Baffin, de Max Elskamp

Poeta secreto y solitario, admirado por contemporáneos como Stéphane Mallarmé, Maurice Maeterlinck y Émile Verhaeren pero casi desconocido para el gran público, Max Elskamp (1862-1931) es una de las voces más extrañas del simbolismo y el modernismo en Europa entre fines del siglo XIX y principios del XX.

El misterio provenga quizás del uso tan personal que dio al idioma francés debido a sus orígenes flamencos (nació en Amberes), lo que no le impidió sin embargo integrar la Academia real de lengua y literatura francesas de Bélgica.

Su carrera literaria, marcada por profundas crisis nerviosas y psicológicas, se divide en dos periodos, el primero parnasiano y simbolista desde 1886 hasta 1900, que fue seguido de veinte años de silencio y un exilio en Holanda durante la Primera Guerra Mundial. En 1921 regresa con la publicación de varios poemarios, que le valieron un tardío reconocimiento con un estado de salud ya muy deteriorado.

El texto que presentamos, “Baffin”, es un poema que tiene como escenario uno de los confines del mundo, un mar entre los océanos Atlántico Norte y Ártico, y en el cual puede observarse el peculiar uso del francés y esa cadencia tan característica en la obra de Elskamp.


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Baffin

Y ahora es allá
en Baffin, el mar

y el frío, y la helada,
y el viento duro que carga,

en un infierno de icebergs,
la nave, ella, se bate,

Y la noche infinita
y que es de allá

de terror y de atormentar,
y donde, espíritu hundido,

los pescadores en el camino
de las aguas se han ido.

Y ahora es allá
donde la muerte se verá

llamada blanca de nieve
en las banquisas que ciernen

las aguas como desquiciadas
y que enseñan su rebaba,

y la sombra en las jornadas
que vienen y que pasan

sin tener otra amada
que la helada que las cansa.

Pero son ellos los pescadores
y que buscan la raja

en el mar en horrores
y más lejos que los espanta

hacia los polos ignotos
donde es todo que no es nada,

y cuyo temor es el escollo
cuando a veces se lo alcanza,

y luego un día allá
donde el cielo cerrado,

era la hora del altar
y que había llegado,

y la nave encontró
el arrecife y que infausto,

y a los que ella portó
nunca más regresaron.

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Baffin

Et maintenant c’est là
Sur la mer de Baffin

Et le gel, et le froid,
Et le vent dur qui vient,

Dans un enfer de glaces,
La nef, elle, qui passe,

Et la nuit éternelle
Et qui est de là-bas

De terreur et d’effroi
Et où d’âme sombrée

Les pêcheurs sur la voie
Des flots s‘en sont allés.

Et maintenant c’est là
Où c’est la mort qu’on voit

Dite blanche de neige
Aux banquises q’assiègent

Les flots comme en folie
Et qui disent leur lie,

Et l’ombre dans les jours
Qui viennent et qui passent,

Sans avoir d’autre amour
Que le gel que les lasse.

Or c’est eux les pêcheurs
Et qui cherchent la passe

Sur la mer en fureur
Et plus loin qui les chasse,

Vers l’inconnu des pôles
Où c’est tout qui n’est rien,

Et dont crainte est le môle
Quand parfois on l’atteint,

Et puis un jour là-bas
Où plus noires les nues,

C’était l’heure des croix
Et qui était venue,

La nef a rencontré
Le récif et qui tue,

Et ceux qu’elle portait
Ne sont pas revenus.

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Extraído de Max ELSKAMP, Chansons d’Amures, Buschmann, Amberes, 1923.
Traducción y presentación Mariano Rolando Andrade