“Mi escritura está tirada en la vereda y el lector la recoge” | Entrevista a Elvira Hernández

Tomando como punto de partida el Libro Estado de Sitio editado por Ediciones UDP el año 2020, el cual recoge parte importante de la obra de Elvira Hernández, es que se realiza una entrevista a la destacada poeta chilena sobre su relación poética con la ciudad. La urbe como tópico, inspiración, cause, salida o campo experimental semántico. Hoy esta conversación sale a la luz en exclusiva para Buenos Aires Poetry.

por Gabriela Paz


Elvira Hernández -seudónimo de María Teresa Adriasola- es una de las voces femeninas más rupturistas de la poesía latinoamericana actual. El año 2020 fue nominada al premio nacional de Literatura y el 2018 reconocida por su trayectoria con importantes galardones, tales como: el Premio Nacional de poesía Jorge Teillier, y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.

María Teresa Adriasola nació en Lebú en el año 1951. Elvira Hernández ha publicado quince libros de poesía, entre los que destacan: ¡Arre! Halley ¡Arre! (1986), Carta de Viaje (1989), La bandera de Chile (1991), El orden de los días (1991), Álbum de Valparaíso (2002), Cuaderno de deportes (2010), Pájaros desde mi ventana (2018) y Pena Corporal (2018). Ha sido traducida y publicado en Francia, Italia, Estados Unidos y Cataluña. Su obra ha sido antologada en los volúmenes: Actas Urbe (2014. Premio de la Crítica), Los trabajos y los días (2016) y Zona de desvíos (2018). “Hernández es pura calle. Es ahí donde va surgiendo su poesía” declara en el prologó de Estado de sitio el investigador Roberto Careaga C, tal afirmación es intuitivamente interesante, pero qué se destila de ella, qué significaría como constitutivo poético. ¿Qué es la ciudad para la poeta Elvira Hernández y cuán importante es para su obra? A continuación, ella misma nos los cuenta.

1- El arquitecto, urbanista y escritor Ítalo Calvino, escribió un libro llamado “Las ciudades invisibles” donde presenta una serie de urbes inventadas, que representan o hacen visibles algún aspecto de la sociedad moderna, y todas, llevan nombre de mujer. Haciendo un paralelo con tu libro Estado de sitio, que evidencia como tu obra problematiza poéticamente la sociedad, desde una observación de tránsito urbano, de viaje cotidiano diario, ¿Cuál es la ciudad invisible de Elvira Hernández, o qué se hace visible en ella por medio de la poesía?

Ítalo Calvino, cubano de cuna y por lo mismo con un toque de imaginación caribeña, además, con una vasta e intensa experiencia de resistente durante la Segunda Guerra Mundial, creo que quiso salir de ese espacio bélico, trazable y predecible para acceder a otro, que fue alta y maravillosamente imaginativo. Porque ése es el asunto: caminar por un lugar donde las piedrecitas dejadas por los que ya dejaron la ciudad, sea el imaginario que yo recoja. Un lugar de recorrido diario que de pronto se descubre porque se presenta y se impone. Parto de la experiencia de una ciudad borrada y demolida a cada momento, convertida en un mentidero. Es sorpresa, luego, exploración hasta el extravío, ir palpando a ciegas. Es lo que ocurre en “Estado de Sitio” que en sus dos libros –“Santiago Waria” y “Santiago Rabia”- y en el adelanto del libro que se está escribiendo, “Ciudad Cero”- recoge tres tiempos distintos, casi treinta años, miles de caminatas, cientos de huellas urbanas, rememoraciones, secretos, frustraciones, crímenes. Un espacio urbano desde donde escala el espacio cívico. Este último no es un espacio muy evidente para nosotros los chilenos. Durante 17 años no nos perteneció. Y hoy la miramos con los ojos entrecerrados como a un pariente desconocido que se acaba de presentar. Mi ciudad invisible son los fantasmas con los que me encuentro, los que portan las pancartas de mi escritura. Digamos que mi escritura está tirada en la vereda y el lector la recoge. Sólo que encontrará que no es pura invención pues a cada verso, puede encontrar ciertos tintes que se la hacen reconocible, creo yo, y entonces ya deja de ser una ciudad mía por entera; sin duda, siempre estuvo compartida.

2- ¿Cuál es tu ciudad ideal, cómo se transita? A pie, volando, soñando… ¿Se poetiza sobre ella o no es necesario?

Salir a pie por la ciudad es hoy un regalo. No es fácil. Pero se trata de la ciudad ideal y tras el confinamiento en la ciudad real la diferencia es nítida. Mi ciudad ideal es a esta hora el lugar donde encontraría vivos aquellos seres humanos que he perdido. Es una ciudad onírica y como tal, no se necesita poetizar encima de ella, como si se le agregara una decoración. La tela del sueño es el poema.



