Notas desordenadas sobre la ciudad de Leonard Cohen | Agustín Mazzini

“Montreal es solitaria. En invierno, las calles poco iluminadas se suceden en una arquitectura que balancea toda la mezcla de naciones que han ido poblándola: franceses, ingleses, irlandeses, escoceses. El ambiente es, al mismo tiempo, grave, sensual y secreto. Sin ninguna duda, Cohen se pasó la vida escribiendo esta ciudad. Es ella es la marca que lleva en la frente la voz cansina y densa que repetía I’m your man.”


Agustín Mazzini¹

I.

Yo soy de Toronto, pero me acuerdo de que cuando vine a vivir aquí, estaba segura de que un día entraría a un bar y allí estaría, dice Sandra. Afuera, la nieve corre como un animal salvaje y sepulta cada uno de los jardines que anteceden a las casas y a las escaleras (siempre del lado a la calle). Es una sábana fría y blanca que lo cubre todo.

Montreal es solitaria. En invierno, las calles poco iluminadas se suceden en una arquitectura que balancea toda la mezcla de naciones que han ido poblándola: franceses, ingleses, irlandeses, escoceses. El ambiente es, al mismo tiempo, grave, sensual y secreto. Sin ninguna duda, Cohen se pasó la vida escribiendo esta ciudad. Es ella es la marca que lleva en la frente la voz cansina y densa que repetía I’m your man.

Finalmente, eso nunca sucedió… pero sí, cuando falleció, fui a encender velas a la puerta de su casa. Había mucha gente. Todos juntos cantábamos sus canciones… fue muy emocionante. Y detrás de la ventana del departamento 207 de la Cooperative L’habitation Lezarts, la noche cerró la boca.

II.

La tranquilidad es tanta que parece que el tiempo estuviera detenido; especialmente en los pequeños apartamentos del complejo de la cooperativa. Alejados del ruidoso y comercial Dowtown, en el barrio Sainte-Marie, en los pasillos sobrevuelan conversaciones en francés, en inglés, en español, con acento mexicano, belga o parisino. Se habla de cine, se invita a exposiciones de artes visuales, se pasan folletos de presentaciones en St. Denis. Todos los que allí residen son artistas.

La vida cultural de Montreal es agitada. Los québécois son inquietos y abiertos y en el Plateau Mont-Royal es el principal testigo de ello: veredas anchas de una Nueva York sosegada y, al fondo, rascacielos como torres de Babel de la modernidad. Detrás, un bosque que observa el pulso de la tarde impreso en todas las ventanas, puertas pintadas de naranja con barandas rojas. Y cines, arte moderno, lecturas de poemas, espectáculos al aire libre. Un ánimo de mesurado entusiasmo se percibe en las caras, en el buen gusto del vestir. La belleza se anda mostrando sin complejos.

III.

Igual que una serpiente se arrastra por la arena, Boulevard St. Laurent zigzaguea por la mitad de Montreal partiéndola en dos. Encendida de bares de jazz, discotecas, librerías. Jóvenes, bohemia, humo de marihuana a trasluz del neón. Fue aquí, entre estos negocios, estas luces y este aire, que un mito se hizo la fama: estudiante de literatura de la universidad de McGill, leía los poemas que integrarían su primer libro: Let us Compare our Mitologies, escrito en esta ciudad durante su adolescencia y su juventud más temprana.

“Igual que una serpiente se arrastra por la arena, Boulevard St. Laurent zigzaguea por la mitad de Montreal partiéndola en dos.”

Cohen está vivo en este lugar. Es un halo que recorre los parques, las esquinas, las avenidas, a través de la escarcha colgando congelada desde los techos. Cohen es un estar, además de un tema de conversación con los habitantes que, no sólo sin molestia sino con orgullo, responden sobre él. Es un signo de su identidad. Será por eso que cada uno de esos parques, esquinas, avenidas y personas tienen algo para decir sobre él: alguna anécdota, un recuerdo, inclusive el cartel de la calle Marie-Anne que en una de sus interjecciones cuenta con el agregado: So long, Marie-Anne, and Leonard.

