Degollado resplandor: La poesía de Blanca Varela | Miguel Ángel Zapata

 

Despegar los párpados significa morir, desprender de una
estrella. El ritual es breve, la entrega absoluta.

Blanca Varela

La poética de Blanca Varela supera el lugar común al optar por la palabra eludida, aquel silencio descubierto en su camino a Babel. El enigma frena un falso descubrimiento: no es el canto de las sirenas lo que la ensombrece, sino su terco silencio, ese necesario “degollado resplandor”. Varela le corta el cuello a la aparente luz primera de la poesía superficial, sin ser exageradamente oscura. Ahí sus faros: Paul Celan y César Vallejo. De ambos asimila el silencio y la precisión, la exigencia fundamental de no decirlo todo en el poema, a pesar del dolor y la farsa de vencer el devenir incierto.

Han pasado diez años desde la muerte de Blanca Varela en Lima el 12 de marzo de 2009. La poeta peruana nos deja una obra contundente en la historia de las letras hispánicas contemporáneas.  Su poesía obtuvo varios reconocimientos importantes, como los premios Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2001), el Federico García Lorca (2006), y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2007). Blanca Varela no creía ni esperaba recibir premios para que su poesía fuera leída y reconocida. Los premios, entendió bien, pueden ser fugaces como la fama y el delirio, pero la poesía es un trabajo que se forja con ahínco, y su permanencia lo decide el tiempo. Borges y Vallejo vislumbraron bien los juegos laberínticos de los premios y reconocimientos. La obra poética de Blanca Varela es todo un incendio de imágenes, una orfebrería inusual para estos tiempos difíciles. La trama de su poesía se mueve por varios entornos, y sería un error enfocarla exclusivamente desde la perspectiva del surrealismo.
Su obra poética la conforman poemas, no libros. A través de la madurez de la imagen su obra ha venido bifurcándose por varios ríos silábicos, pero siempre volviendo a su cauce original. Este retorno hacia la frescura y la complejidad de la imagen es la señal precisa de una poesía saludable y renovada. Es decir, la búsqueda de la imagen primigenia, el retorno hacia esa limpieza compleja del primer espejo de la infancia y de las primeras visiones comprueban su originalidad: “Está mi infancia en esta costa, / bajo el cielo tan alto”. Desde esta planicie el agua va a estar retornando a sus poemas constantemente. El agua vuelve, porque el agua es “inundación” y la sal es “llaga”. En circunstancias el agua llega a ser un elemento legible, y hasta su aparente transparencia se puede leer como un texto: “otras veces es agua/delgada o gruesa/ilegible”. O en otras ocasiones la fluidez es transformativa: “Como las líneas de tu mano/por donde corren ríos inmemoriales…”.
Por instantes, el agua parece estar presente intangiblemente en la naturaleza, y en otros momentos el agua se personaliza en un rostro: “El agua de tu rostro/en un rincón del jardín, / el más oscuro del verano, /canta como la luna”. El agua se multiplica y conceptualiza diversos elementos de su poética. Primero, puede ser la línea delgada que recubre el mar en la costa (una línea, un verso, un renglón, un tropo), o el agua que se divisa tras el horizonte. Por otro lado, puede ser semiótica y puede estar textualizada. Y también llega a la imagen del cuerpo, a través del rostro del amado. Esta transfiguración sugiere la imagen de la inundación y del desbordamiento. La inundación proviene del poder lunar y se fusiona con el agua (del mar, del río, de las lágrimas) para concentrarse en el ensueño y la memoria. Como se puede observar, sus primeros poemas nos hablan del perfil de la costa, mucha agua llena de palabras, un lenguaje salado y enérgico que busca su morada a ciegas. Su visión no tiende hacia ningún enajenamiento sino por el contrario es una búsqueda de la razón de la vida en sus distintos planos de actividad.
