Cinco poetas surrealistas de Tenerife, España (1931-1940) | IV: Domingo López Torres

Domingo López Torres nace en Santa Cruz de Tenerife (España), en 1910. La mayor parte de su vida transcurre en esta ciudad, con algunos breves viajes a otras islas: La Gomera y Gran Canaria. Pronto tiene que ponerse a trabajar y no concluye sus estudios de secundaria.

Sus primeros tanteos literarios aparecen en la revista Hespérides, donde colaboran Pedro García Cabrera, Eduardo Westerdahl, Emeterio Gutiérrez Albelo, Domingo Pérez Minik, Juan Ismael, entre otros. Cuando publica su primer poema, Domingo López Torres tiene dieciséis años.

Durante la segunda mitad de los veinte, forma parte del colectivo de vanguardia en Tenerife Pajaritas de Papel, grupo heterogéneo de escritores, pintores, músicos, actores, cantantes, directores de escena, etc., que realizan veladas artísticas y acciones teatrales. Este grupo fue pionero en el accionismo, en España.

En 1929, López Torres obtiene un accésit en el concurso convocado por la comisión de festejos de las Fiestas de Mayo de Santa Cruz de Tenerife. El poema premiado, «El jinete en la montaña», posee «resonancias lorquianas», como ha advertido Andrés Sánchez Robayna.

Durante el verano de ese año escribe un primer libro que nunca concluirá. Solo en vida llegan a aparecer dos poemas en Cartones. Se titula Diario de un sol de verano. Su primera edición se llevará a cabo en 1987, al cuidado de Sánchez Robayna, en el Instituto de Estudios Canarios. Este mismo profesor señala que se trata de «un libro inacabado, se advierte en él una sintonización con el espíritu de la época; un espíritu que, procedente del purismo juanramoniano, desemboca en el neopopularismo de algunos poetas llamados “del 27”»

En 1930, Pedro García Cabrera, Julio Antonio de la Rosa, José Antonio Rojas, Juan Ismael y el mismo López Torres fundan la revista Cartones, que solo tendrá un número. También, por esta época, colabora en Altavoz. Decenario de la Juventud Gomera, dirigido por García Cabrera. Pero tanto el grupo Pajaritas de Papel como los miembros de la revista Cartones sufren un trágico revés que les afecta profundamente. Julio Antonio de la Rosa y José Antonio Rojas fallecen en un accidente de barca. Solo Domingo López Torres, que viajaba con ellos, sobrevive. Pajaritas de Papel publica, en 1931, Tratado de las tardes nuevas, donde se recopilan los poemas de Julio Antonio de la Rosa, a modo de homenaje póstumo. López Torres escribirá, en el número 1 de Gaceta de Arte, «Tenerife perdió con él y José Antonio Rojas su mejor promesa». Este trágico suceso desencadena tanto el fin de Pajaritas de Papel como el de la revista Cartones.

En 1931 entra a formar parte de la Sección de Literatura del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, junto a Eduardo Westerdahl, Pedro García Cabrera, Óscar Pestana, Domingo Pérez Minik y Francisco Aguilar. Allí organiza un ciclo de artes plásticas donde participan, además de él, García Cabrera y Westerdahl. Su conferencia se titula «Arte egipcio». Colabora también en El Socialista. En él escribe sobre Maiakovski, reforma agraria y cultivo de tomate, socialismo agrario, entre otras cosas. También milita en el partido socialista, junto a Pedro García Cabrera.

Al año siguiente, nace la revista Gaceta de Arte, dirigida por Eduardo Westerdahl, de la que López Torres forma parte, desde el primer número, como redactor. Sobre esta, el hispanista C. B. Morris ha señalado que fuera «probablemente la mejor revista cultural que viera la luz en España», durante aquel período. Son abundantes los artículos, ensayos y poemas de López Torres publicados allí. Destacan especialmente sus trabajos sobre el surrealismo. Estos lo convierten en uno de los pocos escritores españoles que comprende, en profundidad, la histórica significación y los contenidos de este movimiento, en aquella época. Entre ellos, se pueden encontrar, por ejemplo, «Surrealismo y revolución», «Psicogeología del surrealismo», «Aureola y estigma del surrealismo», «Lo real y lo superreal en la pintura de Salvador Dalí», «Índice de publicaciones surrealistas en 1934», etc. En los periódicos La Prensa y La Tarde, en los que colabora asiduamente, también publica numerosos artículos de arte, literatura y socialismo. José Miguel Pérez Corrales ha señalado que «En López Torres, el planteamiento surrealista –y esto fue único en España– es aceptado en toda su dimensión política, marxista, de acuerdo con la línea impuesta por André Breton».

