Poesía Ecuatoriana Contemporánea | Sandra de la Torre Guardetas (Ed.) | Parte 2

LA POETA SANDRA DE LA TORRE GUARDERAS (QUITO, 1971) PREPARÓ ESTA SELECCIÓN DE POESÍA ECUATORIANA CONTEMPORÁNEA PARA BUENOS AIRES POETRY. EN LA PRIMERA PARTE DE ESTA SELECCIÓN, PUBLICADA SEMANAS ATRÁS, SE INCLUYERON POEMAS DE FREDDY AYALA PLAZARTE (ALÁQUEZ, 1983), GABRIELA VARGAS AGUIRRE (GUAYAQUIL, 1984), ADOLFO MACÍAS HUERTA (GUAYAQUIL, 1960) Y MARIALUZ ALBUJA BAYAS (QUITO, 1972). AHORA SE COMPLETA LA MUESTRA TOTAL CON LOS TRABAJOS DE LOS POETAS LUIS CARLOS MUSSÓ (GUAYAQUIL, 1970), MARÍA AUXILIADORA BALLADARES (GUAYAQUIL, 1980), CÉSAR EDUARDO CARRIÓN (QUITO, 1976) Y MÓNICA OJEDA (GUAYAQUIL, 1988).

Luis Carlos Mussó (Guayaquil, 1970)

Ha publicado una docena de poemarios, entre ellos Propagación de la noche (2000), Tiniebla de esplendor (2006), Minimal histeria (2008), Evohé (2008), Geometría moral (2011), Cuadernos de Indiana (2014), Mea Vulgatae (2014) y Mester de altanería (2016); además de las novelas Oscurana (2011) y Teoría del manglar (2018). También Épica de lo cotidiano (2013, ensayo) y Rostros de la mitad del mundo (2015, semblanzas). Se desempeña en la cátedra universitaria y el periodismo. Sus colaboraciones han sido traducidas y editadas en siete lenguas.

Poemas del libro Mester de altanería (extracción de la piedra del olvido), Ruido Blanco, Quito, 2015, pp. 98.

dieciséis [16:00]

se adensa el polvo que cubre mis húmeros en la orilla sangrienta: desfila, paso de ganso, esta ceguera que acampa en los fiordos aserrados del instante, flanqueada por la pleamar que salpica los muslos de mi mata-hari / y el robusto encaje de su lencería imita la red del abolengo / ¿cuántos nombres corrompen los nombres de mis mapas? / ¿cuántas imágenes filtras por los caños de la memoria en desorbitados pixeles? / ¿CUÁNTO IMPOSIBLE BRILLO EN EL ASILO DEL VERDE / BLANCO / PLATA / BRONCE DEL MANGLAR?

cero [00:03]

intentaron arrancar la maleza que crece en las junturas de la vereda de mi infancia [el sueño de la enfermedad produce monstruos] / con pinzas aceitadas intentaron extraer la piedra del olvido, pero aún se extravían las calles y los nombres / y alguien dice que es por compasión del universo [ebriedad antes de la muerte] / intentaron atando un cordel alrededor de mi índice, sirviéndome porciones de caldo de bagre / con gutapercha en las tuberías de la memoria para evitar las copiosas pérdidas / intentaron con la soldadura en el umbral del surmenage / con las substancias asesinas / con terapias de playas nauseabundas –que no quieren ser otra cosa– y lluvia despedazada / todo / todo lo intentaron

siete [07:05]

¿seguirá el orín extendiéndose sobre estas escrituras? / ¿todavía será dios el ojo tenebroso dentro de un triángulo? / y la utopía, ¿estará a estas alturas completamente cumplida y, por lo mismo, extinta? / ¿se levantará la esclusa memoriosa para dar paso al país de la lluvia? / ¿harán posible los rastrillos del sueño migrar hacia el jardín de la muerte? / ¿enrojecerá aún más la sombra de la entraña atardecida / de la ruina inmaculada? / ¿anularán los espacios la destrucción del desorden portentoso? / ¿lograrán las legiones evadir las predicciones, sablear algo hasta abordar una serie de autobuses? / ¿en dónde podrán las muertes espléndidas alojar su dulzura, si el puerto amurallado les opone sus torres / sus celadores / todo su desprecio condensado en un tatuaje?

