents again, that they had been taken from their homes and tossed into the pools in order to fulfill the required data specifications outlined by the city, the state, and the country.

Or:

A barbarian and an economist walk into a bar.

The barbarian says:

I dreamt we were in a swimming pool and you were swimming towards me. I was sitting on the wall and when you got to the wall the wall dissolved into the water and the pool stretched out endlessly and there were hundreds of children swimming in the pool and they were looking for their parents. There were men in orange wet suits painting lines throughout the water. Over the water, really. And the lines were different colors and they stuck to the surface of the water and we understood that certain colors meant certain things. And you picked up a drowning child and said: Here is a small piece of data. I won’t tell you what this data means in relation to the other data that will determine the relationship between your desire to eat the children and the future prosperity of the nation.

The economist orders two martinis and says to the barbarian:

There is something frozen here. I see you standing in front of the pool and I know that the you who is standing there is the you who has uttered this sentence so many times before. When you spit out the sentence they will say that it did not come from your mouth, that it came from the mouth of the person who was performing this act of being you.

In other words, linguistic theory opens the door to the possibility that we are not ethically responsible for our actions.

And the barbarian says:

Even if money doesn’t exist, there will always be an audience for economists.

And they take the water from the river and put it in the back of several trucks. And from the dried up river there emerges a country. And in the country there are children who have been invented by people who made money in things that do not actually exist…

And they don’t say: Why are you taking the water from the river?

And they don’t think: Why are you shaving the fur from the bodies of our dogs?

The children sit on the sofa placed perfectly in a picturesque location on the river. The dogs are arranged so that they rest in front of the sofa. The photographer asks the children to smile so that the rest of the world can see how well we treat the displaced people.

Do you want to see what you look like, the photographer says to the children.

The children look at their images without recognition, stuck as they are in the fantasy life of the economists.

And the barbarian says:

Do we really need these kids? Do I really need this job?

Three dogs guard the two children.

I will write their story but I will not understand it.

The doctor says, Yes, in Illinois we love a war between states, across borders both real and imagined

Or:

Did you hear the one about the boy who was thrown into the fire?

His charred meat was hacked up with a cleaver and fed to dogs while his parents watched from a cage.

The economist, formerly of the working class, only got married so that he could demonstrate that it was possible for a ‘kid like me’ to move into high society.

According to the data, it is impossible for rich people to be friends with poor people.

This, according to the data, is true in all societies.

The Privatized Waters of Dawn

The appraisers from the Chicago Police Department prod my body in the bathtub

They can’t stop coughing in my face

They want to know what street I come from

What code I speak

Who I bought my hair and skin from

What disease I hide in my veins

There are holes in my arm and the appraisers put their cigarettes in them

They don’t smoke their cigarettes

They just jam them into my arm

I have a faint idea of what it means to be alive

But almost all of my feelings have been extinguished

I feel my hand at the end of my arm

It is weightless

There are eyes floating in the air and the river won’t stop exploding

Earlier, when I was sleeping in the bathtub, I looked up at the ceiling

The little hole of a window exposed a sky the color of blood

I cried into the water and I thought about a note I needed to send to my parents

I needed to tell them my key was with a neighbor

I needed to tell them the four-digit code to my bank account

I needed to tell them that if I died in the water, if I died in the warehouse, if I died in the mud, if I died at the hand of the appraisers, there were some things I needed them to do

The city has disappeared into the privatized cellar of humanity

My street was obliterated from a love that could not be contained by mathematics or emotion

I could not sleep the night before my appointment to be deposited into the private sector

I stared out my bedroom window at 3 am on a night I could not sleep

I was startled by a police siren

And from my window I watched the police pull a young man out of a black sedan

The driver had long hair

He was gangly and underfed and they asked him to a walk a straight line

You could see hunger in his jawbones

He walked the line perfectly

They put a light to his eye

Follow the light with your eyes, the officer said

They made him stand on one leg

They made him walk on one leg

He walked perfectly on one leg

He stood perfectly on one leg

They made him do twenty pushups

Why do I have to do twenty pushups, he asked

Because you’re a decrepit, public body, the police officer said, and you do not own yourself anymore

And the starving driver did the twenty pushups as gracefully as he could

I hid behind the blinds and I wanted to send a signal to the man who was being made to exert himself, to let him know that from here on out every institution he enters is going to be harsh, austere, inflexible

I went back to bed knowing they would put him in the privatized jail cell where he would wake up shrouded in a horrible halo of light

I went back to my bed and a voice kept shouting:

Do you speak English? Do you eat meat? Do you rub meat on your body? Do you own your own body? Do you like to eat raw organ with me? Do you like your organ maggoty? Do you want to know how you can get to the other side of the river?

The voice did not have a body

But it had a mouth

It was the biggest mouth I had ever seen

It opened its mouth and there were small animals inside of it

A dog with two heads was on its tongue and so was a newborn baby and the baby screamed:

Do you have a job? Do you have transferable skills? Do you understand the implications of your inaction? Would you prefer to be roasted or boiled?

I said: Where are your eyes?

The mouth said: Your city has disappeared, what are you still doing here?

I said: I work for the city. I was responsible for supplying the youth with degrees of economic value

But this was another life

This was another story

Now I squirm with the other bodies and together we sleep and squirm in the giant bathtubs they cage us in and we do not belong to ourselves

When we are dry we swap bits of clothing, wrinkled up rags, and we warm ourselves in towels filled with our partners’ sweat and dirt

The bureaucrats laugh at us when we talk to them

They slurp down raw oysters when we talk to them

They sink their feet into our mouths when we talk to them

They say: Poet your favorite poet from now on is my boot

The poet-boot kicks one of my teeth and I feel it fall into my mouth

I swallow my tooth and wash it down with the bath water I’ve been sleeping in for the last few days

And when day inevitably breaks I watch the morning ritual:

They take away the horizon

They take away the sky and the streets

They take away the sewers and the beaches and the river and the trees and the birds and the cats and the raccoons and the garbage

And as usual I watch from the bathtub of dawn until someone one comes to conduct the daily appraisal of my body

I cost much less than my historical value and the bank has no choice but to deny the loan I need in order to buy myself back

My deflationary wounds

My privatized blood

My rotten carcass sinking into the privatized waters of dawn

Extraído de Daniel Borzutzky, The Perfomance of Becoming Human. Traducción de Noellia Torres.

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