Trobar clus: “rivalizando con la racionalidad” | Thomas de Quincey

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Thomas de Quincey

(1785-1859)

 

 

 

Capaz de escribir con total erudición y prosa rítmica sobre los enigmas más oscuros, Thomas de Quincey (Manchester, 1785 – Edimburgo, 1859) es posiblemente uno de los mayores ensayistas de la historia.

La reciente edición de Judas y otros ensayos…, reúne cuatro trabajos que demuestran esta valoración.

En el primero de ellos, “Judas Iscariote”, el autor comprueba cómo Cristo logró acaparar la atención pública por medio de sus poderes médicos para conquistar a los pobres, a los ignorantes y los marginados; y a su vez, presenta a un Judas “traidor” de su maestro, pero que sólo buscó engrandecer a Cristo a partir de métodos que lo llevaron a rebelarse contra él, “métodos que no sólo suponían una desobediencia clara y abierta”.

En su segundo ensayo, “Sobre la guerra”, declara que la guerra enaltece valores propios de la civilización, y que sin ella caeríamos en manos privadas y mercenarias, “La guerra, si se prohíbe y las naciones renuncian a ella, lejos de acabarse adoptaría una forma más temible”.

El tercer trabajo presentado, “Sobre el suicidio”, adopta una postura similar. De Quincey, adicto al opio, admirador de Wordsworth, íntimo de Coleridge y de los grandes románticos, no teme en sugerir que es mejor morir en libertad que someter a un hombre o una mujer a voluntades ajenas, algo que William Blake habría nombrado con mayor énfasis, “Mejor matar a un niño en su cuna que abrigar un deseo insatisfecho”.

En el último ensayo aquí presentado, “La superstición humana”, De Quincey adopta por dividir las supersticiones antiguas de las modernas.

Las primeras, basadas en las grandes tradiciones populares de toda la antigüedad cristiana, “son agentes de lo sobrenatural que no pueden tener una aplicación privada o personal: pertenecen a toda la humanidad y a todas las generaciones”.

Lo que al autor le preocupa, en ese sentido, son las supersticiones modernas, aquellas que son más terroríficas y personales, y que se constituyen en el ámbito de lo maravilloso.

Una buena excusa, por cierto, para rivalizar con la “racionalidad” de su época. Época en la que De Quincey optó por una vida errante, alejada de la academia, construida con la ayuda del opio.


Judas y otros ensayos sobre lo divino y lo humano (Jus Editores) | Thomas de Quincey | por Juan Arabia |

IMAGEN: THOMAS DE QUINCEY. FOTOGRABADO DE UN DIBUJO EN TIZA REALIZADO POR JAMES ARCHER 1855.

(NATIONAL PORTRAIT GALLERY, LONDON)