3- La que planteo a continuación, puede ser una pasada de película personal y quizás una pregunta un poco extraña, tal vez ni siquiera es una pregunta, pero en contexto del estallido social de Chile, pienso que la otrora “Plaza Baquedano” ícono del levantamiento chileno, hoy por jurisprudencia popular llamada “Plaza de la Dignidad”, podría ser perfectamente la puesta en escena de tu poema “La Bandera de Chile”, que si bien fue escrito como respuesta de tu experiencia como detenida, por error, en plena dictadura de Pinochet, como poema hoy también se podría extrapolar a las dinámicas que se han desarrollado en este icónico espacio. Pues cito “No se dedica a uno/ la bandera de Chile/ se entrega a cualquiera/ que la sepa tomar./ LA TOMA DE LA BANDERA”, luego “La Bandera de Chile sabe que su día es el del juicio” y finalmente “han borrado del mapa a la Bandera de Chile banderilleada pierde sangre en una carpa de plástico”. Tomo esta última pieza, pensando en cómo el Gobierno se ha empecinado en borrar todo lo que ha ocurrido ahí: las violaciones a los derechos humanos, los rayados, las pisadas, las personas, hasta literalmente el punto de encarpar este hito patrimonial, tal cual tu poema. ¿Piensas qué se puede hacer ese tipo de traslado, donde la poesía pareciese volver a transitar de una misma manera medular, distintas experiencias?

Cuando las palabras se cargan de energía verbal, de una emoción poética profunda, se producen desplazamientos sorpresivos; verdades poéticas que ya no se puede decir que emergen, sino que se estiran en el espacio/tiempo para tocar, palpar en lontananzas quizás sombras, donde el principio de incertidumbre es el dominante. Cuando se está escribiendo es poco probable que se pueda decir donde se está parada.

4- ¿Qué poder sientes tú, habita en un poema?

Un poder que es un misterio en el que es prudente no indagar.

Cuando se está escribiendo es poco probable que se pueda decir donde se está parada.

— Elvira Hernández

5- Tú estudiaste filosofía ¿Cómo se cruza esa búsqueda de incógnitas con tu poesía y la vida cotidiana?

Sí, estudié y ese estudio habrá sido poco y nada. Pero no ando en búsqueda de incógnitas filosóficas. Creo que mi poesía es antifilosófica. Quisiera hacerse pensante. Ahí se entremete la escritura poética, se impregna del orín del hierro filosófico. Se cruza con la vida cotidiana donde ésta, su ola, revienta cualquiera lógica.

6- Hay un verso particular, que pareciese constitutivo de tu poética “Voy como Alicia en las Ciudades” jugando de la mano de éste ¿Podría decirse que en tu caso la pulsión poética te aparece como el conejo y la poesía se te ofrece como la madriguera? Y si ese fuera el caso ¿Cómo retornas del subsuelo vertical donde creas, hacia el cotidiano? ¿O es que no regresas del todo, y en tu recorrido por la ciudad te permites transitar en vertical y horizontal, transmutando los planos?

Me gustaría mucho tener la fineza de oído del conejo y la resonancia que deben tener sus madrigueras. La poesía necesita estar en permanente escucha. Sin embargo, el ruido de la ciudad puede llegar a derribarte. ¡Cómo no ensordecer! La sordera hace perder la verticalidad. Y, en este momento preelectoral, el ruido de las palabras es venenoso. Se vuelve necesario el retiro cívico, una cierta distancia, para discernir en la oscuridad creada.

7- En varias entrevistas has declarado, que donde quiera que se esté, el poeta es quien observa ¿Aquello implica cierta distancia, no? En este sentido ¿Cómo piensas que el poeta participa del espacio público, si de alguna manera está fuera, siendo testigo?

Ocurre que la reflexión exige que en determinado momento se dé un paso atrás, se tome esa distancia. Creo que el poeta no tiene hoy una participación protagónica, no se ubica junto a una dirigencia de la sociedad, pero no se encuentra al margen de ella. Y en el encuentro debe ser independiente de la atracción de ese poder para la que la poesía pueda seguir hablando. Sin embargo, soy también ciudadana y un ser humano que está sometida a todas las carencias con que esta vida pandémica nos cerca. Y, en este último minuto, de las definiciones colectivas que habrá que enfrentar.

8- Tú no eres oriunda de la urbe, naciste en Lebú, un pueblo minero de Chile, luego viviste en Chillán, y más tarde, llegaste a la capital ¿Será la poesía la manera de hallar los signos para combatir la extrañeza de paisaje? ¿Cuándo comenzaste a escribir?