Llega a regentar con otros amigos la librería Número 5, que se convierte en uno de los principales lugares de reunión del grupo de Gaceta de Arte. También acaba trabajando en una Consignataria de Barcos del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Durante los meses de marzo y abril de 1935, funda y dirige la revista revolucionaria Índice, de la que se editan dos números. El segundo se ha recuperado recientemente, en 2019 (ya que, hasta el momento, se pensaba que solo había salido el primero), y se ha publicado en una edición facsímil coordinada por Isidro Hernández Gutiérrez.

También forma parte activa de la organización de la II Exposición Internacional del Surrealismo en Tenerife y de otros actos realizados con los surrealistas André Breton, Benjamin Péret y Jacqueline Lamba. Su entrevista a André Breton es incluida en el libro de este último titulado Position politique du surréalisme. En el número 5-6, correspondiente al mes de mayo, la revista Cahiers d’Art publica la Déclaration, firmada por Eduardo Westerdahl, Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera, Domingo López Torres y Agustín Espinosa. Además, se redacta un manifiesto que aparece en el n.º 2 del Boletín Internacional del Surrealismo, firmado por André Breton, Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera, Domingo López Torres, Benjamin Péret, Domingo Pérez Minik y Eduardo Westerdahl. El documento ve la luz editorial en octubre de 1935, en Santa Cruz de Tenerife (después del n.º 3 publicado en Bruselas), con el patrocinio de Gaceta de Arte y del Groupe surréaliste de París.

En esta revista se llegan a anunciar dos monografías de López Torres: la primera, titulada Surrealismo, nunca se publicará, ya que se queda en un proyecto, mientras que la segunda, sobre el pintor Hans Tombrock, aparecerá a mediados de 1936, en Zurich, y junto a Eduardo Westerdahl. Los autores, tal y como señala Sánchez Robayna, «no vieron nunca la edición: había estallado la Guerra Civil española».

Con el golpe de Estado, López Torres es detenido y encarcelado en la prisión de Fyffes, en Santa Cruz de Tenerife. Allí escribe su libro de poemas surrealistas Lo imprevisto, ilustrado por su amigo Luis Ortiz Rosales, que se encontraba también en prisión. La serie poética completa es publicada por primera vez, junto a los dibujos, en 1981, por la Universidad de La Laguna, en una edición al cuidado de Andrés Sánchez Robayna. En febrero de 1937, con veintiséis años de edad, Domingo López Torres es conducido por golpistas franquistas a la bahía del Puerto de Santa Cruz de Tenerife y es arrojado al mar dentro de un saco, junto a otros compañeros de encierro.

Después de un largo silencio durante la guerra y la inmediata posguerra, Domingo Pérez Minik es quien, por primera vez, rescata su nombre del olvido en la Antología de la poesía canaria. I. Tenerife (1952). La recuperación de su obra inédita comienza, sobre todo, en 1981, y culmina con la publicación de las Obras completas, en 1993, en una espléndida edición de C. B. Morris y Andrés Sánchez Robayna. Se han encontrado y publicado algunos textos sueltos también, con posterioridad, en revistas de investigación. Por otra parte, se ha realizado un documental titulado Los mares petrificados (2012), dirigido por Miguel García Morales (donde Pedro Guerra musicaliza varios poemas de López Torres) y se ha llevado a cabo alguna nueva compilación (como, por ejemplo, la que hizo José Manuel Martín Fumero, en 2014). Además, se ha recuperado, como se explicó más arriba, el segundo número de la revista Índice que coordinó. En 2019, se inaugura una plaza con su nombre en Santa Cruz de Tenerife, a propuesta del grupo municipal Sí se puede.

Poema de la langosta

(Caísteis sobre el lecho de los agricultores
asesinando un sueño de libras esterlinas).

I
Vientos, y arenas, y plagas
para recordarte
lo que tú bien sabes
que lo saben todos:
que nadie lo sabe
–¡ah, sí, el continente!