Lo excepcional de esta poética es que gira en contra de las teorías vacías de los que piensan que cuando el poeta madura se torna más oscuro. Varela parte de su conciencia frente al lenguaje, y desde esa plenitud recrea la realidad, y hace visible la trama de su poesía. El camino a Babel pasa, atraviesa el tiempo, no se queda en él para hacer historia ni recuento: pasa otra vez, lo deforma, y vuelve a la naturaleza. Por otro lado, dentro de su actividad discursiva terrestre y lunar, se observa la práctica de diversas formas poéticas.
En sus primeros libros inicia su trayecto con versos que tienden a la verticalidad, y de pronto, poemas en prosa, y vuelta al verso vertical, al poema largo, y la concisión de la brevedad. Es toda una caja de resonancias. En uno de sus mejores poemas “Camino a Babel” el recorrido es hacia el todo y la nada. Es un proceso de transfiguraciones que se van prolongando a lo largo del texto. La primera esfera es el lenguaje y el universo. Su tesón es la figura del mundo y de un hablante que vuela y aterriza en los exteriores de la urbe, en los interiores de la razón, y en los recovecos de la imagen de la casa. Allá Baudelaire, Sartre, aquí Vallejo. Son siete cantos que suben y bajan caminando hacia la nada del poema, porque según la concepción de Blanca Varela, el poema es un artefacto que está imantado por la naturaleza, el cuerpo y el lenguaje.
Su poesía no se parece a ninguna otra, si comenzamos, por ejemplo, a rastrear el poder verbal de Vallejo; diríamos que, en Vallejo, la casa y la imagen familiar (la niñez) tienen otra contextualización: su centro es la soledad y el vacío del lenguaje, la pérdida de tiempo del habla. Ahí sus sombras en Los heraldos negros (1919), y su refulguración en Trilce (1922) donde abunda esa fugacidad existencial, pero sobre todo el reencuentro con el espíritu y la soledad de la palabra poética. En Blanca Varela hay “un caos bullendo”. Lo novedoso es que aquí no hay olvido, no hay una huella ni un desdén o una memoria que el hablante desee retomar para sobrevivir. Blanca Varela tiene un ritmo que desarticula cualquier imagen fácil, esto se comprueba en el poema “Flores para el oído” donde el mundo es un eco de rosas, un sonido en la calle, un escuchar con cautela. Su poesía ha dejado un rigor enorme, difícil de imitar. En ella se combinan notablemente el resplandor (degollado) y el enigma de la palabra, formando un equilibrio que entretejen sus valses (criollos) y sus falsas confesiones. Ella creía firmemente que la música popular es otra forma de hacer poesía. Versos largos o breves como luces controladas, poemas en prosa abriéndose al corazón sin tiempo continúan con esta música interior. Blanca Varela dijo en una entrevista con Claudia Posadas: “La música del poema es lo que va dando la respiración. Es algo que vibra en lo más profundo cuando escribo, más que buscar en lo exterior, busco armonía en el interior…la respiración del poema es el oxígeno del alma”. Su respiración es la vida que se bebe todo el oro de la poesía. Razón de sobra tenía Octavio Paz cuando se refirió a la poesía de Blanca Varela, como una “poesía contenida, pero explosiva, una poesía de rebelión”:


Al despertar
me sorprendió la imagen que perdí ayer.
El mismo árbol en la mañana
y en la acequia
el pájaro que bebe
todo el oro del día.

Estamos vivos,
quién lo duda,
el laurel, el ave, el agua
y yo,
que miro y tengo sed.

Prólogo a: DEGOLLADO RESPLANDOR. BLANCA VARELA. POESIA SELECTA (1949-2000). Se publicará próximamente en Santiago de Chile: Editorial Universitaria- Ediciones Altazor, Fundación Vicente Huidobro, 2019.

Poemas de Blanca Varela
(Selección de Miguel Ángel Zapata)

Ese puerto existe

(1949 – 1959)

Puerto Supe

a J.B.

Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo,
sombra veloz, nubes de espanto,
oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.

Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro
escapa y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación,
un mismo tiempo de chorreantes dedos
y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.

Amo la costa,
ese espejo muerto en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos. 

Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre
ciego pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.

En esta costa soy el que despierta entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía, el que no quiere ver la noche.

Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente
en donde lloro a solas.

Una ventana

Vuelvo a contar mis dedos.
(La flor helada, la desconocida cabeza
que me acecha se
…………descuelga y da voces.)
Yo miro las paredes y sus frutos redondos y veloces,
hago cálculos, sumo piedras, cenizas, nubes
y árboles que persiguen a los hombres
y perlas arrancadas de malignos estanques
o de negros pulmones sepultados
y horriblemente vivos.

La araña que desciende a paso humano me conoce,
dueña es de un rincón de mi rostro,
allá anida, allí canta hinchada y dulce
entre su seda verde y sus racimos.
Afuera, región donde la noche crece,
yo le temo,
donde la noche crece
y cae en gruesas gotas,
en mortales relámpagos.
Afuera, el pesado aliento del buey,
la vieja fiebre de alas rojas,
la noche que cae
como un resorte oscuro sobre un pecho.

Carta

a N.

Fruto abierto que el aire no corrompe,
hoja sin mella, jamás ennegrecida,
hacia ti va la sangre
y vuelve sin peligro,
sin puentes,
en ti reposa el pensamiento.

Reloj solar,
noble colorante,
estío de mi casa,
por ti se educa al lobo
y se devuelve el roedor a su nido.

Hermana,
tu rostro blanco, cerrado,
sin historia aparente,
tú, la exacta, inmóvil,
pura referencia.

Luz del día

(1960 – 1963)

Del orden de las cosas

A Octavio Paz

Hasta la desesperación requiere un cierto orden. Si pongo un número contra un muro y lo ametrallo soy un individuo responsable. Le he quitado un elemento peligroso a la realidad. No me queda entonces sino asumir lo que queda: el mundo con un número menos.
El orden en materia de creación no es diferente. Hay diversas posturas para encarar este problema, pero todas a la larga se equivalen. Me acuesto en una cama o en el campo, al aire libre. Miro hacia arriba y ya está la máquina funcionando. Un gran ideal o una pequeña intuición van pendiente abajo. Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso.
Primero se verán sombras y, con suerte, uno que otro destello; presentimiento de luz, para llamarlo con mayor propiedad. El color es ya asunto de perseverancia y de conocimiento del oficio.
Poner en marcha una nebulosa no es difícil, lo hace hasta un niño. El problema está en que no se escape, en que entre nuevamente en el campo al primer pitazo.
Hay quienes logran en un momento dado ponerlo todo allí arriba o aquí abajo, pero ¿pueden conservarlo allí? Ése es el problema.
Hay que saber perder con orden. Ése es el primer paso. El abc. Se habrá logrado una postura sólida. Piernas arriba o piernas abajo, lo importante, repito, es que sea sólida, permanente.
Volviendo a la desesperación: una desesperación auténtica no se consigue de la noche a la mañana. Hay quienes necesitan toda una vida para obtenerla. No hablemos de esa pequeña desesperación que se enciende y apaga como una luciérnaga. Basta una luz más fuerte, un ruido, un golpe de viento, para que retroceda y se desvanezca.
Y ya con esto hemos avanzado algo. Hemos aprendido a perder conservando una postura sólida y creemos en la eficacia de una desesperación permanente.
Recomencemos: estamos acostados bocarriba (en realidad la posición perfecta para crear es la de un ahogado semienterrado en la arena). Llamemos cielo a la nada, esa nada que ya hemos conseguido situar. Pongamos allí la primera mancha. Contemplémosla fijamente. Un pestañeo puede ser fatal. Este es un acto intencional y directo, no cabe la duda. Si logramos hacer girar la mancha convirtiéndola en un punto móvil el contacto estará hecho. Repetimos: desesperación, asunción del fracaso y fe.
Este último elemento es nuevo y definitivo.
Llaman a la puerta. No importa. No perdamos las esperanzas. Es cierto que se borró el primer grumo, se apagó la luz de arriba. Pero se debe contestar, desesperadamente, conservando la posición correcta (bocarriba, etc.) y llenos de fe: ¿quién es?
Con seguridad el intruso se habrá marchado sin esperar nuestra voz. Así es siempre. No nos queda sino volver a empezar en el orden señalado.