IV.

Mi novia había hecho un viaje de negocios a Los Ángeles y esperando su vuelo de regreso se lo encontró. Todos los miraban, pero nadie se atrevía a hablarle Entonces ella se acercó y dijo: –Señor, voy a la máquina a buscar un té, ¿quiere que le traiga? –Sí, muchas gracias…–¿Qué está mirando en su computadora? –Un documental… este sitio web es excelente, pero es ilegal –No me diga que usted no paga para ver las películas… –Bueno… a veces pago, pero…”. Jean-Sébastien estaba por terminar la chistosa anécdota, cuando el simpático mozo interrumpió con un inglés de marcado acento francés –¿Todo bien, señores?

Schwartz’s es un pequeño restaurante judío en pleno Boulevard St. Laurent que cumple con todos los requisitos de los locales tradicionales: décadas en el mismo lugar, una arquitectura que se mantiene de igual forma que cuando se construyó, un olor a comida característico. En sus mesas comieron Celine Dion, Xavier Dolan, Mick Jagger. Detrás de la barra principal, se ven las fotos con estos y otros personajes más. Allí también está (con el mesero que nos preguntó minutos antes) nuestro poeta.

DICIEMBRE
Notas desordenadas sobre la ciudad de Leonard Cohen | ©Agustín Mazzini

V.

Noémi presentaba su primer libro a inicios de marzo. La conocí en el bar Darling de St. Laurent (Ah, el bar hípster, respondió Sandra cuando le hablé del lugar). Estaba entre la luz baja de las mesas y el aire de charlas en español, inglés, francés, entre los meseros. La barra en el centro, con un techo de copas dadas vuelta y barman que agitan cócteles. Se abrían notebooks, el métrie designaba y acompañaba a su ubicación a quienes entraban. Todo es color madera con unos cuadros y una decoración mitad moderno mitad posmoderno.

Sí, he leído su poesía… concuerdo con que es mucho más poeta que músico. Tres años, llevaba trabajando en su primera obra.”

Creo que su casa está más allá del parque… ¿Si es un museo? No, definitivamente no. Aún la siguen usando sus hijos y sus descendientesSí, he leído su poesía… concuerdo con que es mucho más poeta que músico. Tres años, llevaba trabajando en su primera obra. Dejame tu número para que te invite a la presentación. Como suele suceder en estas ocasiones nunca más volvimos a vernos, pero ella conocía a quien yo quería que conociera.

VI.

En la estación de metro Mont-Royal, músicos callejeros. Acordes de Pink Floyd y baladas en francés, a la hora en que el mediodía se llena con el gesto de los que se cierran el abrigo y salen a la calle, o con el humo que escapa, como un fantasma, de las risas de los adolescentes, y mujeres con hiyab, y puestos de comida. Todo podría ser una imagen, una metáfora, una ironía en un poema de Cohen.

Hola, Agustín, soy Jean-Sebástien. Estoy aquí, como dijimos, ¿quieres venir? Toma un taxi, yo tengo algo de dinero.

Solo nieve mezclada con silencio. Del otro lado del cementerio, las mansiones. Agentes de bolsa, grandes comerciantes, dueños de complejos inmobiliarios, residen en ese barrio cuya arquitectura parece haber sido sacada del siglo XIX. Las grandes arcadas de mármol, los balcones con esculturas, árboles sin hojas, desnudos, envueltos en frío.

Vení, es por acá.

DICIEMBRE
Notas desordenadas sobre la ciudad de Leonard Cohen | ©Agustín Mazzini

VII.