II
Porque yo quise pararme
y el viento no me dejaba.
Me empujaba sin piedad.
Pero yo quise pararme.
Luego, transparente todo,
yo, por un mar sin cristales,
sin dónde, ni cuándo, nada.
(Los cielos deshabitados,
y los mares sin ventanas).

Me clavaron sin piedad:
las chicas en el sombrero,
los chicos en la solapa,
con alfileres de acero.
El mapa de mis desvelos
–sin norte, sin sur– cortado
por franjas verdes del sueño.

Y yo, aviadora, en el cielo,
navegando de costado.
Rotas las alas de miedo.
En manadas. Oprimida
por las paredes del viento.

(Sí, hemos borrado de nuestro itinerario,
para futuros viajes, la escala de las islas).

III
(Obispos, concejales, militares y curas, –de gala–
marchan al campo a exterminar la plaga de langostas.
Ingenieros agrónomos, con ametralladoras,
en los picos más altos de las islas,
–lejos de la indiscreta mirada de los tontos–
(los nativos tienen los ojos secos de mirar siempre al cielo)
archivan comprobantes para confeccionar nóminas especiales).

En Gaceta de Arte
(Tenerife, n.º 9, octubre, 1932).

***

Escándalo

Perdidos en la noche de aquel cine,
más allá de las últimas butacas,
muy cerca de los goces y venturas,
tú y yo, por las aceras de la gente,
en un film que no acaba y siempre empieza.
Recuerdo que Anny Ondra eran tus pechos,
tus ojos y tus labios,
que andaban dislocados
por todos mis pasillos interiores.
¡Qué júbilo y qué gritos!
Así entramos en el mundo de los velos
que inventó la pantalla y los suspiros.

*

Ayer fueron sorprendidos en un cine de esta
localidad, pisoteando la moral burguesa, dos
novios, en un estado tal de limbo y desver-
güenza, que tuvo que intervenir la fuerza
pública. Otras parejas aplaudían desde las
últimas butacas.

Ca. 1933-1936. En Anuario del Instituto de Estudios Canarios
(Tenerife, L-LI, 2006-2007, vol. II, 2008)

***

Catástrofe

Ni tú, ni yo, ni el gozo aquel
que estaba
saltando entre los montes
al comenzar el día,
previeron el enorme cataclismo
de tus pequeños pechos entreabiertos
en un fondo de luces y cristales,
cortados con tan hábiles cuchillos
que todos los perfiles eran tuyos.
No tuvo el aire aquel la menor queja,
ni la rosa, ni el mar, ni la sonrisa.
Tan natural fue todo
que yo quedé sin ti, en el fiel de ti misma,
sin sentirlo siquiera.

Enormes precipicios, gritos desesperados,
envolvieron inútilmente las 6 de la mañana
de aquel día.

En A la Nueva Ventura
(Valladolid, n.º 1, primavera, 1934).

***

[¡Qué profundo correr…!]

¡Qué profundo correr por mares de silencio!
Las empinadas desbocadas venas
rompiendo limpios mares pudorosos
con la brisa, el calor, la flor, el grito.
Ampulosas redondas nubes grises
–gris castaño, gris rosa, gris violeta,
del ensoñado sexo prometido–
alojadas sin gracia en el espeso
túnel donde cabalga luz en sombra.
La fiebre, sí, la fiebre dando saltos
asciende hasta el columpio azul del gozo.
(Dominando la muchedumbre de deseos
hay una estatua fálica que indica
caminos para idéntico destino).
La desatada sangre, fiera y loca,
suelta en claras cascadas de suspiros,
vuelve ordenadamente desbravada
al mapa de sus ríos y lagunas.
Sobre el fondo de rítmicos anhelos
se eleva lento un frío venturoso.

La patata

Descansabas, incauta, adormecida,
azul en tu indecisa adolescencia,
verde en la distracción de los quehaceres,
de tu casa, tu sexo, tu ventura.
La tierra, blanca, negra o colorada,
ponía ya un estigma a tu destino
de blanda, dura, amarga o dulce carne.
Podías navegar por las alturas
de los mares más hondos,
o perderte en la insulsa algarabía
del discurrir más tonto
por el cauce normal de la costumbre.
Así, sin conocer el jubiloso grito
de la entrega sin qué, ni cómo, cuándo,
que multiplica en 7 lo que es 1,
un 16 cualquiera, entre mis manos
temblorosa, indecisa, sucia, negra,
caíste.
El filo más agudo del deseo,
de mi sangriento amor, mi ruin coraje,
te arrancaba la piel entre mis dedos,
y los gritos, lamentos y suspiros
se perdieron sin eco entre mis manos
de asesino inexperto.
Cuando tu cuerpo blanco, mutilado,
cayó sobre las aguas de tu cielo,
el gris estaño de tu desventura,
se partió en mil pedazos.