Valses y otras falsas confesiones

(1964 –1971)

 

Valses

No sé si te amo o te aborrezco
como si hubieras muerto antes de tiempo
o estuvieras naciendo poco a poco
penosamente de la nada siempre.

Porque es terrible comenzar nombrándote
desde el principio ciego de las cosas
con colores con letras y con aire.
Violeta rojo azul amarillo naranja
melancólicamente
esperanzadamente
absurdamente
eternamente.

Una mujer joven y su hija muy pequeña (las recuerdo
perfectamente, la niña tenía un abrigo rojo sucio y pesa-
das botas de goma) me empujaron para ser las primeras
en presenciar el espectáculo.
Yo estaba en Bleeker Street, con un pan italiano bajo el
brazo. Primero escuché sirenas, luego cerraron la calle
que dejé atrás. Alguien se había arrojado por una ventana.
Seguí caminando. No pude evitarlo. Iba cantando.
“Mi noche ya no es noche por lo oscura”
A unos cuantos pasos de esa esquina de esa casa, bajo
esa misma ventana alta y negra, la noche anterior ha-
bía comprado salchichas y cebollas. Era una noche muy
fría, tres muchachas tocaban jazz en la acera y un es-
cocés con barba, un escocés auténtico, llevaba por el
talle a una menuda japonesa. Parecían verdaderamente
enamorados.
Esta mañana también era muy fría. Había nieve sucia,
irreconocible. Un ebrio dormía profundamente, como un
ángel, en la escalera de un sótano. Al lado, en la vitrina
de una tienda de modas, un formidable sol de cartón
sonreía.

Vienes entonces desde mis entrañas
como un negro dulcísimo resplandor
así de golpe.
Un río de colores entre sombras
sombras que me deslumbran
colores que me ciegan
criaturas del alma.
Naces como una mancha voraz en mi pecho
como un trino en el cielo
como un camino desconocido.
Mas luego retrocedes te agazapas
y saltas al vacío
y me dejas al filo del océano
sin sirenas en torno
nada más que el inmundo el bellísimo azul
el inclemente azul
el deseo.

“Juguete del destino”

El negro me dio el alcance.
—Give me a quarter.
—No hablo inglés, no tengo plata.
La palma de su mano extendida era rosada y la
línea de su vida parecía un corte, una cicatriz que
se perdía bajo el puñal deshilachado.
—No entiendo,
—Give me Money… Son of a bitch
Me alejé. Se quedó parado, con las piernas abiertas,
hundidas entre la nieve sucia, maldiciéndome.
Al voltear la esquina encontré la plaza desierta.

“Tú débil hermosura”

Hedores y tristeza
devorando paraísos de arena
sólo este subterráneo perfume
de lamento y guitarras
y el gran dios roedor
y el gran vientre vacío.
(¿Cuál de tus rostros amo
cuál aborrezco?
¿Dónde nací
en qué calle aprendí a dudar
de qué balcón hinchado de miseria
se arrojó la dicha una mañana
dónde aprendí a mentir
a llevar mi nombre de seis letras negras
como un golpe ajeno?)

Había un sol débil en Washington Square, muy débil.
Los árboles parecían alambres retorcidos y luego estira-
dos a la fuerza; como si los hubieran puesto entre dos
vidrios amarillos. Desde lejos me hacían pensar en deli-
cadas columnas vertebrales de insectos. Bonita cosa:
huesos de insectos. El bar que había frente a casa estaba
cerrado con un inmenso candado negro. Me di cuenta de
que era domingo.

