Flagelo | Francisco Garamona

Francisco Garamona nació en Buenos Aires, en 1976. Es librero, músico y editor, entre otros oficios. Publicó más de cuarenta libros por editoriales argentinas e hispanoamericanas, entre ellos Nuestra difícil juventud (con dibujos de Vicente Grondona, 2013), Un tesoro local (2015), Odio la poesía objetivista (2016), Teatro gauchesco primitivo (con amigxs de la Internacional Argentina, 2017) y Hola (con Vivi Tellas, 2019) que salieron por Ivan Rosado. Grabó siete discos con sus canciones, que se pueden descargar gratis en garamona.bandcamp.com. Dirigió los documentales Sergio de Loof: El Monarca (2016); Juan José Cambre: todo lo que no hago mientras pinto (2017) y Marcelo Alzetta: Una baldosa renacentista (2020). Es miembro del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. Dirige la editorial Mansalva y la librería La Internacional Argentina. 

Flagelo

Hoy, en esta noche,
plagada de caminos
puedo decir que la droga
azotó duramente a mis amigos.
Los veía andar,
medio callados,
medio dormidos,
acaso sonriendo
en el borde de sus labios
un poco confundidos.
Sí, es que yo vi cómo la droga
azotaba a mis amigos.
Eran como niños, casi irreales,
trepando por el aire consumido,
eran como el plumaje que espera
por el pájaro todavía no nacido.
Parecían acordeones plegados en el viento
o conejos corriendo distraídos.
Tenían miedo, tenían sed,
necesitaban del mundo y de sus cosas.
Vi hoy, sí, cómo la droga
azotaba a mis amigos.
Yo intenté abrazarlos,
quería decirles que
estuvieran más conmigo,
pero ellos construían
como un domo infranqueable,
donde las cosas transitivas e irreales
adquirían de repente un gran sentido.
Igual no podía quedar indiferente,
o sumirme en la abstracción…
Todos eran escaladores de la angustia,
y reían y gritaban, tratando
de encontrar un pulso que los regulara.
Yo igual conocía esa gruta
donde ellos se internaban
para conversar suavemente
con esa media lengua pastosa
en la que intercambian sus mensajes,
de obviedad y de dolor…
El problema era el uno y el cero,
con su álgebra de vicisitud
siempre hambrienta de infinito.
Sumas y restas ansiosas
y también otras operaciones aritméticas
que tatuadas en sus huesos
daban un resultado malherido.
Calculadoras solares, motores
de flujo para ese rayo que acaso
los quemaba al volver a sus casas
para enfrentar por un segundo su debilidad…
Ay, sí, yo vi cómo la droga azotaba a mis amigos.

Voces

Parece que las noches son dispares,
alternando sueño y pesadilla.
Porque hay un gato muerto
proyectado en la sombra,
y dentro de las casas próximas
se oyen voces ahogadas.
Muy cerca flota un barco
de luces apagadas
que no se sabe si existe,
aunque en el río se sienta
su presencia año tras año.
Es como si las hojas del calendario
hubieran sido arrancadas
por la mano de una estatua pompeyana
pulverizada y sola,
pero que quiere volver…
Ceniza del cigarro
que forma al caer
una colina diminuta, plateada,
que va cubriendo con su humo
todas las viejas fantasías.
Creo que el gato muerto del principio
ahora vive plenamente en mí.
Es que yo lo vi crecer recién nacido…
Y siento cómo se alimenta
desde mi propia sangre
igual que antes lo hacía
con su plato de leche.

Extraído de Francisco GARAMONA, Para siempre, Ivan Rosado, Rosario, 2020 | Poesía Argentina | Buenos Aires Poetry, 2020.