Los retretes (3 de la mañana)

Violadas espirales de la prisa
de continuo correr, ruidos internos
por los ocultos cauces sin fronteras
–laberinto sin dónde, afán sin freno–.
Rompe el sueño, la risa, los colores,
la dolorosa acelerada espera
pródiga en la promesa, el ala, el premio:
verse ascender, ligero, en pleno vuelo,
hacia un cielo, otro cielo, y otro cielo.
Mientras la oscura cloaca de desdenes
insuficiente para tanta ofrenda
salta sobre la geometría de los bordes
inventando rizados carrouseles.
La brisa azul de las primeras horas
rendida abiertamente a su destino
abre obstinadamente estrechas calles
en la espesa ciudad de los olores,
poniendo una aureola al desahogo.
No hubo consigna audaz que contuviera
a los don pedros de los tres salones
saltando en frenesí por corredores,
empinadas trincheras de prejuicios.
Los traicioneros vientos, firmes flechas,
se quiebran ante el toro acorazado
del quererse volcar, romper la brecha,
de altas severas órdenes cuadradas
y suplicantes, encendidos ruegos.

[Encristalados brillos sudorosos…]

Encristalados brillos sudorosos,
agrios reflejos, distendidas luces,
adelantaban tanto la presencia
que ni las blancas sábanas, los tules,
el pánico, la risa, el abandono,
pudieron encontrar eco en la sangre.
¿Quién te arrastró al tormento?
¿Fue el calor o el clamor ya congelado
quien desató sus iras de cristales?
Recorrían los campos de tu cuerpo,
el caracol de tierra del invierno,
los témpanos del aire,
las lenguas de los mármoles más blancos,
mares petrificados, aguas turbias,
de par en par la puerta
a la primera inesperada brisa.
Carámbanos de luz en los costados,
clavaban en el aire los cuchillos
ardiendo en lento acelerado hielo.
Multiplicada lluvia de alfileres
acribilló tus luces ateridas
rompiendo así el encanto de acerico
de tu parado cielo amenazante.
La emoción se colgaba de los ojos
y la sangre olvidando sus caminos
despertaba profundos cauces yertos.

Escritos en 1936, en la prisión de Fyffes (Santa Cruz de Tenerife). En Lo imprevisto (Publicado por primera vez en el Instituto de Estudios Canarios,
Universidad de La Laguna, 1981).

***

Expresión de Gaceta de Arte:
¿Qué es el surrealismo?

Hasta ahora –hasta entonces: la primera palabra definidora del nuevo concepto, hasta el primer manifiesto surrealista de 1924– todo el arte venía contendiendo dialécticamente –lo que tiene de prejuicio el arte– entre el fondo y la forma, sin poder alcanzar una síntesis salvadora. Sobre el riel demasiado fácil de lo acostumbrado discurría perezosamente la crítica artística, sobre lo más insubstancial y desvaído –ahora y siempre– porque toda costumbre acaba con la personalidad y clama necesariamente por la anarquía liberadora, y la anarquía por un nuevo orden.
En el precipitado carrousel del arte de post-guerra iban las tendencias más encontradas girando vertiginosamente, las ideas más individuales esparciéndose por el espacio, en vuelo sin motor, incomprendido; las más colectivas, haciendo escuela, luchando impetuosamente por alcanzar el centro; por sobre todas, como cumbre del caos, se centraba graciosamente el dadaísmo.
Nace, pues, el surrealismo de una necesidad grande revolucionaria de destrucción que arruinará definitivamente los conceptos familia, patria, religión. Necesidad apremiante para poder construir el espíritu de la moderna juventud. Romper con todos los prejuicios de una civilización caduca; desescombrar a la humanidad de una cultura gastada; desacreditarla, arrastrar por las calles las galas de la burguesía. Porque para el surrealismo no hay más realidad que la realidad interior, la verdadera expresión personal libre de toda conveniencia social, de todo control razonado, de toda dictadura moral.
Algo ha escapado siempre en nosotros a la censura. De los terrenos subconscientes, los globos cautivos de los deseos reprimidos aflorando en campos conscientes, desvirtuados por extrañas asociaciones. Algo que nos avergüenza y que ha venido a ser la única expresión de verdadero valor personal. Los psicólogos haciendo una labor de policía descubriendo nuevos napoleones del espíritu:

