«A un perro herido en la calle», de William Carlos Williams

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Soy yo,
……no la pobre bestia ahí tirada
…………….aullando de dolor,
el que me trae de golpe a mí mismo
……como la explosión
 …………de una bomba, una bomba que
ha de arrasar al mundo.
……No puedo hacer nada
………….sino cantar
y así dar alivio
……a mi dolor.
……………..
Un adormilado entumecimiento ahoga mis sentidos
……como si hubiera
…………….bebido cicuta. Pienso
en la poesía
……de René Char
…………….y todo lo que debió haber visto
y sufrido
……que lo llevó
…………….a hablar sólo de
ríos cubiertos de juncos,
……de narcisos y tulipanes
…………….cuyas raíces riegan,
hasta el río que fluye
……baña las raicillas
…………….de aquellas fragantes flores
que pueblan la
……vía
…………….láctea.
………..
Recuerdo a Norma
……la setter inglesa de mi infancia
…………….sus sedosas orejas
y ojos expresivos.
……Una noche tuvo
…………….una camada de cachorros
en nuestra despensa y yo pateé
……a uno de ellos
…………….pensando, alarmado,
que estaban
……mordiendo sus tetillas
…………….para destrozarla.
————–
Recuerdo también
……un conejo muerto
…………….que yacía inofensivamente
en la extendida mano
……de un cazador.
…………….Mientras permanecía
mirándolo
……sacó su cuchillo de caza
…………….y con una carcajada
lo clavó
……en las partes íntimas del animal.
…………….Casi me desmayé.
…………
¿Por qué pensaría ahora en eso?
……Debo bloquear
…………….lo mejor que pueda
los aullidos del perro que agoniza.
……René Char
…………….eres un poeta que cree
en el poder de la belleza
……para corregir todos los males.
…………….Creo en eso también.
Con ingenio y coraje
……superaremos a las ínfimas y estúpidas bestias,
deja que todos los hombres lo crean,
……como también me has enseñado
…………….a creerlo.

Extraído de The Desert Music and Other Poems, 1954. Traducción de © Juan Carlos Villavicencio.