Robert FITZGERALD– The Aeneid (Virgil) – Canto I -Trad. Daniel Oliveros

CANTO I
UN FUNESTO REFUGIO


Yo le canto a la guerra y a un guerrero.
Desde las costas de Troya en días
tempranos él llegó a Italia por
azar, a nuestra costa occidental
de Lavinia, este capitán fugitivo castigado
cruelmente tanto en la tierra como en el mar
por golpes del poder del aire―seguidos
por la indómita furia de la siniestra Juno.
Y pérdidas crueles fueron su fortuna en la guerra,
hasta que pudo fundar una ciudad y traer a casa
sus dioses a Latium, tierra de la raza latina,
los Altos hombres Albanos, y las altas murallas de Roma.
Dime cuál, Oh musa, fue la causa que ofendió
su orgullo divino, cuánto dolor en el corazón
en su antigua herida, la reina de los dioses le impuso―
A un hombre exhausto, leal a su misión―
sufrir tan peligrosos días
y sobrellevar numerosas pruebas. ¿Puede una ira
tan oscura como esta morar en las mentes de los cielos?
Pobladores Tirios de aquel tiempo
ocuparon Cartago, en la distante costa hacia el mar,
dispuesta frente a Italia y las bocas del Tíber,
un nuevo pueblo próspero,
dispuesto y entrenado para la guerra.
Y Juno, nos cuentan, cuidaba más a Cartago
que a cualquier ciudad en el mundo,
incluso más que a Samos. Ahí, su armadura
y carruaje eran cuidados, y, si el Destino así lo permitiera,
Cartago sería el conquistador del mundo.
Así ella lo pretendía, así ella alimentó ese poder.
Pero hace ya mucho había escuchado
que generaciones nacidas de sangre troyana
serían las que pondrían fin a sus murallas Tirias,
y que de esa sangre una raza vendría con el tiempo
con amplios reinos, arrogantes en la guerra,
Para ruina de Libia: así lo hilaron las Parcas.
Temiendo esto, y sin perder memoria
de la vieja guerra que llevó a cabo en Troya
por el bien de Argos (el origen de esa ira,
de ese sufrimiento, todavía revuelto: Profundo
dentro de ella, escondido, el juicio de Paris,
desdeñando su hermosura; la raza que odiaba;
los honores entregados al raptado Ganimedes),
Hija de Saturno, ardiendo por estas razones,
batió contra el ancho mar a los troyanos
dejados a su suerte por los griegos y el despiadado Aquiles,
alejándolos cada vez más de Latium. Por años
vagaron, su destino conduciéndolos
de un mar al próximo: tan dura y alta
fue la tarea de fundar el linaje de Roma.

DANIEL OLIVEROS, Valencia, Venezuela, 1991. Poeta, editor y traductor. Poemas y traducciones suyas han sido publicados en varias revistas del país y ha participado en distintos eventos culturales nacionales. Actualmente forma parte de la redacción de la revista POESIA y del comité organizador del EIPUC Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo, también se desempeña como Director de la revista La Tuna de Oro en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue ganador de la Mención Honorífica en el V Premio Nacional Universitario de Literatura mención Poesía en 2014. Es Subdirector de la Fundación Teófilo Tortolero y cursa el décimo semestre en la carrera de Educación Mención Inglés en la Universidad de Carabobo.