«Swift es surrealista en malicia.
Sade es surrealista en sadismo.
Chateaubriand es surrealista en exoticismo.
Constant es surrealista en política.
Debordes-Valmore es surrealista en el amor.
Bertrand es surrealista en el pasado.
Rabbe es surrealista en la muerte.
Poe es surrealista en la aventura.
Baudelaire es surrealista en moralidad.
Mallarmé es surrealista en confidencia, etc.».

Por la puerta entreabierta de la ciencia –de la psicología, de la magia– se introdujo el surrealismo –que daba vueltas desprovisto de todo valor científico en tiempo de «dadá»– en campos inexplorados. En las subterráneas aguas de la mente, país del subconsciente, reino del sexo, Freud vino a apuntalar el mejor lado del surrealismo, como la dialéctica materialista vino a darle movimiento y continuidad, ratificando su valor revolucionario y su entronque, como documental psíquico, en la obra del socialismo científico.
Nada es bello o feo, bueno o malo. Cuando más sujeto a una teoría se encuentra convenientemente clasificado todo lo bueno, surge otra que eleva a más alto plano lo malo hundiendo en la nada todo lo anteriormente bueno. Y así sucesivamente. Todo depende del modo de ir enhebrando en una teoría los fenómenos artísticos, que por otra parte nada más esquivo a una rígida clasificación.
En una obra de arte hay que valorar lo que tiene de perfección, pero no hay que olvidar que toda obra lleva en sí el estigma de su época, y más aún, la intención, movimiento de voluntad, del artista, de lo que la obra de arte no ha podido separarse nunca aun en los períodos de mayor independencia. El surrealismo es portador de una teoría fundamental lógica que ordena los mejores conceptos. Y aún en el caso de que confunda el arte con la ciencia como exponente psíquico, «Taine confunde el arte con las ciencias naturales; los veristas franceses lo barajan con la observación histórica documentada; el formalismo de los herbatzianos confunde el arte con las matemáticas, etc.».
El artista surrealista deja libre paso a la espontánea expresión del subconsciente haciendo de médium de sí mismo, atrapando desde las más altas ventanas los más bajos paisajes del espíritu. Paisajes entrecruzados, asociados a las más insospechadas escenas, abarrotando a veces desmesuradamente el cuadro (como ocurre frecuentemente en las obras de Dalí) o consiguiendo paisajes de una delicada sencillez (característica principal de Miró).
(Óscar Domínguez, pintor surrealista, que expone del 4 al 15 de este mes en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, consigue un equilibrio entre estos dos diferentes modos, con expresiones sinceras de un alto valor documental, sin la perfección en pequeños detalles de los cuadros de Dalí, pero todos perfectamente entonados y felizmente logrados. Óscar Domínguez, de un valor surrealista integral, es la mejor promesa de las Islas).
Porque no es ni más ni menos artista un artista porque tenga más o menos aprendizaje. Ni construya de esta u otra manera. Porque el arte es «así» y de «otro modo».
Ante un cuadro hay que situarse, completamente solo, del mismo modo que el primer hombre el primer día ante la naturaleza. Con una ligereza tal que pueda parecer absurdo lo más natural y que pueda, en un momento dado, hacer algo antinatural que venga a ser la cosa más natural del mundo: como el primer hombre al aislarnos en estrechos límites de pecaminosidad.
El arte no se logra discurriendo trabajosamente una horizontal estúpida, académica, sino que cae sin saber cómo a manera de gracia sobre el artista, verticalmente. De la misma manera que aquella tarde de abril caía sobre Salinas –tan gracia inesperada, tan dádiva caída, sola, porque ella quiso– sin creer que fuera, para él, la alegría.

En La Prensa
(Santa Cruz de Tenerife, 10 de mayo, 1933).

Cinco poetas surrealistas de Tenerife, España (1931-1940) | Nota biobibliográfica y selección de Roberto García de Mesa | Buenos Aires Poetry, 2020.