A comienzo de los años 90 escribí “Álbum de Valparaíso”. Venía esa escritura a la cola de un impulso muy fuerte que me había dado el libro anterior, “Santiago Waria”. Lo publiqué, me parece, el año 2002. Hace muy poco, el escritor Cristóbal Gaete, comenzó a invitarme cada año, a su laboratorio de escritura en Valparaíso para hablar de ese libro. Recibía de los participantes numerosas preguntas acerca de cómo lo había escrito. Yo lo relacionaba con mis viajes al puerto en una época de mi juventud y era así, en parte. Y digo en parte, porque el año pasado, afrontando las preguntas di, o choqué con algo más profundo: que ese libro relacionado con nuestro puerto principal había sido escrito ante la pérdida del mar de Lebu.

Comencé a escribir, tengo esa impresión, cuando comencé a leer. Las palabras puestas en la página daban cuenta de mundos desconocidos para mí.

9- Cuando se te pregunta sobre tu proceso poético, declaras que este siempre está vinculado a una intuición, sin programa, como a un latido galopante. Sin embargo, ha habido algunos cambios en tu forma de escritura, por ejemplo, en tu obra La Bandera de Chile se aprecia una sintaxis ideal para ser leída por el ojo, hoy extiendes una poesía también amable para ser leída por la boca. ¿Si bien, no cambió la forma en que surgen tus poemas, cómo o por qué piensas que cambió la manera de instalarlos sobre la hoja?

La dictadura tuvo una incidencia brutal en mi manera de escribir. Arrasó con mi relación con las palabras hasta que me quedé sin ellas. Con “Pájaros desde mi ventana” he sentido que vuelvo a ponerme frente a un camino que no pude recorrer. No será como lo hubiera sido a los veinte años. Sin embargo, es territorio desconocido para mí.

La dictadura tuvo una incidencia brutal en mi manera de escribir. Arrasó con mi relación con las palabras hasta que me quedé sin ellas.

— Elvira Hernández

10- ¿Escribes a mano, o a computador? ¿Por qué?

Los poemas salen de la mano y del lápiz sobre el papel. Es costumbre. El papel tiene una atmósfera de habitación que invita a entrar y esparcirse. Se produce una confianza, un bienestar. El computador es un cedazo, vigilante, con su luz de interrogatorio

11- Elvira, qué temas te inquietan últimamente, o qué situaciones te proveen pulsiones poéticas.

El curso de la vida humana. Es un maremoto que se derrama. Una plaga de langostas sería más suave que la pisada humana sobre la tierra. Sin compasión ni solidaridad. Los derechos humanos se han vaciado y se pronuncian en su abstracción. Y, de ahí se desprenden todos los temas que pudieran tocarse. Esto es lo que me inquieta. Pero lo que abre las compuertas de mi escritura, puedo decirlo, no es la colisión con esos grandes temas, sino una esquirla de ellos que me entra en el cuerpo, y que sé, ya no me la puedo sacar. Como un granito de arena que entra en el ojo.



12- ¿Qué autores y autoras sientes han influido en tu obra o han dejado trazas en ella? ¿Qué estás leyendo ahora?

Esta es una pregunta muy difícil de responder. Que más quisiera yo si no es poner lo que hago influida por las mejores plumas del mundo literario. Pero ese es un espejo donde no hay que mirarse. He leído a los <grandes> con pasión, buscando aprender y sé que lo he hecho. No obstante, esta aprendiza no se probará los trajes de sus maestros y maestras. Como un animal rumiante sigo mascando esas cosas maravillosas que descubrí en sus páginas y me deslumbraron.

Estoy leyendo con mucho entusiasmo a Roberto Espósito por un lado, y por otro a Louis Zoukofsky, sus poemas cortos. Y acabo de descubrir, de escuchar en su idioma, al tiempo que leía la traducción a una maravillosa poeta surcoreana –Sungrye Han- en una lectura conjunta, en Palabra de Poeta.

13- ¿Tienes alguna opinión sobre la escena poética chilena y Latinoamericana actual, en relación al panorama global?

La comunidad poética Latinoamericana y chilena son de una vitalidad asombrosa. Y lo es por los que vienen emergiendo agarrados a las palabras.

14- ¿En qué estás trabajando en poesía, qué viene?

Viene el mar. Y me dará trabajo

15-c¿Qué tienes ganas o sientes te falta decir?

He estado hablando más de la cuenta. Me haría falta guardar silencio. Parece que cuesta y es tanto lo entrega.

16- ¿Qué música escuchas?

Me cuesta escuchar música. Cuando la escucho ha llegado de manera involuntaria y es demasiada poderosa, tanto, que se hace un lugar.

17- ¿Hoy, eres más Elvira Hernández o más Teresa Adriazola? ¿Por qué?

Como dijo alguna vez, dando en el clavo, el poeta Eduardo Correa Olmos, soy Elvira Hernández-María Teresa Adriasola o viceversa. Hoy, en permanente transfusión.




Poesía Chile | Buenos Aires Poetry 2022 | Imagen de Portada: Cortesía. Sebastián Utreras