“desde Adrogué, refutar a los críticos más temidos de Cambridge” | Jorge Luis Borges

COLUMNA_JUAN-04

Jorge Luis Borges

(1899-1986)

Todo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecerá a la tradición argentina.

No podríamos concebir una literatura argentina sin Borges, como tampoco una poesía estadounidense sin Whitman. Algunos escritores llegan para cortar la madera.
Recuerdo visitar la Librairie Rimbaud en Charleville, ubicada a una cuadra de Place Ducale, y encontrar un gran libro de él ubicado sobre uno de sus estantes. O visitar librerías en Londres o Edimburgo, y siempre encontrar al mismo (y único) autor argentino.
No cuento las cosas como si esto alcanzara para justificar su nombre. Las carreras literarias comienzan y terminan a partir de las amistades que un escritor hace con otros escritores. Borges profesó esta idea, y sospecho que a él le ocurrió lo mismo que a mí con sus grandes maestros.
Lo cierto es que fui a Charleville a buscar otra experiencia o formación, alejada del programa literario promovido por él, así como a Londres o Edimburgo, y otros tantos lugares. Y a decir verdad, perseguía otras lecturas, muy distantes a mi experiencia como lector de Jorges Luis Borges. Era tiempo de tallar la madera cortada.
¿Por qué Ficciones es su libro más reconocido en el extranjero? ¿Por qué no su poesía? ¿Por qué no sus ensayos? Hacen falta estudios de recepción de género de la obra de Borges, estudios de mayor amplitud, con mediaciones más vastas.
Borges tuvo la capacidad de ser argentino, fundamentalmente argentino, y desde Adrogué refutar y leer a los críticos más temidos de Cambridge, como Frank Raymond Leavis. O bien la capacidad comenzar un relato desde los lugares más sórdidos de nuestra ciudad, como Plaza Constitución, para escribir un cuento posteriormente publicado en la eternidad, y que hoy vale tanto como uno de Chesterton o Stevenson. Creo que esto es lo más admirable de su trabajo: el hecho de haberle otorgado a un hemisferio explotado y devastado su paraíso perdido.
Luego de leer toda su obra, y pensar en la omisión de emergencias relevantes para su propia doctrina estética, en sus posteriores clases publicadas de la Universidad de Buenos Aires encontré su específico interés y estudio de las doctrinas de Ezra Pound. De la misma forma, y pese a su clara cercanía a los versos Paul Verlaine, existen anécdotas que evidencian su no “reconocida” admiración por Rimbaud. Nadie podría recitar de memoria “El barco ebrio” (25 cuartetos en hexámetros) sin realmente haber escuchado de cerca las voces de oro viviente.
Uno de los textos que más admiro de Borges es “Los escritores argentinos y Buenos Aires”, un borrajeo de notas escritas en Adrogué, concebidas sin libros de consulta. Intento lo mismo.
Escribo desde el Borges de la experiencia, desde el “otro” Borges que incluso lo distanció de sí mismo. Al igual que él, todos formamos parte de esa madera.

76947464_583499785742480_7414182037680029696_n
Librairie RIMBAUD | Charleville-Mézières, Francia | 2015 | Foto de J.A.

 

 


Trobar clus | Columna de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry,  2019 | Imagen: Borges en París, Pepe Fernández.