Fotografías del Gran País del Sur: en diálogo con Delia Falconer – por Sofía Castillón

Fotografías del Gran País del Sur: en diálogo con Delia Falconer
Por Sofía Castillón
Traducción: Mariel A. Rojo

Delia Falconer (1966), es ensayista, novelista, crítica literaria y docente de escritura en la Universidad Tecnológica de Sídney (Australia). La Cátedra J.M. Coetzee de la Universidad Nacional de San Martín, Argentina, en abril de este año la invitó a participar en el curso sobre literatura australiana Perspectivas de las antípodas: escribir desde el Gran País del Sur. En este marco Falconer presentó su novela Al servicio de las nubes editado por UNSAM Edita, acompañada por el Premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee y el editor australiano Ivor Indyk.

Delia Falconer es doctora en Literatura Inglesa y Estudios Culturales por la Universidad de Melboune, y en Al servicio de las nubes imprimió con destreza lingüística su formación crítica sobre los procesos sociales: Estoy interesada en momentos de cambios culturales, momentos en los que el filósofo e historiador Michel Foucault llamó “cambios epistemológicos de una era a la otra”. Creo que tiene muchísimo valor volver atrás en el tiempo, explorar aquellos momentos que estudiamos en clase, porque así podemos insistir en un momento de posibilidades en que las cosas debían ser de esa manera para ser como son ahora. También estoy interesada en estudios culturales y siento fascinación por lo que creo que es la radiografía política, por los medios de comunicación que usamos y cómo ellos están empapados de tecnología y pueden modelar en cualquier momento el mundo que vemos. Sé que en alguna otra vida debo haber sido historiadora.

La novela cuenta la historia de Eureka Jones, quien arribó a Las montañas azules tras la muerte de su padre. Inicia 1907 y el mundo se encuentra en transición. Los paisajes que habitaban la periferia del imaginario turístico ahora se exhiben a los ojos extranjeros y se mezclan con las nuevas tecnologías, con la reconfiguración de la estructura social y con la guerra. En este entorno, Harry Kitchings es un fotógrafo que busca captar con su cámara el rostro de Dios. La historia de amor que se desarrolla en la novela se cuenta desde una perspectiva histórica, nutrida de una prosa altamente poética.

La historia de Las montañas azules, también relata la transición entre lo que Eric Hobsbawm llamó largo siglo XIX y corto siglo XX. Como narrativa histórica, constituye un retrato sobre las transiciones políticas, sociales y tecnológicas que implicó el cambio de siglo. Australia, país y continente, mantiene un sistema político democrático liberal, y forma parte de la Comunidad Británica de Naciones que lidera la Reina Isabel II del Reino Unido. Las poblaciones indígenas australianas forman parte de las más antiguas de la historia humana y viven en el territorio desde hace aproximadamente 46 mil años. Las tensiones existentes entre las múltiples colonizaciones y sus “descubrimientos”, con las poblaciones originarias, llegan hasta la actualidad.

El sur está señalado por su geografía periférica, y también por sus marginados sociales, económicos y culturales, que demandan el artificio de un norte que lo muestre para tener voz en el mundo. Y en este panorama, la literatura y en particular la novela histórica, juega un rol estratégico para hacer frente a los temas impuestos “de agenda”, para dar una respuesta autónoma a los conflictos que nos identifican:

En Australia tenemos una relación interesante con las novelas históricas porque fueron muy populares en la década de los ‘80 y los ‘90, en el género de ficción literaria. Nuevamente hubo un contragolpe, un retroceso en el tiempo donde las personas pensaron que mirábamos mucho hacia el pasado y que debíamos escribir sobre el presente.
Las novelas históricas fueron populares en momentos en los que la cultura australiana, las artes y sus adeptos estaban más felices. Parecía que el país iba a ir en la dirección correcta hacia una reconciliación entre los pueblos indígenas, y por eso se veía al entorno político con cierta “generosidad”. Luego, durante la última década tuvimos un gobierno conservador, que sumado a la situación global, nos mostró cómo se deterioraron los servicios públicos.
En Australia comenzó a haber un gran conflicto acerca del tratamiento que se les daba a los refugiados. El tema de los refugiados es un tema que se ha estado tratando mucho durante los últimos años y tiene en vilo al país. Existe una preocupación sobre el efecto político y social que una novela pueda tener, por eso han centrado más aún la atención en el presente, y no en el pasado.