Siempre amé lo confieso
tus paredes aladas transparentes
con enredaderas de campanillas
como en Barranco cuando niña
miraba a una pareja besarse bajo un árbol.
Tras la ventana adorada de mi fiebre
mi enfermedad llena de espejos
donde yo era todo a un tiempo
el árbol la caricia
la sombra que ocultaba el rostro de los amantes
y la tarde abriéndose como una fruta otoñal
sobre el acantilado a la izquierda
como para enseñarme que el crepúsculo
llega primero al lado del corazón.

Hogueras en un huerto
donde las horas danzaban sin prisa.
El minuto era eterno.
¡Qué misteriosas voces!
¿Por qué cantaban entonces?

Esperé que cambiara la luz. Ningún auto venía. Sólo un
ciclista pasó cantando muy fuerte, con voz de tenor. Tenía
anteojos, una bufanda roja que flotaba, y la voz salía
como humo de su boca. La escuché hasta que se perdió,
cada vez más delgada y clara, en la larga y estrecha de depósitos clausurados.

La última palabra que escuché fue corazón. Era una
canción de Frank Sinatra.

La plaza continuaba desierta. Miento. Muy lejos, casi
junto al arco, exactamente entre la fuente y el arco, cami-
naba un ciego. Me di cuenta de que era ciego porque
llevaba un bastón blanco y tenía el aire de no ir a ningu-
na parte. Me puse los anteojos para ver bien al ciego.
No me había equivocado, estaba dando vueltas alrede-
dor de la fuente

“En tu recuerdo vivo”

Desde lejos bajo el cielo del alma
donde nacen palabras que el amor ilumina
desde allí acostumbraba a cubrirte de joyas
hiriendo tu invisible descolorido seno
con mis dardos de fuego.

Con qué dulzura apartaba
ese velo de lágrimas ausentes
y descubría tu apretada boca
imaginando tu risa
el alba frente al puerto
las gaviotas tu bienvenida
el sol recién nacido
y los viejos perfumes del mar.

Todo era tuyo en ese cielo
maderas roja sal y un abrazo
de negras cuerdas que el viento rasga sin prisa.
Y peces y estrellas y medusas
y alguna barca con un nombre de niña
y la isla nacida tras el salto del bufeo.

Crucé la calle y sentí que el cielo era más oscuro a mi
derecha. A ese lado las torres más altas de Wall Street
parecían dibujadas con carbón, en un solo plano gris
lavado con delicadas manchas amarillas y rosas. Cuestión
de óptica, parecían un decorado de teatro.
Sabía que estaban muy lejos y, sin embargo, me parecía
también que se inclinaban peligrosamente sobre mi
cabeza.
Las puertas de vidrio giraron y reflejaron todo: la plaza,
El sol débil, las torres, el bar cerrado, el semáforo.

— Good morning Mrs Szyszlo.
—Buenos días Joe.
—Nice weather!
— Sí, Joe. Es un lindo día.

Hoy prisionera en tu vértigo gris
dentro de ti
no sé si te amo o si aborrezco
el rosa exangüe de tu carne
tu degollado resplandor
el río de ojos muertos que jamás te posee
su polvorienta melodía de guijarros
el verano de frutas corrompidas
tus llagas sin cubrir
el negro milagro de tu frente
hinchado de vacío
mendiga que me acosas con el corazón en los dientes
acusándome del crimen cometido en sueños.
No sé si te amo o te aborrezco
porque vuelvo
sólo para nombrarte desde adentro
desde este mar sin olas
para llamarte madre sin lágrimas
impúdica
amada a la distancia
remordimiento y caricia
leprosa desdentada
mía.}

Canto villano

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos

Flores para el oído

En todas partes hay flores
acabo de descubrirlo escuchando
flores para el oído
lentas silenciosas apresuradas
flores
para el oído

caminando por la calle
que un hombre rompe con un taladro
sentí el horror de la primavera
de tantas flores
………………….abriéndose en el aire
y cerrándose
de tantos ecos
                     negros rizados pétalos
arrastrándose
                     hasta el borde del mar de tierra
                     recién abierto
sé que un día de estos
                     acabaré en la boca de alguna flor