doce [12:32]

¿y las señales que se alargan en la costa borrosa de la plegaria? / a medida que se enredan los autobuses en crucigrama de estaciones, crece un inquieto babel de voces al que le da por aguzar las sombras despistadas / y en la barbarie se acuñan los recuerdos para la raza / la estación calurosa descompone los cuerpos de las bestias que se mosquean sobre la pampa: tiznan el viento los zancudos, y me viene a la mente el día [¿o inventé este recuerdo?] en que estos ojos remataban una luz intacta / celebra el extravío del tsunami: las olas del letargo se apoderan de mi puerto imaginario

María Auxiliadora Balladares (Guayaquil, 1980)

Es escritora y profesora de literatura en la Universidad San Francisco de Quito. Estudia la obra de poetas latinoamericanos del XX y el XXI. Ha publicado el libro de cuentos Las vergüenzas (Antropógafo, 2013), el ensayo Todos creados en un abrir y cerrar de ojos (Centro de Publicaciones de la PUCE, 2015) acerca de la obra de Blanca Varela, y el poemario Animal (La caída, 2017). De próxima aparición sus poemarios Guayaquil y URUX Una correspondencia, escrito con Sebastián Urli.

Los siguientes poemas pertenecen al libro Guayaquil, Premio Pichincha de Poesía 2017, de próxima publicación.

Cadera

Debajo de la piel todo acontece
Acontecen mis huesos presionados
Acontecen mi sangre y mis bacterias
Acontece este amor que se parte en dos en el lugar de las caderas
El fémur tiene la forma de un cetro
En él siempre nos amamos, amor, en el lugar de las caderas
Donde me parto en dos
Donde grito dormida cuando olvido que mis piernas no pueden abrirse ya
¿Será que nos afecta que no pueda caminar?
¿Será que necesitamos el lugar de las caderas?
¿O solo sillas que rueden, bastones y muletas?
¿Será por eso que nos matamos tanto tan seguido sanguinariamente?

Y ahora medio muerta te escribo esta cartita
Mi amor
Te escribo esta cartita para preguntarte
Si te acuerdas cómo era todo antes de que yo muriese en el lugar de las caderas
Hace mucho se murieron otros tantos
Se murió mi padre
Se murió mi padre, amor
Yo creo que en realidad por eso se me murió la cadera
Porque el cuerpo tiene que mutar si se muere el padre, amor
Yo no podía seguir caminando
Tenía que abandonar mis caderas
Esos mis huesos están enterrados con mi padre
Condición de orfandad la que me acontece
A mi cuerpo le tenía que doler que él no pudiera tocar más el mar, amor
No es un decir que uno se muere un poco con sus muertos
Creo que tú te moriste un poco conmigo
¿o no?

Si te detienes a pensar, mi amor
Todo acontece debajo de la piel
Ahí nos morimos
nos matamos
tanto
tan seguido
sanguinariamente