Laura Bari es una directora de cine argentino-canadiense. Su casa da a un paisaje con fama de ser el más hermoso de Norteamérica. El disco Artaud sobre una mesa de dibujo, libros en francés y español, ordenados por colores. Un piano desafinado en el living, Radio-Canadá sintonizada en el comedor y un histrionismo que se le cae de los gestos y de las manos y del tono de la voz al hablar de la Nouvelle Vague. Abre un libro (un compilado de Cahiers du Cinéma) y empieza: Mirá, mirá, mirá… acá están: van desde sus primeras influencias, Nicholas Ray, Hitchcock, los primeros títulos. Y se nombra el estilo de Kurosawa, y cuenta de un encuentro con Wim Wenders, la gestación de su documental Primas. Según parece, compartimos el fanatismo por el cine.

¡Claro que lo conozco, vamos a tocarle el timbre! Jugaba con mi hija, cuando era chiquita, fui a fiestas en su casa. Se refiere a Armand Vaillancourt, un escultor de noventa años que actualmente maneja… a ver, si no está la camioneta roja es que se fue…Fue íntimo del trovador y quien le presentó a Suzanne. De hecho, era su marido cuando Cohen empezó a salir con ella.

Ahora comprendo… Suzanne te lleva abajo/ hacia su lugar cerca del río./ Puedes oír las barcas pasar. Es el río Saint Laurent, en el Old Port, estuve allí un día que nevaba con ferocidad a través del neón de los anuncios y los restaurantes (trampas para turistas que van a gastar dinero). (…) de los almacenes del Ejército de Salvación. A la salida del metro Peel, apareció un vagabundo, pidiéndome alguna ayuda para poder pasar la noche en un cuarto de, precisamente, el Ejército de Salvación. Porque has tocado su cuerpo perfecto con tu mente. Y sí, era la esposa de su amigo. 

Ah… entonces la canción Famous Blue Raincoat es la carta que quisiera que Armand le hubiera escrito a él, ¡por lo de Suzanne! Y la novia de Jean-Sébastien asintió con la cabeza en un restaurante portugués sobre (por supuesto) el Boulevard St. Laurent. En dos días estaba partiendo, y miré por última vez las luces, las discotecas, la bohemia, las cataratas de nieve derretida cayendo desde los parques.

IX.

Qué fría está tu tumba. Dos corazones se juntan para formar la Estrella de David. Hace frío y nieve. Leonard, yo me llamo febrero como vos. Qué tarde llegué. Amante de Joplin, trovador judío, poeta, monje. ¿En serio estás ahí? ¿Debajo de la tierra? ¿Cómo se siente la muerte? ¿Se parece a una canción o a un poema? Hace frío, hace nieve, ¿de verdad estás ahí? Te conocí a los diecisiete años y quise ser como vos, y después, como vos, quise ser Lorca. Recorriste el mundo, ¿para quién cantabas? Al lado de Mont-Royal estás ¿Fuiste un sueño que salió de estas calles, de estos semáforos? ¿Yo llegué acá o vos me trajiste? Hace frío, hace nieve, y la muerte es tu último escenario.

DICIEMBRE
Notas desordenadas sobre la ciudad de Leonard Cohen | ©Agustín Mazzini


¹ Texto e Imágenes de  Agustín Mazzini | Buenos Aires Poetry 2019. 

Agustín Mazzini (1993, Buenos Aires). Poeta y estudiante. Primer premio del “Concurso Nacional Homenaje a Jorge Luis Borges” de la Fundación ProArte de Córdoba (Argentina, 2015), Premio Nacional para Jóvenes Poetas “Bustriazo Ortiz” (2017) y finalista del I Premio Hispanoamericano de Poesía “Francisco Ruiz Udiel” (2017). Autor de El cielo no termina de quemarse (2017). En el año 2018 condujo el programa de poesía “Puentes de papel”. El mismo año fue becado por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina en convenio con el Conseil des arts et des lettres du Québec, para una residencia en Montreal entre enero y marzo de 2019, a fin de terminar su próximo libro de poesía. En 2019 ofreció en la Université du Québec à Montréal la conferencia Poesía argentina del siglo XX. Algunas de sus voces, corrientes y movimientos.