Camino a Babel

I

un alma sí un alma que anduvo por las ciudades
vestida de perro y de hombre
un alma de gaznápiro

               pájaro errante que acostumbra anidar
               a la intemperie a la hora precisa de
               las catástrofes y de las grandes migraciones

pájaro de la urbe
pájaro de la cocina
escoria azul de la mañana que interrumpe
nuestras meditaciones nocturnas

un súbito un impensado un imperioso cacareo
de pajarraco solar encaramado en el árbol mañanero
que destila café instantáneo
y angustia

               hiel áurea amarga conciencia ausencia
               automática de dios inminencia de la mirada
               extraña y delimitadora
               orfandad amorosa

II

si yo encontrara un alma como la mía
eso no existe
pero sí la musiquilla dulzona y apocalíptica
anunciadora del contoneo atávico
sobre el hueco y el tembladeral

y la carne dormida
                             sobresaltada
mar perseguido mar aprisionado mar calzado
con botas de 7 leguas
7 colores 7 colores 7
cuerpo arco iris
cuerpo de 7 días y 7 noches
que son uno
camaleón blanco consumido en el fuego
de 7 lenguas capitales

mar settimana

cuerpo orilla de todo cuerpo

pentagrama de 7 notas exactas

repetidas constantes invariables

hasta la consumación del propio tiempo

ergo

1…..detén la barca florida

2…..hunde tu mano en la corriente

3…..pregúntate a ti mismo

4…..responde por los otros

5…..muestra tu pecho

6…..da de tu mar sediento

7…..olvida

amén

III

pero sucede que llegó la primavera y decidimos echar
…..abajo techos y paredes sitio sitio para el cielo para sus
…..designios dormidos con los animales a campo raso
…..juntos el uno sobre el otro el uno en el otro.
…..soledad infinita del amor bajo toda luz.

y desperté a la mañana siguiente con su cabeza sobre mis
…..hombros ciega por sus ojos…..bianca alucinatta tutta.

a césar lo que le pertenece y al cielo la espalda sacudida
…..por el amor y el temor y el tedio y la esperanza, etc.
pasó a toda máquina la primavera    pintando

la casa estaba intacta ordenada por sus fantasmas
…..habituales.

el padre en el sitio del padre la madre en el sitio de la
madre y el caos bullendo en la blanca y rajada sopera
familiar hasta nuevo mandato

IV

y sucedió también que
fatigados los comediantes
se retiraron hasta la muerte
y las carpas del circo se abatieron ante el viento
implacable
de la realidad cotidiana.

y si me preguntan diré que he olvidado todo
que jamás estuve allí
que no tengo patria ni recuerdos
ni tiempo disponible para el tiempo.

que a veces
me despierta una mirada
que ávidamente se traga la oscuridad
y que esos ojos azules son restos de alguna luz
restos de algún naufragio
signos del deseo
y de la agonía del deseo.

y que nosotros
los poetas los amnésicos los tristes
los sobrevivientes de la vida
no caemos tan fácilmente en la trampa
y que pasado presente y futuro
son nuestro cuerpo
una cruz sin el éxtasis gratificante del calvario
y que no hay otra salida
sino la puerta de escape que nos entrega
a la enloquecedora jauría de nuestros sueños
nosotros o ellos
acertijo joker moneda perdida en el aire.

tibios temblorosos nonatos
sin estirpe ni prole
dispuestos siempre.