A mí también me gusta Marosa di Giorgio

“En esta foto somos hermanas”
Ya sabes que me gusta montarte
Con desesperación
Y en cualquier lado
Que un comentario así
Solo responde a
La necesidad de ser sórdida
Que se instala entre una sien y otra
O quizás niega la posibilidad
De un incesto aún más tremendo
-barbaridad-
Que seas tú mi madre
Que la vagina que me parió sea la misma
En la que mis dedos juegan
Y mi boca
Y mis senos
Y mis pies
Y mi puño
¿Madre o hermana?
A veces madre
A veces hermana
Insensatez desear lo que ya se tiene
Melancolizar en torno a la persona que está al lado de uno
Comiéndose las uñas
Yo a veces me las corto pensando
Que quizás te penetre por atrás con uno de mis dedos
Y que no quisiera lastimarte
Solo que sientas mis yemas
Como si el mar te invadiera hacia dentro
Yemas como mar como balas
No tenemos fotos de nosotras en el agua
Yo apenas los recuerdos de tus piernas
Y de tu humedad tras la boya
Tú quizás recuerdas
Que sé nadar como un pez
Y que de todos prefiero el estilo libre
“En esta foto somos hermanas”
¿Qué “tú” debo maquinar
Qué huesos fracturar
A quién debo matar, chantajear, golpear
Para poder escribirte un buen poema de amor, amor?
Cuando intenté lanzarme del carro
Estaba borracha como tú
Me gritaste y clavaste tus dedos en mi brazo
Para asegurarte que no volviera a intentarlo
Te orillaste y me dijiste que estaba loca
Que no te provocara a menos que quisiera
Comprobar que en esta relación más loca que yo
Eres tú
Que no se me ocurriera volver a abrir la puerta
Luego me besaste en la boca
Succionaste como neonato mis mejillas
Te tragaste mi nariz
Es realmente una tristeza
Que toda esta desesperación no alcance
Para escribirte un poema
Me parezco a ti
En los rasgos
En la borrachera
Soy tu hija
Cómo no parecerme a ti
Hija del diablo soy
Hija del diablo y mañana me caso

Guayaquil

Si salimos de El coleccionista tomadas de la mano, caminamos por Loja tomadas de la mano y pasan los autos y las caras de los hombres pasan y las palomas cagan y los niños ladran,
si seguimos caminando, subimos el paso a desnivel, nos gritan con efecto doppler: “locas y lesbianas”, rodeamos el cementerio y con la otra mano, la que no tomas, saludo alegre a mis abuelas Vicenta y Clara,
si seguimos caminando, tomadas de la mano, tu cuerpo se acerca al mío y me besas en el cuello porque vamos rápido y no alcanzo a poner mi lengua entre tus labios,
si seguimos caminando, tomadas de la mano, vemos Solca, bajas la cabeza, yo también la bajo, pero te sonrío para que sonrías y me trago de un suspiro tres mariposas blancas,
si seguimos caminando, llegamos al aeropuerto, levanto una valla con la fuerza brutal de mariposas, nos introducimos en la pista y empezamos a bailar porque desde el altavoz de un carro de bomberos suena, de bowie, let’s dance,
si seguimos bailando y seguimos bailando y seguimos bailando, tú con tus zapatos rojos y yo con mi blusa a rayas, se detiene un avión y atrás otro y otro y otro,
de pronto, cuando los pacos amenazan con sus pistolas y sus balas, nos convertimos en personas de papel que el viento levanta, mi mano ya no puede sostenerte, y miro con mis nuevos ojos cómo te alejas, cómo el viento que nos salvó ahora te aleja y te deposita en el río y te mojas toda y te desintegras,
si sigo volando, me inserto en una nube y la hago llorar y la cuidad se moja y se desbarata,
ya para qué Guayaquil, si te tragó su río, ya para qué Guayaquil

