Parodia a T. S. Eliot – por Dylan Thomas & John Davenport

En The Death of the king´s Canary, Dylan Thomas y John Davenport parodiaron a poetas como Auden, Eliot y Empson, entre otros. Bajo aparentes seudónimos, y biografías implícitas, reconstruyeron la época de su entorno poético.
El caso de Eliot es admirable: “J. L. Atkins. Nacido en Boston en 1890. Cursó estudios en Harvard, Heidelberg y en el Trinity College de Cambridge. Nacionalizado en 1917. Muy formal pero poco adecuado para el cargo”.
Indudablemente es una parodia a Eliot (los datos coinciden perfectamente), aunque el poeta norteamericano se nacionalizó en 1927. En la tercera parte de esta parodia, los versos “un susurro bajo la puerta”, “un llanto en la violácea” (así como la inclusión de versos en latín) se acomodan perfectamente al registro de La Tierra Baldía.

La traducción del poema es de Patricia Cruzalegui Sotelo. 

WEST ABELARD
de John Lowell Atkins

1.

Todo es lo mismo. Sólo se diversifica
en la mente subjetiva que es el mismo
ser o no-ser, nato, no-nato,
un viento entre hojas caducas o muertas.
No importa donde
no importa.
El fruto caído, la palabra inesperada o la pluma de un jilguero
en fértiles huertos donde el gusano gira por siempre
No cuentan: todo es lo mismo
Sólo los pasos en la escalera polvorienta
crujen y callan
sólo los pasos
Quuod idem peccatum non puniant Deus
hic et in futuro
¿Señor, si sufro ahora y no en el más allá
si es más oneroso, Señor, soportar la propia culpa
que pagar la pena de muerte en la estación de las lilas
cuando las alas y el viento en el huerto arruinan el retoño,
Señor, si sufro ahora?

2.

El pecado absuelto con la muerte ya está consumado
(no hay absolución sin dolor)
una muerte, en vida puede ser reanudada,
pero el pecado inconfeso permanece

San Agustín, defensor ferviente de su fe
prefirió combatir la carne en el hombre
a obtener el falso consuelo
que postulaba Orígenes.

La necesidad del cuerpo es natural
y al aceptar el pan y el vino
se admite la carne del verbo, y así el total
de las bestias pensantes pasa a ser divino.

Abelardo, desgarrado entre Dios y el deseo
consumido por el pecado no absuelto,
enturbiando su espíritu en el polvo,
buscó entre los padres, indeciso.

Fulberto, en actitud sacerdotal,
zanjó el asunto por lo sano:
clavando su cuchillo en la raíz del problema:
Y, Abelardo, solo, en paz descansa.

3.

Incluso el final es similar.
Finaliza y hay un fin.
Un susurro bajo la puerta, un llanto
en la violácea oscuridad cuando las últimas ruedas se detienen.
Y tú
volviendo tus ciegos ojos hacia un cielo de piedra
rezando sin saber por qué
ni a quien.
Caer en la oscuridad, en la tumba
caer y caer en las tinieblas: ser o no-ser, homvre,
no-hombre,
no hay diferencia.
No hay diferencia y es mejor
que así sea.
Todo es lo mismo.