V

aquí un alto en la jornada al escoger una marcha
…..militar un sorbo de cualquier bebida gaseosa de
…..preferencia cerveza cualquier necesidad física al aire
…..libre…..cigarrillos abandono y goma de mascar

VI

y cuando ya
en el piso del vértigo como una tórtola de ojos dulces y rojos
…..…..…..…..…..…..…..…..…..…..…..…..…..empollas
meciéndote en el andamio que cruje
qué puede importarte.
nada te toca
ni la nube cargada de eléctrica primavera
que envidiabas no hace mucho
ni el recuerdo satinado obsesivo
del pecho que te hechizaba desde lejos
ni los pregones callejeros
de la putañera fortuna
que te invitaba a bailar
…..…..…..…..…..algunas noches de ronda.

harta de timo y de milagros
de ensayar el trapecio hasta la parálisis
de la iniciación de cada día
de haberte tragado el sapo con la sopa
el sapo de la náusea pura
y el sapo de la náusea práctica
…..…..…..…..…..et alors.
ya no te queda nada
de los dones de las hadas
sino tu hipo melancólico
y tu ombligo pequeño y negro
que todavía no se borra
centro del mundo…..centro del caos y de la eternidad
como las líneas de tu mano
por donde corren ríos inmemoriales
y cataratas de tus ojos al firmamento
como única urdimbre de la realidad
oro de lágrimas
y grima de oro
y tu lengua de mil traiciones
cerrada y dulcísima
como un dátil o una aceituna

como en las coplas de los ciegos
hay un relente obcecado de eternidad y miseria.

VII

ayúdame mantra purísima
divinidad del estómago y el píloro.

si golpeas infinitas veces tu cabeza
…..…..…..…..…....…..contra lo imposible
eres el imposible
el otro lado
el que llega
el que parte
el que entiende lo indecible

el santo del desierto que se traga la lengua
el que vuelve a nacer forzando a la madre
…..…..…..…..…..…..…..…..…..de su madre
el nadador contra la corriente
el que asciende de mar a río
de río a cielo
de cielo a luz
de luz a nada.

El libro de barro

(1993 – 1994)

[Hundo la mano en la arena…]

HUNDO LA MANO EN LA ARENA y encuentro la vértebra perdida. La extravío al instante. Sombra de marfil, desgranada. Mi padre sonríe. De este lado del mar la espuma es oscura. Huele a fiera me dice la pequeña amiga. El mar huele a vida y a muerte le respondo, supongamos que es así.

La salud aferrada a la roca. Piedra sensible a la luz. El cazador carece de manos y pies. Es ciego y desea. Y su deseo es el bosque bajo el agua, poblado de sexos en flor o de flores maestras que horadan el silencio con sus grandes picos rojos y lentos.

[Poemas. Objetos de la muerte]

Poemas. Objetos de la muerte. Eterna inmortalidad de la muerte. Algo así como un goteo nocturno y afiebrado. Poesía. Orina. Sangre.

Muerte fluyente y olorosa. Gran oído de Dios. Poesía. Silenciosa algarabía de corazón.

Concierto animal

(1999)

[Mi cabeza como una gran canasta]

Mi cabeza como una gran canasta
lleva su pesca
deja pasar el agua mi cabeza
mi cabeza dentro de otra cabeza
y más adentro aún
la no mía cabeza 

Mi cabeza llena de agua
de rumores y ruinas
seca sus negras cavidades
bajo un sol semivivo 

Mi cabeza en el más crudo invierno
dentro de otra cabeza
retoña

[La muerte se escribe sola]

la muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada

trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
no se borran
no se borran
no se borran

[Si me escucharas]

si me escucharas
tú muerto y yo muerta de ti
si me escucharas

hálito de la rueda
cencerro de la tempestad
burbujeo del cieno

viva insepulta de ti
con tu oído postrero
si me escucharas

[Morir cada día un poco más]

morir cada día un poco más
recortarse las uñas
el pelo
los deseos
aprender a pensar en lo pequeño
y en lo inmenso
en las estrellas más lejanas
e inmóviles
en el cielo
manchado como un animal que huye
en el cielo
espantado por mí

El falso teclado

(2000)

Así debe ser

Así debe ser el rostro de dios
el cielo rabiosamente cruzado
por nubes grises, violetas
y naranjas
y su voz
el mar de abajo
diciendo siempre lo mismo
tan monótono
tan monótono
como el primer
y el último día