Abeja

Dejar de escribir. Pensar en un recuerdo que comienza en urdesa y termina en vía a la costa. Sentarse en el borde de una calzada para mirar al cielo. No sé si llevaba gafas, quizás solo el traje negro. Qué desperdicio el aglutinamiento. Miro hacia atrás y en el parque forestal aparecen los recorridos en círculo. La ambición de los pies, de los pies. Barrio del seguro. Avancé hasta allá para nada. Sin metas no hay quien aguante la muerte, el destrozo, la abulia. En la isla santay caminé y caminé, ambición de los pies. Antes había ido a la isla solo mientras mi padre moría. A tomar helado e inflar la llanta de una bicicleta. Pasé por la perimetral entre camiones enormes y me sentí un poco como una zapatilla, pero rebasé a los que pude hasta tomar la 25 de julio. Miré el manglar. La botella de plástico me miraba con furia. El manglar miraba dulce la botella de plástico. Fui a un velorio en el guasmo y abracé a un conocido, sobrino de la finada. Conversé por un momento. Nos sentamos y miramos la playita y las lanchas que también nos miraban, pero discretas. Leí un poema solo para recordar que mi abuela murió en terapia intensiva de un hospital. Su procesión avanzó desde la sala de velación de la junta de beneficencia hasta el pabellón donde se encuentra su nicho. Mi mamá no busca los huesos de su padre. No sé si le bastan los de su madre. Ya para qué buscar algo que uno no puede tocar. Ahora, es posible que los cementerios se conecten subterráneamente entre ellos. Es bastante probable que así sea y que mi madre tenga conocimiento de ello. En la tumba de mi padre crece el pasto y el dueño del pasto es un bonito parque de la paz. Miento, de ese pedacito de pasto somos dueños mi mamá y sus hijos. Aquí me detengo para pedirte: por favor, encuéntrame. Las traducciones literales son muy tristes y no tengo forma de salir del escondite.

César Eduardo Carrión (Quito, 1976)

Ha publicado los libros de poesía Emboscada (2018), Cinco maneras de armar un travesti (2011), Poemas en una Jaula de Faraday (2010), Limalla babélica (2009), Pirografías (2008) y Revés de luz (2006). Ha publicado los libros de ensayo ´Habitada ausencia´: Historia y poética en la poesía de Javier Ponce (2008) y ‘La diminuta flecha envenenada’: en torno de la poesía hermética de César Dávila Andrade (2007). Fue miembro del comité editorial de Ruido Blanco. Revista ecuatoriana de poesía (2010-2012) y País secreto. Revista de poesía y ensayo (2001-2005). Fue editor del libro Fulgor del instante. Aproximaciones a la poesía de Iván Carvajal (2008). Ha obtenido el Premio Provincia de Pichincha de Poesía 2010, una Mención de Honor en el VI Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade de 2008, y dos menciones de honor en el concurso Jorge Carrera Andrade del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito en 2007 y 2017. Estudió Filología Hispánica en Madrid y Comunicación, Sociología y Literatura en Quito. Es Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar. Es Decano de la Facultad de Comunicación, Lingüística y Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Los siguientes poemas pertenecen al libro Emboscada, Editorial Turbina, 2017.

A la república platónica

Retoñar es tan difícil cuando el mundo ha sido piedra sobre piedra, sobre piedra, sobre piedra, sobre…
Que prefiero detenerme en el despojo de las hojas, de las ramas y el capullo,
Y guardarme para nuevas aventuras, en secreto, entre la savia y la corteza.
Y digo “la corteza”, “los capullos”, estas “ramas”, los “secretos”, otras “hojas” y la “savia”, siempre sabia,
Porque digo estas palabras tan manidas, tan antiguas, tan perplejas de sí mismas,
Porque digo las palabras que le apestan al letrado nazareno, post-punk o posmoderno.
Florecer es tan inútil cuando el mundo ha sido polvo sobre polvo, sobre polvo, sobre polvo, sobre…

De estos temas discutimos los granjeros del silencio, los dotados de soberbia
Suficiente pa’ plantar esta amapola en la mañana y en la noche desmontarla,
Pues de nuevo en la mañana la sembramos y en la noche la talamos,
Y de nuevo en la mañana nos vestimos de narciso, de onanismo, de presagio,
Y en la noche nos podamos, nos talamos, nos rasgamos la camisa del orgullo,
Cuando el mundo es incapaz de concedernos un pedazo de terreno cultivable,
Y nos niega el privilegio de sembrar entre las nubes las semillas de la lluvia.
De estos gremios de farsantes está lleno el territorio de la duda: de escribanos.

Vociferan, vapulean, se disputan las miserias del poder y la arrogancia, y de la fama.
Y son ellos mismos la piel en curtiembre que infecta de hedor la morada del débil.
Pero son ellos mismos el débil, la piedra, las hojas, las ramas, la savia y el polvo.
Cuando el mundo ha sido pasto de canallas como aquellos, es cansino florecer,
Es tan absurdo retoñar, cuando la lengua del poeta no es guadaña que cercene
Las batutas del que ordena, del que ordeña, desde el púlpito o la cátedra, el dolor
De los plebeyos, de las ubres del terror, la sumisión o la vergüenza.

