The Drunkards, de Malcom Lowry

Maldito entre los malditos, marcado por su constante afán por la autodestrucción, Malcom Lowry nació en 1909 en Liverpool. Aunque la historia de la literatura canadiense le considera un autor propio, no sin motivos ya que el mismo Lowry acabó adquiriendo aquella nacionalidad, el escritor vio la luz por primera vez en Birkenhead (Inglaterra) el 21 de julio de 1909. De temperamento inquieto, apenas concluidos los estudios secundarios en Leys, un colegio de Cambridge.
En el año 1935 se traslada a México y vivió en Cuernavaca con su primera esposa, Jan Gabrial. Escenario donde encuentra su concreción Bajo el volcán (1947) considerada como una de las mejores novelas del siglo XX. Esta obra, escrita en la década de 1930, relata el último día de la vida de un cónsul inglés, alter ego del autor, contraponiendo imágenes, pensamientos y descripciones que están marcadas por la presencia del alcohol, la incomunicación y la muerte.
Bajo el volcán, que condensa en sus capítulos una buena parte de los hallazgos de la novelística del siglo XX, es también un texto pródigo en técnicas cinematográficas. Ello es debido a que en 1935, después de haber estado internado en un hospital psiquiátrico de Nueva York –donde comenzara la redacción de Piedra infernal, texto que, no obstante su título, fue concebido como el purgatorio de una trilogía a la manera de Dante de la que Bajo el volcán habría sido el infierno–, Lowry se traslada a Hollywood para emplearse como guionista. Pero el único guión que el atormentado novelista llegaría a concluir, basado en ‘Suave es la noche’, de Francis Scott Fitzgerald, está fechado en 1949 y nunca llegará a realizarse. Con anterioridad, ha sido expulsado de México y se ha instalado en la Columbia Británica.

Los Borrachos

El ruido de la muerte aquí en este bar desolado,
Donde la tranquilidad se sienta encorvada sobre su oración
Y la música sirve de coraza al sueño del amante,
Pero cuando ninguna moneda introduce esta dura desesperación
Hasta aquí, el más solitario de los hogares
Y de todos los destinos el más solitario además,
Cuando ninguna música eléctrica rompe el batir
De corazones doblemente rotos pero ahora reunidos
Por el cirujano de paz en la astilla del desastre,
Penetra más profundamente que lo hicieran las trompetas
El movimiento de la mente dentro de ese entramado
Donde los desórdenes son simples como la tumba
Y la araña de la vida se asienta y duerme.

“The noise of death is in the desolate bar
Where tranquility sits bowed over its prayer”
El poema ‘The Drunkards’ fue publicado postumamente en  New Yorker / May 1962.  Traducción de ©Juan Carlos Villavicencio.