Belle âme, de Jean-Michel Maulpoix

Jean-Michel Maulpoix (Montbéliard, Borgoña-Franco Condado, 1952) es poeta, catedrático, crítico literario y director de la revista de literatura Le Nouveau Recueil. Ha publicado más de veinte poemarios y obras en prosa. También ha escrito estudios críticos sobre Henri Michaux, Rainer Maria Rilke y Paul Celan.
En 1987 obtuvo el prestigioso Premio Max-Jacob, que recompensa una obra poética francesa o extranjera.
El texto que presentamos pertenece a La matinée à l’anglaise (La mañana a la inglesa), publicado en 1982, y representa una excelente muestra del permanente diálogo entre prosa y poesía que encarna su obra.

Bella alma (1)

Alma.

La más frágil y deseada de todas la palabras. La más muda de la lengua. He excavado en mi voz unas minúsculas piedras blancas.

Se ha callado dulcemente, manchando la noche con su incandescencia. Converso su nostalgia.

Vacía de sentido, he aquí una palabra que ahora se puede escribir. Y yo solo deseo escribir palabras parecidas a ésa: palabras-fósiles, sobre todo no se debe comprenderlas. De un extremo al otro, formarían preciosos collares. Aisladamente, son las alianzas de lo aleatorio y sellan un amor sin propósito, un amor bajo juramento.

Alma, anima, soplo vital.

Anemos, el viento. Anémona, flor que se abre al viento. Animal, ser animado. Inanis, vacío, desprovisto del soplo vital. Alma, mi respiración.

Desnudez y nulidad de la palabra: es necesario esperarla.

Una minúscula palabra importante. Apenas con que abrir la boca y cerrarla, habiendo espirado deprisa un poco de ese silencio que deja una mancha invisible en los labios.

Alma: el comienzo del amor.

Las almas muertas. La buena alma. El alma condenada. El alma gemela. Como un alma en pena. Y mi alma y consciencia. Que parte el alma… El alma es fastidiosa y efímera.

Bonete para el alma.

Esa palabra me rompe la cabeza; es también el nombre de la insaciabilidad. Alma: lo que la escritura inventa.

Palabra-orilla, palabra-linde, palabra del comienzo de ningún lugar. Palabra de almendro; nieve de la primavera y de la senectud. Esa palabra-huevo no eclosionará.

Es importante para mi vida entera ignorar si el alma es mortal o inmortal. El poema: placer de la ignorancia.

Alma: el horizonte cuando nieva.

Alma: un pequeño erizo, un erizo de mar (pompa de jabón, canica, ojo de vidrio, erizados por el deseo).

Belle âme

Âme.

Le plus fragile et désiré de tous les mots. Le plus muet de la langue. J’ai creusé dans ma voix de minuscules pierres blanches.

Il s’est tu doucement, tachant la nuit de son incandescence. Je bavarde sa nostalgie.

Vide de sens, voici un mot que maintenant l’on peut écrire. Et je ne souhaite écrire que des mots pareils à celui-là: mots-fossiles, on ne doit surtout pas les comprendre. Bout à bout, ils feraient de précieux colliers. Isolément, ils sont les alliances de l’aléatoire et scellent un amour sans objet, un amour sur parole.

Âme, anima, souffle vital.

Anemos, le vent. Anémone, fleur qui s’ouvre au vent. Animal, être animé. Inanis, vain, dénué de souffle vital. Ame, mon haleine.

Nudité et nullité de la parole: il faut y atteindre.

Un minuscule mot important. Juste de quoi ouvrir la bouche et la refermer, ayant vite expiré un peu de ce silence qui fait une tache invisible sur les lèvres.

Âme: le commencement d’amour.

Les âmes mortes. La bonne âme. L’âme damnée. L’âme sœur. Comme une âme en peine. En mon âme et conscience. A fendre l’âme… L’âme est fastidieuse et périssable.

Un bonnet d’âme.

Ce mot me creuse la tête; c’est aussi le nom de l’inas souvissement. Âme: ce que l’écriture invente.

Mot-lisière, mot-orée, mot du commencement de nulle part. Mot d’amandier; neige du printemps et du grand âge. Ce mot-œuf n’éclora pas.

Il importe à toute ma vie d’ignorer si l’âme est mortelle ou immortelle. Le poème: bonheur de l’ignorance.

Âme: l’horizon quand il neige.

Âme: un petit hérisson, un oursin (bulle de savon, bille, œil de verre, hérissés par le désir).

NOTA

(1) La traducción más apropiada al español para “Belle âme” sería “gran corazón”, o “corazón grande”. Sin embargo, teniendo en cuenta que la palabra alma es precisamente el corazón de este poema, elegí la más literal “Bella alma” para preservar la unidad del texto.

Extraído de La Matinée à l’anglaise, Éditions Seghers, París, 1982.
Traducción Mariano Rolando Andrade