Y no me digan, miserables, que una sola de sus rimas ha salvado alguna vida,
Además del propio cuerpo, el propio centro, el propio túmulo de huesos,
El propio espíritu vencido que utilizan para armar sus fechorías de saliva.
De su gremio de farsantes está lleno el territorio de la duda: lenguaraces,
Escribientes, oradores, sermoneros, suspicaces, inmolados artesanos del sigilo.
Y dicten estas leyes y sancionen este grito. No seremos servidumbre de su miedo.

Cuando el mundo ha sido piedra sobre piedra, ha sido piedra sobre piedra, ha sido…
Solo queda marchitarse, desecarse, derrumbarse y dejarse llevar por el polvo.
Sin embargo, es un regalo del azar la maquinaria de esta flor, esta parodia de la noche.
Sin embargo, es un prodigio del azar haberlos visto lloriqueando como mulos mutilados, como reyes sin aureola.
Disfrutemos la embriaguez de haber nacido para el agua de las llamas, para el aire de la tierra, para el fuego de los mares.
Y retoñemos, retoñemos, retoñemos, y digamos las palabras que incomodan al que calla, que incomodan como “flores”, que incomodan como “espinas”, que incomodan como “verso”, como “pájaro” y “poema”.

Monumentos carcelarios

Nos mintieron nuestros héroes, nos mintieron nuestros mártires y próceres.
Inventaron esos himnos, inventaron las naciones, inventaron geografías.
Inventaron las banderas percudidas con su sangre, que inventaron por la guerra.
Miro los templetes, las estatuas del terruño, recubiertos con estiércol de palomas.
Toda patria es pasajera, pre-santuario, proto-infierno, limbo eterno…

Ruge el río de la muerte en las pupilas del que observa nuestros campos de batalla:
Las ficciones de la Historia Nacional, de los Destinos Manifiestos, de los dogmas
Del que apura la bebida venenosa de las copas de los padres fundadores.
Conocí a mis abuelos, conocí a mis ancestros: no son nada extraordinario,
No son nada extraordinario, no son nada extraordinario, te lo juro: ¡no son nadie!
Toda patria es pasajera, pre-santuario, proto-infierno, limbo eterno…

La alternancia del aliento y el silencio, del aliento y el silencio, del aliento y el…
Me recuerda que en los mármoles inertes yace el frío corazón de la memoria.
Nos impone los estigmas de los santos, que ya fueron o serán becerros de oro,
O ecuménicos prelados de la bruma, pies de plomo, pies de barro, pies del humo.
Toda patria es pasajera, pre-santuario, proto-infierno, limbo eterno…

Cada brillo, cada huella, cada mínimo relámpago de sílice en las dunas,
Cada grano de esta arena es un murmullo que compone la borrasca de la fe.
Cada hilo y cada hebra de esta soga que nos ata a los recuerdos heredados,
Nos impide despegar con entusiasmo, desatarnos del terror de ser fragmentos,
Nada más y nada menos que fragmentos de la risa, que fragmentos de la angustia.
Toda patria es pasajera, pre-santuario, proto-infierno, limbo eterno…

