3 poemas | Paul Auster

Paul Auster nació en Newark, New Jersey, el 3 de febrero de 1947. Es, al día de hoy, uno de los narradores más leídos a lo largo del mundo. Pero antes de convertirse en novelista, Paul Auster fue poeta. Con un estilo inquieto, preciso y accesible, en su literatura lo cotidiano funciona como metáfora constante del paso del tiempo, de la inevitable soledad del espíritu y del desamparo de los cuerpos que buscan unirse mediante el relato, en un reconocimiento colectivo del dolor y de la herida. El azar, los contratiempos, lo inevitable del caos: a lo largo de casi sesenta años de trabajo en la escritura, Auster logró captar la esencia de una condición humana que, dentro del proceso del capitalismo y la modernidad, se mira a sí misma en el espejo.
En una entrevista del año 2016 que brindó en la USNAM (Universidad Nacional de San Martín) Auster contó que, hasta que una editorial de Los Ángeles aceptó publicar su primera novela, desde fines de su adolescencia se dedicó diariamente al estudio autodidacta de poesía, reconociéndole un lugar crucial en su vida y en su formación. Estudiaba, traducía y escribía poemas (Paul Éluard, André Breton, Robert Desnos, René Char, entre muchos otros) publicándolos en las revistas literarias que surgían en la Universidad de Columbia, en donde se formó.
Actualmente reside en Brooklyn, Nueva York.

Noches blancas

No hay nadie acá,
y el cuerpo dice: lo que sea dicho
no debe ser dicho. Pero nadie
es un cuerpo, igualmente, y lo que el cuerpo dice
no lo escucha nadie
sino vos.

Noche y nevada. La repetición
de un asesinato
entre los árboles. La lapicera
se mueve a través de la tierra: ya no sabe
qué pasará, y la mano que la sostiene
ha desaparecido.

Sin embargo, escribe.
Escribe: al principio,
entre los árboles, un cuerpo vino caminando
desde la noche. Escribe:
la blancura del cuerpo
es el color de la tierra. Es tierra,
y la tierra escribe: todo
es del color del silencio.

Ya no estoy acá. Nunca he dicho
lo que dijiste
que yo había dicho. Y sin embargo, el cuerpo es un lugar
donde nada muere. Y cada noche,
desde el silencio de los árboles, vos sabés
que mi voz
viene caminando hacia tu cuerpo.

White nights

No one here,
and the body says: whatever is said
is not to be said. But no one
is a body as well, and what the body says
is heard by no one
but you.

Snowfall and night. The repetition
of a murder
among the trees. The pen
moves across the earth: it no longer knows
what will happen, and the hand that holds it
has disappeared.

Nevertheless, it writes.
It writes: in the beginning,
among the trees, a body came walking
from the night. It writes:
the body’s whiteness
is the color of earth. It is earth,
and the earth writes: everything
is the color of silence.

I am no longer here. I have never said
what you say
I have said. And yet, the body is a place
where nothing dies. And each night,
from the silence of the trees, you know
that my voice
comes walking toward you.

De sombra a sombra

Contra la fachada del atardecer:
sombras, fuego y silencio.
Ni siquiera silencio, pero su fuego–
la sombra
que expulsa la respiración.
Para entrar al silencio de esta pared
tengo que dejarme atrás a mí mismo.

Shadow to shadow

Against the facade of evening:
shadows, fire and silence.
Not even silence, but it´s fire-
the shadow
cast by a breath.
To enter the silence of this wall,
I must leave myself behind.

Autobiografía del Ojo

Cosas invisibles, arraigadas al frío,
creciendo hacia esta luz
que se desvanece
en cada cosa
que ilumina. Nada se termina. La hora
vuelve al comienzo
de la hora en la que respiramos: como si
no hubiese nada. Como si no pudiera ver
nada
que no sea lo que es.

En el límite del verano
y su calor: cielo azul, montaña violeta.
La distancia que sobrevive.
Una casa, hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen contra la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.

Autobiography of the Eye

Invisible things, rooted in cold,
and growing toward this light
that vanishes
into each thing
it illumines. Nothing ends. The hour
returns to the beginning
of the hour in which we breathed: as if
there were nothing. As if I could see
nothing
that is not what it is.

At the limit of summer
and its warmth: blue sky, purple hill.
The distance that survives.
A house, built of air, and the flux
of the air in the air.

Like these stones
that crumble back into earth.
Like the sound of my voice
in your mouth.

Extraído de Paul AUSTER, Collected poems, Overlook Press, 2004, p. 65, p. 84 & p. 102 | Traducción y presentación de Fermín Vilela | Buenos Aires Poetry, 2021.