Ezra Pound | por William Butler Yeats

«Pound es un economista, un poeta, un político enfurecido contra los malignos personajes y motivos inexplicables, figuras grotescas como salidas de un libro infantil de bestias. Esta pérdida de autocontrol, común entre los revolucionarios incultos, es rara —Shelley la tenía en cierto grado— para un hombre con la erudición y cultura como Ezra Pound».

William Butler Yeats

Ezra Pound ha hecho del flujo su tema; la trama, la caracterización, el discurso lógico, parecen para él una abstracción inadecuada para un hombre de su generación. Se encuentra a mitad de camino de un inmenso poema en vers libre llamado The Cantos, donde la metamorfosis de Dioniso, el descenso de Odiseo al Hades, se repiten con diversos disfraces, siempre en asociación con algún tercero que no se repite. El Hades puede convertirse en el infierno donde los hombres modernos que más desaprueba sufrirán la condena, la metamorfosis de los pequeños fraudes practicados por los judíos en Gibraltar. La relación de todos los elementos entre sí, repetidos sin repetirse, se hará evidente cuando todo haya terminado. No hay transmisión a través del tiempo, pasamos sin comentarios de la antigua Grecia a la Inglaterra moderna, de la Inglaterra moderna a la China medieval; la sinfonía, el patrón, es atemporal, el flujo eterno y, por tanto, sin movimiento. Como otros lectores, descubro en la actualidad fragmentos meramente exquisitos o grotescos. Él espera dar la impresión de que todo está vivo, que no hay aristas, ni convexidades, nada que frene el flujo; pero, ¿puede un poema de este estilo tener una estructura matemática? ¿Pueden las impresiones que son en parte visuales, en parte métricas, relacionarse como las notas de una sinfonía? ¿El autor ha sido llevado más allá de la razón por una concepción teórica? Su fe en su propia concepción es tan grande que desde la aparición del primer Canto he tratado de suspender el juicio.

Cuando considero su obra en conjunto, encuentro más estilo que forma; por momentos más estilo, más nobleza deliberada y sus medios para transmitirlo que en cualquier poeta contemporáneo que conozco, pero a su vez es una confusión constante, interrumpida, quebrada, tartamudeante; él es un economista, un poeta, un político enfurecido contra los malignos personajes y motivos inexplicables, figuras grotescas como salidas de un libro infantil de bestias. Esta pérdida de autocontrol, común entre los revolucionarios incultos, es rara —Shelley la tenía en cierto grado— para un hombre con la erudición y cultura como Ezra Pound. El estilo y su opuesto pueden alternar, pero debe ser completo, en forma de esfera, simple. Incluso donde no hay interrupción, a menudo se contenta con dejar transiciones incontroladas, eyaculaciones inexplicables, que hacen que su significado sea ininteligible. Él ha sido una gran influencia, quizás más que cualquier contemporáneo con la excepción de Eliot, y es probablemente la fuente de la falta de forma y la consiguiente oscuridad que es el principal defecto de Auden, Day Lewis y su escuela, una escuela que, como se verá más adelante, admiro mucho. Incluso cuando el estilo se mantiene en todo momento, uno tiene la impresión, especialmente cuando escribe en vers libre, que no ha metido todo el vino en la copa, que es un brillante improvisador que traduce a primera vista una obra maestra griega desconocida:

See, they return; ah, see the tentative
Movements, and the slow feet,
The trouble in the pace and the uncertain
Wavering!
See, they return, one, and by one,
With fear, as half-awakened;
As if the snow should hesitate
And murmur in the wind,
and half turn back;
Thes were Wing´d-with-awe,
Inviolable.
Gods of the winged shoe!
With them the silver hounds,
sniffing the trace of air!

“Ezra Pound” by William Butler Yeats. From the introduction to The Oxford Book of Modern Verse, edited by William Butler Years. Copyright 1936 by Oxford University Press.

.

Ezra Pound | by William Butler Years

Ezra Pound has made flux his theme; plot, characterization, logical discourse, seem to him abstraction unsuitable to a man of his generation. He is mid-way in an immense poema in vers libre called forte the moment The Cantos, where the metamorphosis of Dionysus, the descent of Odysseus into Hades, repeat themselves in various disguses, always in association with some third that is not repeated. Hades may become the hell where whatever modern men he most dissapproves of suffer damnation, the metamorphosis petty frauds parctised by Jews in Gibraltar. The relation of all the elements to one another, repeated ir unrepeated, is to become apparent when the whole finished. There is no transmission tgrough time, we pass without comment from ancient Greece to modern England, from modern England to medieval China; the symphony, the pattern, is timeless, flux eternal and therebefore without movement. Like others readers I discover at present merely exquisite or grotesque fragments. He hopes to give the impression that all is living, that there are no edges, no convexities, nothing to check the flow; but can such a poem have a mathematical structure? Can impressions that are in part visual, in part metrical, be related like the notes of a symphony; has the author been carried beyond reason by a theoretical conception? His belief in his own conception is si great that since the appearance of the first Canto I have tried to suspend judgement.

When I consider his work as a whole I find more style than form; at moments more style, more deliberate nobility and the means to convey it than in any contemporary poet known to me, but it is constantly interrupted, broken, stammering confusion; he is an economist, poet, politician, raging at malignants with inexplicable chracters and motives, grotesque figures out of a child´s book of beasts. This loss of self-control, common among uneducated revolutionists, ir rare -Shelley had it in some degree- among men of Ezra Pound´s culture and erudition. Style and its opposite can alternate, but from must be full, sphere-like, single. Even where there is no interruption he is often content, if certain verses and lines have style, to leave unbridged transitions, unexplained ejaculations, that make his meaning unintelligible. He has great influence, more perhaps than any contemporary except Eliot, is probablu the source of the lack of form and consequent obscurity which is the main defect of Auden, Day Lewis, and their school, a school which, as will presently be seen, I greatly admire. Even where the style is sustained throughout one gets an impression, especially when he is writing in vers libre, that he has not got all the wine into the bowl, that he is a brilliant improvisator translating at sight an unknown Greek masterpiece:

See, they return; ah, see the tentative
Movements, and the slow feet,
The trouble in the pace and the uncertain
Wavering!
See, they return, one, and by one,
With fear, as half-awakened;
As if the snow should hesitate
And murmur in the wind,
………and half turn back;
Thes were Wing´d-with-awe,
…….. Inviolable.
Gods of the winged shoe!
With them the silver hounds,
…….. sniffing the trace of air!

Extraído de Ezra Pound | A collection of critical essays. Edited by Walter Sutton, Prentice-Hall, Inc., Eglewood Cliffs, N. J., pp. 9-10 | Traducción de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021 | (Photo by Chicago Sun-Times/Chicago Daily News collection/Chicago History Museum/Getty Images)