Todo lo que dicen los trogloditas es perfecto

El cuerpo que se abandone a la gravedad caerá sobre la tierra, si ninguna voluntad lo sostiene.
Quien se despide de este modo, ningún error comete, ningún principio viola, ninguno de sus hijos nace tuerto.
El cuerpo que combata la gravedad caerá sobre la tierra, aunque una férrea voluntad lo sostenga.
Quien se despide de este modo, jamás pronuncia adioses, y nunca se lamenta por la ausencia de sus muertos.
Cualquier esfuerzo que pretenda impedir su caída resultará inútil, aunque una férrea voluntad lo sostenga.
Quien se despide de este modo, jamás confunde el odio con la sorda anatomía del santuario de sus padres.
Cuando la tierra demanda aquello que le pertenece, ningún alegato es suficiente. ¡Que ninguna voluntad nos sostenga!
Quien se despide de este modo, se hace un cuerpo, un solo cuerpo con el cuerpo macerado por el tiempo.
Una vez tendido en el suelo, el cuerpo, antes erguido, asume la postura definitiva del cadáver, el rostro impasible de la materia.
Quien se despide de este modo no es falaz ni verdadero, acaso histórico o ficticio, pero siempre un solo cuerpo, el propio cuerpo,
Que deshace la caída, que ejecuta la certeza, que negocia con la estrella, con el padre, con el viento.

Arte poética

Me gustan los versos muy largos, no puedo evitarlo, querida censora, querido censor:
Yo nací

El mismo año en que moría un tal José Lezama Lima, limita, limón, limonero,
Danos la elocuencia nuestra de cada día y perdona nuestro recato,
Así como nosotros perdonamos y olvidamos tu facundia. No nos dejes
Caer en laconismo, mas líbranos de toda sobriedad en la lengua y el habla,
Porque tuyo el hablar y tuyo el callar y la gloria, por siempre, Señor…

Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988)

Es autora de las novelas La desfiguración Silva (Premio Alba Narrativa, 2014), Nefando (Candaya, 2016) y Mandíbula (Candaya, 2018), así como del libro de poemas El ciclo de las piedras (Rastro de la Iguana, 2015). Sus cuentos se encuentran publicados en la antología Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2015) y en Caninos (Editorial Turbina, 2017). Ha sido seleccionada como una de las voces literarias más relevantes de Latinoamérica por el Hay Festival, Bogotá39 2017.

[1]

Papá, tú querías un hijo y
………….en cambio
te nació esta cabeza.

Una planta que crece hacia adentro.

………….Una uña.
………….Un estanque.

Por eso dijiste
callado a la placenta: “UN HIJO ES UN HOMBRE”.

Creías que serlo era irse callado de pesca

………….pescar la vida

……………………..sacarla del agua

y me llevas a pescar para que aprenda a ser un hombre
para que saque de la vida algo tibio que matar.

………….“Matar te hace hombre”, me dijiste.

Creías que serlo era irse risueño de caza
empuñar un rifle a un corazón con astas

………….reventarle el cráneo a la vida

tú piensas que eso que se inventa el bosque es un hombre
y me llevas a cazar contigo para que lo vea

me enseñas a dispararle a un árbol
a una nube todavía niña en mi cerebro

………….porque pienso demasiado fácil, dices

……………………..porque pienso cosas que se atraviesan

Y en cambio un hombre no arde de útero

…………………………………dice la-madre-coja-de-las-axilas

ni sangra en los pasillos
ni riega su leche sobre las ecografías abiertas
ni se mete el dedo índice
………….para tocar a Dios
en un volcán de pélvis.

Una hija mata
pero como un hombre respirando al revés
en mitad del bosque.

Un amor umbilical rodeándote la manzana:

………….una hija es un ojo que muerde
………….—una mandíbula de leche—
………….un anzuelo al cielo de los cabellos

Por eso “pesca la muerte”, dice mamá lamiendo la escopeta

………….“caza la vida”

como una hija que es un hombre y una cabeza
como un río en una sábana de dientes mastodónticos
y el sexo abierto de las balas
goteando sobre la encimera.

P e r s e c u c i ó n

Repto lo oscuro de la aorta de un bisonte atravesado por el mar
en medio de la teoría humana más violenta del poema.

Tus brazos umbilicales
………….madrezebra en las llanuras
ahorcan la prehistoria de la leche de montaña
………….leche de cal apagada,
………….leche de higo en cristal,
………….leche en la roca de la pintura sagrada del calavera poem
gruta de naturaleza táctil al Amazonas de tus glándulas rellenas de humores:
………….Big Bang de Dios por siempre muerto en los maremotos amén.

