Los Muertos | Rupert Brooke

Rupert Brooke (1887-1915), figura byroniana, arquetipo del hombre apuesto y gallardo, se alistó al principio de la guerra, murió de septicemia en abril de 1915 en el frente y se convirtió en una figura legendaria, símbolo de la talentosa y brillante juventud sacrificada en la guerra. Educado en instituciones de excelencia, como Rugby y King´s College, Cambridge, se había convertido en la figura del joven rebelde, presidente de la Fabian Society, fundada en 1884, que agrupaba a socialistas moderados y ateos, y miembro de “The Apostles”, sociedad a la que pertenecían Jamse y Lytton Strachey, E. M. Forster. En 1911 publicó un pequeño poemario (Poems. London: Sidgwick & Jackson) y ayudó a Edward Marsh a planear la influyente serie de volúmenes conocidos como Georgian Poetry. Más adelante alternó con los miembros del grupo de Bloomsbury, muchos de ellos amigos de la época de Cambridge.
Al declararse la guerra, Brooke se alistó en el Batallón Hood y recibió una comisión de la Royal Naval Division. Murió a consecuencia de una infección y fue enterrado en Siros, una isla del grupo de las Cícladas. La mayoría de los poemas de Brooke aparecieron en 1915. La edición definitiva de su obra poética se publicó en 1946: The Poetical Works of Rupert Brooke, editada por Geoffrey Kenyes (London: Harcourt, 1946).

Los muertos

Estos corazones fueron urdidos con humanos goces e inquietudes,
maravillosamente regados por el pesar, aprestados para el regocijo.
Los años les brindaron su afecto. Era de ellos el amanecer,
y el ocaso, y los colores de la tierra.
Habían visto el movimiento, y escuchado música; conocido
el sueño y la vigilia; amado; ufanádose de tener amigos;
sentido el rápido estímulo del asombro; se habían sentado solos;
acariciado flores y pieles y mejillas. Todo esto ha terminado.

Hay aguas que cambiantes vientos truecan en risa
y que los opulentos cielos iluminan todo el día. Y despupes,
la escarcha, con un gesto, inmoviliza las olas que bailan
y la sinuosa hermosura. Deja una blanca
e inviolada gloria, una refulgencia acumulada,
con amplitud, una paz brillante, bajo la noche.

The Dead

These hearts were woven of human joys and cares,
Washed marvellously with sorrow, swift to mirth.
The years had given them kindness. Dawn was theirs,
And sunset, and the colours of the earth.
These had seen movement, and heard music; known
Slumber and waking; loved; gone proudly friended;
Felt the quick stir of wonder; sat alone;
Touched flowers and furs and cheeks. All this is ended. 

There are waters blown by changing winds to laughter
And lit by the rich skies, all day. And after,
Frost, with a gesture, stays the waves that dance
And wandering loveliness. He leaves a white
Unbroken glory, a gathered radiance,
A width, a shining peace, under the night.

Extraído de POETRY, Chicago – The Collected Poems of Rupert Brooke (1915). Traducción de Rolando Costa Picazo.