El recuerdo de un paisaje de la infancia, DUO DUO – por Lucas Margarit

El recuerdo de un paisaje de la infancia
Duo Duo, Promesas

Duo Duo (1951) es un poeta que pertenece a la generación que se ha denominado “poetas de la bruma” en el ámbito de la poesía china. En una entrevista publicada por Círculo de poesía de México, el poeta nos aclara que “la poesía son nubes”. Se presenta, de este modo, una imagen que remite a lo informe, a lo velado y será el poeta quien establezca algún patrón para configurar la imagen poética a partir de esta niebla que se abre paso entre las palabras y el silencio. En los poemas de Duo Duo el pasado se despliega como una doble experiencia, la de los hechos y la del recuerdo y a su vez como experiencia de la mutabilidad. En ambas aproximaciones, el sueño es un matiz esencial para redescubrir la transformación y la versatilidad del mundo frente a los ojos del poeta. El pasado deja sus huellas que permiten modificar la experiencia de lo cotidiano en paisajes dosoladores, extraños o nostálgicos. El pasado es así una experiencia que vacila entre la memoria y el sueño.

La figura paterna se reitera una y otra vez, como un espectro que anuncia la pérdida continuada del mundo. Leemos en “Mañana”:

Sueñas con tu padre en su juventud, con él
que en su juventud, no en un sueño,
te parió, y sueñas el sueño que soñaba tu padre.
Sueñas lo que te decía tu padre, que esto es un sueño que soñó un hombre muerto.

Incluso, el padre como un texto que hay que descifrar, del mismo modo en que se lee un poema volcado en el vacío del tiempo. ¿Qué es un padre? Es la certeza de que existe un pasado que provoca la imagen y construye la infancia.

Estoy leyendo a mi padre en el trigal de noviembre.
Estoy leyendo su cabello,
el color de su corbata, las costuras en sus pantalones
y sus pezuñas triplicadas por las agujetas. (“Estoy leyendo”)

Pero también es la multiplicidad y la razón de convertir en imagen poética la nube que tiene la forma exacta de un poema. El recuerdo se incorpora en la nostalgia de un tiempo pasado que puede recuperarse sólo como la fragilidad de la palabra. Un hiato de repente se interpone entre el poeta y la evocación: la posibilidad de abrazar el sueño que va creando la imagen remota:

Estoy soñando que mi padre es una nube que arrastra nubes:
surdo, como si las ofreciera en ventanilla.
Viste un abrigo azul, cruzando una calle
al filo de la aguja de un gramófono.
Camina a través de una lavandería, de un velatorio
en un lugar cerca de mi primera casa.
Camina, y con su esqueleto azul
busca un taxi.

Este pasado se detiene, crea una especie de paisaje que se detiene para una mejor localización de los elementos en el poema. Un instante, el de la muerte, que como la continuidad del lenguaje y del sueño se apresura a tomar distancia y observar lo soñado, lo vivido y lo sufrido. Esta detención es la que elige Duo Duo cuando se enfrenta a Vermeer. Lo visual se remonta, así, a la constitución de la imagen y del modo en que la luz incide en cómo se ve y cómo conseguir que la escena se refleje en el espejo del poema. En “La luz de Vermeer” se despliega una poética de lo silenciado que nos permite extender a gran parte de su producción. ¿Qué hay fuera de las escenas que construye el poeta a partir del recuerdo? Sin duda, expone en el mismo paisaje de acumulaciones cuidadas la presencia de “lo que no se sabe, lo no dicho”. Hay una perseverancia de lo inacabado, así como también del silencio que elabora el poema.

Es la reflexión el motor de la memoria y de la palabra. La elección de Vermeer es una elección poética en tanto nos muestra una escena silenciosa donde lo que predomina es la experienca estética manifestada en lo que no se dice.

La poesía de Duo Duo es una reminiscencia de una historia familiar y de un pasado que se reubica como un enorme dibujo que localiza el instante de la palabra donde lo profundo se mimetiza con la superficie, donde el pasado es el poema que leemos a cada instante.

Esto poemas fueron escritos entre los años 1972 y 2014 y pertenecen al libro PromesasPoesía escogida, selección de Ming Di y traducción de Ming Di y Sergio Eduardo Cruz, publicado por la editorial Valparaíso, México.

DESPEDIDA

Los campos verdes, carnosos y lánguidos, semejan el pensamiento.
La reconstrucción es cosa eterna del crepúsculo.
Y el futuro irrumpe en nosotros como ejército.
Tú, forzado a andar por un sendero extraño,
caminas una pequeña avenida hacia tu pubertad.
Miles de luces, una quietud como huérfana.
Quizás solo un pastor anda por ahí con una fusta roja
pastoreando la noche, salvaguardando lo oscuro—
(1972)

EL NIÑÓ QUE ATRAPÓ UNA AVISPA

Sin viento, sólo pájaros. Pájaros.
“Los pájaros están aquí, pero no ha llegado la mañana.”

Un pájaro atrapa la voz de un árbol, y sigue su camino.
Un niño entra a la imagen, por la derecha.

“Pequeña madre, aquí están todos tus trigales, caminando
hacia mí.” Tres soles persiguen a un pájaro.

“Pequeña madre, aquí está el ataúd, viene del sur.”
El árbol mira hacia arriba, midiendo la cabeza del niño.

El niño llora, y su llanto se queda dentro de un peral—
hay más árboles y gente fuera de la imagen.

Antes el niño andaba en cinco patas; ahora son polvo
sus piernas y sus pies.

El árbol más joven llora, incapaz de florecer.
Un durazno maduro se une al llanto: eres tú—es nosotros.
(1992)

LA LUZ DE VERMEER

El polvo bajo la luz cae de poco en poco
para ser pesado, en proporción budista,
con el peso extra de los significados
que hay después del polvo.

Al ser tocada por la niña
de ojos dorados, cada perla
lleva consigo pequeños rayos de luz

y de los rayos se extraen números,
números que aprenden a cantar… ¿cuándo
y cómo podrán ellos alcanzar la luz de Vermeer?

Lo que no se sabe, lo no dicho,
es el extremo de la belleza.
(2004)