ARTURO FRUTTERO – FRUTTERO SE VA AL CAMPO

ABRIL-19

 

ARTURO FRUTTERO
(1909-1963)

Nacido en Tortugas, estudió en Cañada de Gómez, Córdoba y Rosario. Allí estudió Farmacia y se instaló, formando parte activa de la vida cultural de la ciudad. Su erudición en varias lenguas, su rigor de ensayista, sus traducciones y la amistad que mantuvo con Francisco Romero, Antonio Camarasa, Ardoino Martini o Hugo Padeletti lo convirtieron en dinámico protagonista de la cultura rosarina. “En la Oficina Química Municipal –escribe Osvaldo Aguirre– tuvo también su momento de repercusión, cuando se vio envuelto en un conflicto con la empresa Coca Cola. Según recuerdan familiares, el motivo de la polémica era la exigencia de que se especificara la inclusión de cafeína entre los componentes de la gaseosa”. La discusión terminó con un retiro anticipado de Fruttero, quien tuvo que desempolvar el título de farmacéutico y emigrar a Campo Veira, Misiones, donde permaneció por dos años. Murió en Colonia Belgrano.

“Fruttero se va al campo” es uno de los poemas más conocidos de Arturo Fruttero y tiene su origen en la circunstancia comentada más arriba. La fórmula de enumerar todo lo que se lleva –todo lo que, de algún modo, es– no por remanida deja de ser efectiva. Recuerda, en cierto modo, al Borges del “Poema de los dones” y del “Otro poema de los dones”, pero también a cientos de otros ejemplos análogos que, por amontonamiento de personas y objetos heteróclitos, permiten reconstruir la vida y la obra de un individuo.

J.F.

FRUTTERO SE VA AL CAMPO

Respondióle el marinero
tal respuesta le fue a dar:
–Yo no digo mi canción
Sino a quién conmigo va
“Romance del infante Arnaldos”

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Fruttero se va al campo.
Se va con Sastre, Platón y la teoría de la relatividad, con las
investigaciones de Sommerfeld sobre los rayos espectrales
y los estudios de Sir Jadadish Chandra Bose
sobre el mecanismo nervioso de las plantas.

Se va con Whitman, se va con Hegel, se va con Montaigne.
Le acompañan el libro tibetano de los muertos, más conocido
por el Bardo Thodol, como asimismo el libro egipciano
de los muertos, junto con una gramática egipciana.

A un lado van Espina, Salinas, Cernuda, Diego, Guillen y Aleixandre.
En su corazón lleva a Negrita y en centro del pecho a Camarasa
Se va acordándose de Martíni, de Romero y de otros amigos que lo amaron.
Santa Teresa le vela, Santa Catalina le ilumina, San Juan de la Cruz le canta.
Atrás quedan la génesis de los organismos de Hertroig y las teorías culturales de Frobenius.
Lleva a ese loco lindo de Marx, precedido por Feuerbach, y
Seguido por Engels, Lenin y Stalin, y un paso más atrás el réprobo de León.

Va de “La Recherche du Temps Perdu”, para no olvidar el clima de invernadero de Marcelo,
y trascurrida la odisea de “Ulysses” proseguirá con el paseo del desatado de Finnengan.

Como ilustraciones lleva al Gineceo Rouveyre, a Spilimbergo,
a Van Gogh, siempre buen amigo, y a Fra Angélico;
también lleva al viejo Brueghel y a van der Delft; a Carpaccio y a Meng.

No olvidará a Girondo; ni a Neruda, el más grande poeta
chileno, ni a Huidobro, el más grande poeta chileno; ni a
Gabriela, el más grande poeta chileno.

En sus soliloquios se acompañará con las teorías del agua
pesada y la hipótesis tripartita acerca de la expansión del universo.

Lleva una fotografía del Museo Juan B. Castagnino, pues no podría llevarse al Museo consigo,
Y como no puede robarla, tratará de conseguir la plaqueta de la Donación Castagnino.

En un termo lleva agua del Paraná a fin de saborear la temperatura exacta de su río
y en una caja un trozo de asfalto para auscultar el perfume exacto de su ciudad.

Se va al campo con el bizantismo de Husserl, siempre edificante,
Y los melodramas de Heidegger, siempre regocijantes.

Una edición de Manava-Dharna-Sastra y un ejemplar del Corán irán colocados a su lado.
Adelante irán la Biblia y los Discursos de Buda,
Principe de Kapilavastu, Siddartha Gautama.

Dejará un lugar para un arabista insigne, Miguel Asín Palacios,
Y otro lugar para fray Bernardino de Sahagún, con quien
desea estrechar amistad a propósito de sus memorias sobre el Antiguo México.

Llevará la Endocrinología de Pende para las disfunciones humorales,
y algún diccionario vitamínico para las alternativas de la dieta.

Bueno es que lleve a Pareto para estudiar la sociología del agro,
Y a Simmel para la sociología más íntima de la persona.

Como antídoto de soledades lleva los poemas de Fausto
Y puesto a la defensa contra la angustia, la lírica honda de Sabat.

Una escultura de Paino le hablará sobre la elocuencia del  volumen,
Y una muñeca de chala, regalo de Leticia, bailará a lo largo
de su viaje, en vilo de la gracia alada que la animó a la vida.

Cuadros de amigos no lleva, pero sí algunos libros dedicados.
Muchos amigos sí deja, empero él se aleja alegrado.

Se va con Fulano, Zutano y Mengano.
Se va con todos, con etcétera, etcétera.

Ha adivinado un secreto
Y con su secreto
Se va