El violín del diablo (1926) | Raúl González Tuñón

«En lo que hace a las mezclas de códigos y a las contaminaciones en el lenguaje de El violín, además de cuestionar implícitamente la “pureza” y la homogeneidad postuladas por la poética hegemónica de Lugones, este primer González Tuñón, al no limitarse a revalorizar palabras, arrabales, tangos o elementos lunfardos, logra resolver una peculiar estética de lo fragmentario mereciendo que Carlos de la Púa lo sitúe entre los poetas vanguardistas de esos años que postulaban una nueva versión mucho más dinámica (arqueada y, por ahí, desalentadora) de los espacios urbanos (…). El violín, en ese sentido, puede leerse como una exaltación poética de “los porteños al margen de la ley” cuya clandestinidad fascinante si en una primera inflexión remite a las “sociedades secretas” de Arlt (cuestionadoras de la sociedad oficial), en un segundo repliegue insinúa una invitación al viaje imaginario a partir, sobre todo, de Eche veinte centavos en la ranura, el poema más “notorio y canalla” de esa colección de apertura (…). Es así como el ágil, exasperado e irreverente cuestionamiento de lo doméstico y de la rutina aparece en el dorso que exalta lo trashumante, ademán que se va prolongando en fervor por “los paisajes fantásticos de lejanos países (…). Se sabe: aparte del primer Bretch, si algunas resonancias colorean todo este espacio marginal, estridente y abigarrado Verlaine, y desde ya que Baudelaire, pero sobre todo François Villon que se finge cínico, amante excéntrico y ladrón para escandalizar a las almas bellas.»

David Viñas ¹


 

ECHE VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA ²

A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosa
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

II

Lamparillas de la Kermesse,
títeres y titiriteros,
volver a ser niño otra vez
y andar entre los marineros
de Liverpool o de Suez.

III

Teatrillos de utilería.
Detrás de esos turbios cristales
hay una sala sombría.
Paraísos artificiales.

IV

Cien lucecitas. Maravilla
de reflejos funambulescos.
¡Aquí hay mujer y manzanilla!
Aquí hay olvido, aquí hay refrescos.
Pero sobre todo mujeres
para hombres de los puertos
que prenden como alfileres
sus ojos en los ojos muertos.

No debe tener esqueleto
el enano de Sarrasani,
que bien parece un amuleto
de la joyería Escasany.
Salta la cuerda, sáltala,
ojos de rata, cara de clown
y el trala-trala-trálala
ritma en tu viejo corazón.

Estampas, luces, musiquillas,
misterios de los reservados
donde entrarán a hurtadillas
los marinos alucinados.
Y fiesta, fiesta casi idiota
y tragicómica y grotesca.
Pero otra esperanza remota
De vida miliunanochesca…

V

¡Qué lindo es ir a ver
la mujer
la mujer más gorda del mundo!
Entrar con un miedo profundo
pensando en la giganta de Baudelaire…
Nos engañaremos, no hay duda,
si desnuda nunca muy desnuda,
si barbuda nunca muy barbuda
será la mujer.
Pero ese momento de miedo profundo…
¡Qué lindo es ir a ver
la mujer
la mujer más gorda del mundo!

VI

Y no se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.


¹ Extraído de David Viñas, “Cinco entredichos con Raúl Gonzáles Tuñon”, Literatura Argentina y Política, Santiago Arcos, Buenos Aires, 2017 | Selección de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2019. 

² Extraído de Raúl González Tuñón, Poesía reunida, Planeta, Buenos Aires, 2011.