Cuando Al servicio de las nubes se publicó por primera vez en 1997, presentó una verdadera novedad para las letras australianas. La narrativa de Falconer guarda similitudes con el llamado realismo mágico latinoamericano, y su lenguaje está cargado de poesía: Mi autor favorito latinoamericano es Gabriel García Márquez. Sus escritos eran muy populares cuando comencé la Universidad y todo el mundo lo leía. Él influyó en un gran número de escritores australianos. Mi novela favorita sigue siendo Cien años de soledad, porque allí no se trata de magia, sino que en realidad escribe sobre la historia colectiva.

Si bien la obra fue de las más vendidas de su tiempo, desde una perspectiva académica algunas críticas hicieron foco en el uso excesivo de metáforas en su prosa. Cuenta Falconer: Lo que sucedió es que para el canon australiano, “Al servicio de las nubes” no es un escrito que tenga un perfil para ser incluido en el programa de la Universidad. Tiene un lenguaje altamente poético. Cuando estuve en Estados Unidos me entrevistaron en la radio pública de Nueva York, y cuando leí críticas escritas encontré que se concentraban más en la temática de la novela y en el cambio con la modernidad. Creo que fue muy interesante que haya habido dos reacciones literarias y culturales distintas sobre este libro. Aún así, hay cierto peligro cuando una mujer joven escribe poéticamente. Siempre va a haber un pequeño porcentaje de personas que asumen que es un flujo descontrolado de romanticismo.

Sin embargo, el lenguaje poético no resta el valor crítico de la obra. La mirada aguda sobre los procesos que componen la historia social se deja ver en la manera en la que Falconer describe a los invisibles sociales, a quienes Eduardo Galeano supo retratar como los nadies. Al servicio de las nubes construye un paisaje de Australia compuesto por detalles, donde lo no dicho es tan importante como lo que se expresa: Las calles estaban plagadas de caras negras demasiado dificultosamente oscuras de capturar en una placa de plata; tal vez por eso, diez años más tarde nadie, ni siquiera él, recordaba que habían estado allí. (Al servicio de las nubes, pág. 51)

Ivor Indyk señaló que podría haber existido un aditivo de género de la primera reacción crítica del academicismo australiano sobre la novela. Escribir poéticamente y ser mujer, puede ser una combinación difícil para lecturas distraídas que no puedan advertir la sátira y la ironía en ella. En el contexto contemporáneo, si bien las mujeres han ganado un lugar más visible como autoras en el mundo editorial, también éste se encuentra asociado a las literaturas eróticas o rosas. Con la mirada reflexiva, Falconer contrapone:

Por un lado, hay mujeres que son más conocidas por escribir policiales romántico-erótico; y por el otro lado, hay muchos escritores hombres que escriben sobre espionaje o sobre novelas de guerras históricas.
En ficción literaria, no creo que haya una expectativa de género establecida sobre lo que una mujer o un hombre debe escribir. Pueden haber diferentes concepciones de lo que se llama un mal autor, o de lo que debería ser un autor masculino o femenino, o sobre cuánta atención se le presta al escritor en la esfera pública.
Si pienso en ficción, pienso por ejemplo en Hillary Mantel, que es una de las escritoras más populares en ficción literaria de Inglaterra. O pienso en Elena Ferrante, que es una escritora muy popular en el mundo de habla inglesa (a través de sus traducciones, obviamente). Por eso, no sé si hay una expectativa en particular en lo que los hombres o las mujeres puedan o deban escribir, al menos en el pequeño sector de la literatura de ficción en el que me encuentro.

