Tokio & Otros Poemas, de Manuel BECERRA SALAZAR

Manuel Becerra Salazar (Ciudad de México, 1983), poeta. Es autor de Cantata Castrati (Colibrí, México, 2004. Segunda edición, Colibrí, Colección As de oros, 2006), Los alumbrados (Estado de México, 2008); Canciones para adolescentes fumando en un claro del bosque (Universidad Autónoma de Zacatecas, 2011), Instrucciones para matar un caballo, (Conaculta/FONCA, 2013) y La escritura de los animales distintos.
Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur 2008, el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2011, el Premio Nacional de Poesía José Francisco Conde 2013 y el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 2014.
Ha colaborado para varias revistas de México y del extranjero y ha sido invitado a encuentros nacionales e internacionales de literatura como en La Habana, Cuba, Canadá y New York. Obtuvo la beca Artes por todas partes de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México por los proyectos de Spoken Word, “Los alumbrados” y “Sinfonía de cabaret” en 2006, y la Beca para formación de jóvenes escritores de la Fundación para las Letras Mexicanas en la especialidad de poesía durante el periodo 2009-2010.

Fotografía del pacífico

El día da comienzo una vez colocados
los perros de agua en torno a la bahía:
detenida la mente sobre el pez
que es todo cuerpo y muerte y alimento.
La vida empieza en torno a una marisma:
las mujeres cansadas que desvían el sol
con el dorso de la mano, la carne severa
sobre los puestos de la plaza negra
y nosotros que esperamos
al cantador de huapangos
que baja del sur hasta el corazón de los hombres.

Tokio

¿Recuerdas todavía aquel cortometraje
de Shōhei Imamura donde un hombre, un soldado
imperial vuelve de la guerra y adopta el modo
vital de las serpientes, y ya hecho una serpiente,
empieza a devorar roedores y a vivir
en los ríos y hacia el final se aleja
ondulando por aguas azules y tranquilas
de una cascada puesta en el estudio
y una mujer le grita poco antes del Fade out:
“<¿tanto te repugnó ser hombre?>?

Es en este momento que la luz

alumbra al cobre de la cordillera;
una mujer levanta la cabeza,
cierra los ojos y sostiene apenas
dentro de ella los grandes pliegues
que provocó la canción de la tierra.
Se dispone a nevar cuando así sea,
a anochecer y alumbrarse y dar vida
a animales distintos.
…………………………..Ya es más de una,
ahora camina conmigo y va sola,
compramos una corona de orquídeas,
la colocamos en las sienes de una niña
como si fuera un acto de justicia;
otra mujer nos habla con fiereza
de las naves que cuidan la montaña,
nuestros hermanos mayores nos dice.
Llegamos a una fiesta donde hay baile.
La montaña está y no está en las tinieblas.
Claudia que va a mi lado está feliz.
Me habla de su padre en silla de ruedas;
su madre puede tejer casi a oscuras.
Desde pequeña todo lo entramaba:
el cabello animal de las gemelas
los nervios de las hojas
las tripas de los cerdos salidas del caldero.
Llegamos a Tepoztlán conducidos
por el sonido sordo detrás de los arbustos.
Yo escribo sobre un dios irreversible.
Una mujer entierra un chuchillo en el suelo
para evitar la lluvia.
Abrimos una casa de campaña.
(Intento cortejarla)
Me dice estamos ebrios y no es tiempo.
Necesitas recuperar el cuerpo
y estancia a la manera del espectro.
Estoy de acuerdo y antes de irme al sueño:
Despiértame si ves un intruso en el cielo
y muéstrame mañana las flores pudorosas
que se retraen cuando una mano las acaricia