Palpo la atmósfera que humedece su atlas de la ira,
escarabajo mutante rodando las escaleras del magma de tu vientre,

¿me romperás contra la musculatura de los cetáceos axiales?
madretundra de las orcas
¿abrirás las cejas al frío goce de los volcanes?

Ellos se sueñan en la blancura de los fermentos de la noche en torrente.

Pliego mi ala junto a una noria de eterna venganza,
………….madrepiedra de los pálidos trasmundos
………….madrecidra constelando un infierno de intestinos que doran los rosales.

Tu baba salpica en todas las direcciones de los paisajes algebráicos:

CRÁNEO – CALAVERA = X

Incógnita en la lengua de los muertos.

Poema cero.

He oído que montas sobre las cabezas de las Furias
y te desbocas
y manchas los eriales de leche cuajada
………….leche mía coagulada
y ellas te la beben y te alumbran
un cráneo con cañones de plata apuntando hacia mi pecho
suite de estelas eléctricas y membranas saladas
………….madrealambre de las navajas
………….madrebuitre de los cinerarios
las tres se relamen las encías bajo el umbral tibio de tus riñones en flor:
tienen pezuñas y desgarran el camino de los ríos gástricos a los maizales.

Se derraman sobre la vía láctea cabalgándote.

Se orinan sobre las mazorcas de dientes pelándose al poniente.

“Madre e hija es una antinomia”,
te canta la clarividencia subacuática de tu trinomio de canes perfecto
y repites al sur de su estampida:

“Madre e hija es una antinomia
con patas y pelos de tarántula
en una jaula para peces”.

Arden tus cabellos de elefantes marciales cruzando los desiertos
………….madremandril de sable
………….madreladrido de pez aéreo.
Quieres mi carne en tu leche terrible
cociéndose a la alta temperatura de los huracanes

(cardúmenes de esperma del dios muerto
pueblan encima de las aguas galácticas del norte).

Tiemblo en los refugios colapsados por tu vientre de ballena en histeria
………….Madremendrugo de la explanada
………….Madredrácula de los mausoleos
Las cabezas de las Furias sonríen torcidas a la sangre,
ateridas bajo muslos galgos y la perfecta escultura del tórax;
quieren cocinarme en tu néctar vencido de yedra,
forzarme la leche de hígados por la ranura celeste de sus madrugadas.

Mazorcas de dientes se pelan y muerden mis escombros quietos al pasar.

Me oculto entre las pieles de los vertebrados
y convierto mi cuerpo en un saco de plumas
que emerge fresco entre los fémures silvestres.

Madre e hija es una antinomia.

Un cráneo gastado vigila mi señal desnuda:

toda suerte de escape termina
en las profundas cavidades
de un animal muerto.

[*]

El tórrido aliento de un órice despierta la montaña,

te despierta con ella y despierta a los viejos leones:

es hora de almorzar.

Todos los días en tu mente habrá un desierto sepultando la calavera de la poesía;

la llevarás contigo al exilio para defenderte de la inclemencia de tu sombra

siempre extendiéndose con movimientos de astros oscuros sobre los senderos.

……………………………………………………………..Tu sombra es el reflejo más antiguo de tu cuerpo.

Pero cada mañana la calavera de la poesía pesará un poco más que ayer.

La arrastrarás hacia la cima de la montaña como una constante de vapor

nublando los sentidos de los cazadores;

una amenaza que el viento cubre de arena y que barres con tu única ala.

Sus cuencas libres empañarán tu interior

y escaparás manchando de sombra un dolor antes temido:

una fiebre que reblandece los picos y tiñe la hierba con moscardones.

A pesar del fracaso no soltarás la cabeza del misterio:

la subirás a la montaña

con el peso de su mandíbula empujándote a los cuernos en manada.

Descansarás con ella en un nido improvisado.

Retozarás con sus cuencas abiertas a la noche.

No te curará la carne, pero al día siguiente será tu casa.