El lenguaje poético de Al servicio de las nubes está fundado en la lectura que la autora hizo sobre el diario local Montañas Azules, del período comprendido de 1899 hasta 1922. El personaje de Harry Kitchings fue inspirado en el fotógrafo australiano Harry Phillips (1873 – 1944), el primero en fotografiar Las Montañas Azules. La imaginación de la mano a la investigación histórica, abrió un camino estilístico, y brindó herramientas para poder adecuar la historia al lenguaje literario:

Había algo algo sobre el uso del lenguaje que me dio una perspectiva muy fuerte sobre ese tiempo. Existía una sensación de frescura y pesadez en cuanto a las palabras que utilizaban para describir un objeto. Es por eso que para mí, en un mundo en el que todo es reemplazable, se puede apreciar con cierta maravilla a los objetos que día a día se pierden con la producción masiva.
Creo que eso es lo que encaja en el entorno que quería dar, en el tiempo, en esos primeros días llenos de asombro en los que todavía no se encontraba desarrollado el lenguaje del turismo, del cambio, y de la globalización. Mientras leía el diario, comencé a obsesionarme con sus avisos publicitarios. Lo que me llamó la atención era algo denominado “herramientas para pacientes”. Se trataba de medicamentos producidos en masa, la mayoría venían de Estados Unidos y muchos de ellos contenían, entre otras sustancias, alcohol o cocaína. Tenían nombres fantásticos que llamaban la atención.
Comencé por escribir todas estas palabras en un cuaderno y a jugar con el lenguaje que se usaba en el ámbito farmacéutico, y me di cuenta de que esa era la voz que quería para Eureka. Y además, pensé que siempre quise escribir sobre una mujer que tuviera una relación con el fotógrafo Harry Phillips. Esa mujer tenía que ser realista para que pudiera contrastar con un hombre romántico. El lenguaje usado en la farmacia me permitió crear la coloración y la textura de la voz para ella. Así pude darle una forma única al mundo en el que ella trabajaba: desde la farmacia Eureka podía saber todos los secretos del pueblo.

Al servicio de las nubes es una pintura bien hecha, el paisaje no es sólo contexto sino que compone uno de los personajes principales del relato. El personaje de Harry Kitchings fotografía nubes, y ansía plasmar en ellas lo imperecedero. La tecnología y la naturaleza se conectan con la pregunta ontológica, con la búsqueda del ser:

Eso viene de mi fascinación por las fotografías de Harry Phillips. Quise buscar una forma de expresar lo que me parecía curioso o extraño sobre las Montañas Azules. Lo que amé siempre, desde pequeña, es la atmósfera tan extraña que tiene, una naturaleza salvaje bastante peligrosa, porque la gente a veces se pierde, y muere en los valles.
En mi novela, hay estratos de historia que datan de un pequeño período del pueblo, en el cual a las montañas se les conferían sueños, esperanzas e ideas morales. En la historia temprana de Las Montañas Azules ya existía la idea de que en las tierras bajas en Sydney había muchas personas con enfermedades, que no seguían un camino moral correcto. Ellos creían que les haría bien visitar el aire fresco, que las montañas tenían propiedades de sanación mágicas y por eso mismo se volvieron populares para las personas que sufrían de tuberculosis.
Cuando reflexioné sobre cuál era la esencia y el significado de mi novela, llegué a la conclusión de que estaba muy interesada en saber si entendíamos la tierra como un todo, o si siempre tratábamos de verla a través de las ideas y de las historias que trajimos con nosotros.

La naturaleza, que se vivencia y deconstruye con la mirada humana, envuelve a la historia con un aire nostálgico. Falconer narra el envejecimiento del paisaje, el abandono de la magia, la orfandad del mito olvidado:

Las montañas fueron cambiando desde el momento que Harry Phillips llegó con su cámara a fotografiarlas alrededor de 1909, y eso me fascinó. Él soportó el peso de la idea victoriana de que un paisaje sublime personifica factores divinos de curación y mejoramiento. Y por eso mismo se adoraban las montañas y se trataba de encontrar bendición en ese paisaje.
Mientras Harry Phillips trabajaba como fotógrafo hubo un gran cambio que afectó al paisaje. Y de allí surgió la idea de usar las nubes como una personificación de los movimientos históricos. Había estado pensando en usar el realismo mágico porque quería jugar con la idea de que la montaña en ese tiempo se veía diferente. El aire era distinto porque había otras ideas en la historia.

