Más Máscaras, de M. G. Burello

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Al lector


Más máscaras de las que puedo usar…
(El hipócrita soy yo, ¿para qué insultarte?)
Helas aquí, desparramadas en la mesa.
Ignoro tu talle, quizás alguna te sirva.
Yo estoy tratando de amigarme con la última que me probé.
Por favor, no creas que es fácil.

Cáncer de ángeles


Tanatografía secreta:
ángeles con sexo, ángeles con cáncer
se mueven entre nosotros,
se mueren entre nosotros,
en mármoles efímeros, con sobria sordidez.
Íconos de una pureza infame,
se pavonean con ínfulas de superioridad,
y mientras se extinguen, osan proclamar
una eternidad sospechosa, improbable:
inútil.


A decir verdad,
estos mártires modernos se ahogan en cerveza
mientras fuman en la esquina, tosiendo,
y detentan una majestad estragada por la vida diaria,
aletargada por una rutina tonta,
ya que no maligna.
No merecen la piedad, pero tampoco
nuestro escarnio:
como nosotros, agonizan desde que tragaron aire
y pisaron barro
y tomaron frío.
El blanco impoluto manchado con vino o café,
la oronda sonrisa torcida en mueca.


¿Siguen penando, siguen sufriendo
aquellos cuya gracia intacta
condescendió a nuestra desdicha?
Un aura de cartón pintado
les cubre la cabellera;
jamás lo advertirán, pues no hay espejo
suficientemente bueno en el mundo terrenal,
donde fueron arrojados al servicio de un plan
que ya nadie –ni ángel ni demonio- recuerda.


Monumentos, maniquíes, monigotes:
en este albañal neblinoso
nos tomamos todos de la mano,
aunque algunas manos son gélidas
y no aprietan los dedos…
Indiferentes. Orgullosas. Inhumanas.

∇ Marcelo G. BURELLO, «Al lector», «Cáncer de ángeles», en máscaras.

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