Hiperión, la caída – de “Olimpia” (Interlinea, 2013) de Luigia Sorrentino

Luigia Sorrentino nació en Nápoles, Italia. Vive y trabaja en Roma, en la RAI (la televisión pública del estado italiano).
Periodista, ha colaborado con las páginas culturales de diferentes diarios. Ha creado y conducido programas culturales para la Radio y Televisión Italiana, con entrevistas a escritores, poetas, narradores y artistas de renombre internacional, entre ellos los premios Nobel Derek Walcott, Seamus Heaney, Orhan Pamuk, el premio Pulitzer Mark Strand y el gran poeta francés Yves Bonnefoy. Dirige el primer blog de la RAI dedicado a la Poesía en el sitio de Rai News 24.

Ha publicado los poemarios: Hay un padre (Manni, 2003), Prefacio por R. Cappuccio, colección que incluye obras juveniles; La catedral (El tipo inofensivo, 2008), el eje del corazón (“Espejo Almanaque” de Mondadori, 2008), el nacimiento, sólo el nacimiento (Manni, 2009), Prefacio de M. Cucchi; Olimpia (Interlinea, 2013), Post prefacio de M. De Angelis, Epílogo de M. Benedetti; La necessità, en: Quadernario di Poesia a cura de M. Cucchi, (LietoColle, 2015); (Recours au Poème Editeur, Francia, Parigi, 2015), traducción de A. Paoli; Inizio e Fine, Prefacio de M. Cucchi, (La Collana Stampa 2009, Varese, 2016), la figura de l’eau / Figure de l’eau/Figura d’acqua, con acuarelas de Caroline François Rubino, traducción de A. Paoli, (Al-Manhar Alain Gorius, Francia, París, 2017).

Coro 1

todo estaba encima de ella
y ella sostenía todo ese peso
y el peso eran sus hijos
criaturas que no habían llegado
al mundo todavía
ella estaba allí abajo y adentro

esta pena la atravesaba todavía
cuando algo vino a menos

las aguas la acogieron

y cuando se acercó a la costa
de la pequeña isla, a todos
llevaba en su regazo

Coro 2

hay una noche arcaica en cada uno de nosotros
una noche de la que venimos
una noche llena de asombro
esa pérdida de identidad de los heridos
se puebla de rostros,
ese abrazo mortal

en un tiempo suspendido entre mente y corazón
nunca la noche fue tan estrellada

lanzados en el mar tragaron agua
y piedras, y se arrastraron en la arena
y fueron en total discordia
tuvieron pasos pesados
y desaparecieron, bajo tierra

la seña se disuelve
por sí cae el frágil humano
fruto efímero, del mortal

Coro 3

en el cinturón de agua
fluctuaba inmenso el indistinto
incumplido, atacaba la niebla
fangosa, no era todavía la luz pero
la noche continúa, duraba
en ese espacio la no luz

se volteó la noche se volteó
necesitada por nosotros que abrimos
la mirada a la forma levantada

solo esta seña que ve
algo se aclarece
ilumina y acerca
en el instante pausado
en los ojos que el cierra

Coro 4

se portaba de coloso
como si tuviera que encogerse
engullido por el negro de la piedra
en el confín plantaba palos inextirpables

nos sorprendieron las largas huellas
refugio de mole y de potencia
fijadas
losas de piedra

nuestro rostro superó la figura
altísima,
en los ojos se cerró la forma envainada
con brazos y piernas soldadas contra el cuerpo

nuestra mirada entró en ese su ser
infinitamente mortal

Coro 5

la luz se dispersaba,
caía la masa corpórea
apoyado a la densidad de la gota
él estaba allá en su confín
la mutación fue un desvanecer
arbitrario
desde el fondo del viento emanaba
arrastrando fuera de sí
algo que lentamente aparece

así en ello
lo que repetidamente llega
entra en su mirada

en el levantarse contra la nebulosa
se volvió la briza tendida sobre el agua
en ella se estrelló perdidamente
en la nitidez de ella que se abría
frente a ella se dejó caer, al fin
Hiperión

Coro 6

perdimos todo…
caídos en un eterno
fragmento
la primera luz sobre nosotros
caldeada quemó todo

la primera criatura de humana
belleza está muerta, ignota
a sí misma
los pueblos pertenecen a la ciudad
que los ama
desprovistos de este amor cada estado
demacra y ennegrece
la naturaleza imperfecta no aguanta
el dolor

Coro 1

tutto stava su di lei
e lei sosteneva tutto quel peso
e il peso erano i suoi figli
creature che non erano ancora
venute al mondo
lei stava lì sotto e dentro

questa pena l’attraversava ancora
quando venne meno qualcosa

le acque la accolsero

e quando si avvicinò alla costa
della piccola isola, tutti
portava nel suo grembo

Coro 2

c’è una notte arcaica in ognuno di noi
una notte dalla quale veniamo
una notte piena di stupore
quella perduta identità dei feriti
si popola di volti,
quell’abbraccio mortale

in un tempo sospeso tra mente e cuore
mai la notte fu così stellata

gettati in mare ingoiarono acqua
e pietre, e strisciarono sulla sabbia
e furono in totale discordia
ebbero passi pesanti
e sparirono, sottoterra

il cenno si dissolve
da sé cade il fragile umano
frutto effimero, del mortale

Coro 3

nella cintura d’acqua
fluttuava immenso l’indistinto
inattuato attaccava la nebbia
melmosa, non era ancora luce ma
notte continua, durava
in quello spazio la non luce

si volse la notte si volse
bisognosa a noi che aprimmo
lo sguardo alla forma sollevata

solo questo gesto che vede
qualcosa si schiarisce
illumina e avvicina
nell’istante posato
negli occhi che egli chiude

Coro 4

si comportava da colosso
come se dovesse stringersi
inghiottito dal nero della pietra
sul confine piantava bastoni inestirpabili

ci sorpresero le lunghe impronte
rifugio di mole e di potenza
fissate
lastre di pietra

il volto nostro sovrastò la figura
altissima,
negli occhi si schiuse la forma inguainata
con braccia e gambe saldate contro il corpo

lo sguardo nostro entrò in quel suo essere
infinitamente mortale

Coro 5

la luce si disperdeva,
cadeva la massa corporea
appoggiato alla densità della goccia
egli era là nel suo confine
il mutamento fu uno svanire
arbitrario
dal fondo del vento sprigionava
trascinando fuori da sé
qualcosa che lentamente appare

così in esso
ciò che ripetutamente arriva
entra nel suo sguardo

nel sollevarsi contro la nebulosa
divenne la brezza distesa sull’acqua
a lei si infranse perdutamente
alla nettezza di lei che si apriva
davanti a lei si lasciò cadere, infine
Iperione

Coro 6

abbiamo perso tutto
caduti in un eterno
frammento
la prima luce su noi
infuocata ha bruciato tutto

la prima creatura di umana
bellezza è morta, ignota
a se stessa
i popoli appartengono alla città
che li ama
privi di questo amore ogni stato
scheletrisce e annera
la natura imperfetta non sopporta
il dolore

Extraído de Iperione, la caduta – da “Olimpia” (Interlinea , 2013) di ©Luigia SORRENTINO. Traducción al español por ©Antonio NAZZARO.