De esta manera Falconer propone a la fotografía como una experiencia artística con potencial para sensibilizarnos. Su mirada contrasta con la “pérdida de aura” propuesta por Walter Benjamin, y con la crítica que Susan Sontag realiza sobre las fotografías de guerra y su incapacidad para comunicar el dolor humano en su ensayo Ante el dolor de los demás. En Al servicio de las nubes, la imagen fotográfica puede conectar a las personas con el paisaje y con la historia de Australia:

Creo que la fotografía tiene una gran capacidad de llevar nuestra vista hacia lo que ha sido dejado de lado, es lo que representa al mundo de manera dominante. Estos días fui a la galería de arte más pequeña que está en San Telmo, Buenos Aires, y había una exhibición sobre fotografía que se llamaba “Algunas chicas”. Eran imágenes hermosas, la fotógrafa tomó imágenes de mujeres encarceladas, con sus niños, y me sensibilizó enormemente. Creemos ver todo lo que los medios capturan en imágenes, y tenemos acceso a muchas cosas del mundo, creemos que conocemos el mundo, pero me sorprendió la belleza que tenían esas fotografías, cómo habían sido construidas de manera muy respetuosa en hermosos retratos de estas mujeres. La muestra de Adriana Lestido me hizo recordar el verdadero poder de la fotografía, estos trabajos no pierden la magia y en especial cuando tiene la habilidad de representar caras humanas, reflejar la naturaleza o a nosotros mismos. Creo que hay magia en el proceso de la fotografía que sigue a través del tiempo.

En la novela, llama la atención que sea el personaje femenino quien tiene un anclaje realista, y el fotógrafo, ligado a la técnica y a las prácticas artísticas modernas, sostiene una mirada romántica sobre el mundo. A Harry Kitchings le habían dicho que el aire era demasiado liviano para soportar certezas, pero aún así encontró en la luz un lenguaje para retratar el mundo. Harry Phillips inspiró el personaje, y sus fotografías están cargadas de un halo de nostalgia que permanece y nos transporta a otros tiempos:

Cuando miras las fotografías de Phillips, las que sobrevivieron, son extraordinariamente románticas. Él es muy extraño para ser un fotógrafo. Es casi como si tomase la tradición de la pintura romántica y la pusiera al servicio de la fotografía. Algunas son piezas de arte muy buenas, y algunas otras son un poco kitsch. Me gusta el hecho de que se mueve entre estos diferentes polos.
En el paisaje romántico hay ciertas cosas que quedan por fuera de la imagen. Se trata de una forma muy deliberada de ver lo que se muestra en el mundo, en la cual se ignora lo que hay allí de desagradable. Sobre eso se constituyó el movimiento romántico literario de finales de 1700 y principio de 1800.
Esto ocurrió al tiempo que en Inglaterra cambiaba el paisaje, y por eso mismo no es una celebración inocente de la belleza, sino que constituye una reacción a la forma de ignorar los grandes cambios que estaban surgiendo en el entorno. En eso pensaba cuando escribía, pero en el contexto australiano.

Esta es la primera vez que Delia Falconer es traducida al español. Su primera edición fue en 1997, y al volver a trabajar sobre el libro 19 años después, cuenta:

Siempre ha sido una experiencia extraña volver a mi trabajo. Por un lado, se siente que otra persona lo escribió. Por otro lado, ves cosas que te gustarían cambiar; a veces mientras más viejo, más sabio, o mientras más viejo, más distinto se es. Aunque me llena de un gran anhelo escribir algunas palabras en una forma más poética, no sé si voy a poder volver a hacerlo. No sé si es anhelo porque me gustaría estar en la época en la que escribí el libro, o si es un anhelo por escribir de esa forma nuevamente, o de tener la edad que tenía cuando lo escribí.

Delia Falconer, como Eureka Jones, tiene ojos históricos. Es la primera vez que visita Buenos Aires, y a pesar de su agenda apretada, pudo disfrutar de paseos literarios por la ciudad y visitar sus muestras de arte. Casi veinte años después de su primera publicación, Al servicio de las nubes nos siguen enfrentando con un problema tan actual como lo es el cambio social, la guerra, el desamor, el descubrimiento de la tecnología y la distancia cada vez mayor del ser humano con la naturaleza. Falconer nos invita a asomar la nariz por el aroma a eucaliptus de las Montañas Azules, a abrazar el tiempo, a revivir las fotografías hasta sentir una urgente necesidad de entrar y corregir el mundo que representan.