Carta de William Burroughs a Jack Kerouac del 18 de septiembre de 1950 (Mexico, D.F.)

Extraído de Oliver Harris (Ed.), The letters of William S. Burroughs 1945-1959, Penguin Books, Nueva York, 1993. Traducción Mariano Rolando Andrade.

Sept. 18
37 Cerrada de Medellín
Mexico, D.F.

Querido Jack,

Eres un joven sin adicciones, y no puedo entender por qué no eres más activo. Éste era el significado de mi alusión a ti en la carta a Allen (1). Cuando estoy drogado no salgo mucho. Pierdo experiencias porque paso demasiado tiempo en casa. Hay más para perderse en México que en Estados Unidos porque aquí no se imponen límites a las experiencias. Soy consciente del desperdicio que significa no salir y por ello estoy reduciendo la adicción. Pero tú no eres adicto y yo esperaría que aproveches al máximo la libertad de acción que tienes. Sabes que la conclusión lógica de la proposición de lo-tengo-todo-adentro es la conclusión alcanzada por algunos budistas tibetanos que se encierran en una pequeña celda con una ranura para que les pasen comida y permanecen allí hasta que mueren. No es mi idea de un buen negocio.
Lucien (2) ha venido y se ha ido. Parece en buena condición por donde se lo mire. Disfruté su visita, la cual, desafortunadamente, fue breve. Me parece que conoce el paño. Me refiero al paño en todos los niveles. Sabe mucho más que Al por ejemplo, quien de forma deliberada no está viendo.
No podría de manera consciente tratar de persuadir a Lucien de llevar algo. Le presenté los hechos: qué pasaría si algo sale mal —pérdida del auto, etc—, la improbabilidad de que algo salga mal, y lo dejé decidir. Decidió que no. En primer lugar, no tenía suficiente dinero.
La dicotomía de Al entre “vida normal” y visiones no solo es innecesaria sino que es errónea. Quiero decir que de hecho no existe. “O bien…o bien” no es una fórmula acertada. Los hechos existen en infinitos niveles y un nivel no excluye a otro. La locura es la confusión de niveles. La gente loca no tiene visiones que valgan la pena ser escuchadas porque tienen miedo de ver. Los locos están demasiado preocupados con la “vida normal”: esto es dinero, sexo, comida, digestión, enfermedad, y la impresión que dejan en los otros. Estas “realidades de la vida” asustan al loco, y ningún hombre puede separarse de lo que teme. En consecuencia, las visiones del loco son horrorosamente aburridas.
A propósito, Reich ha observado que los orgones llegan en olas, y que últimamente la ola ha estado muy débil.
Ciertamente estarías haciendo algo sensato viniendo a vivir aquí. No puedo ver a Estados Unidos para nada ahora. Quizás después de que tus “sucias formas” hayan logrado que todo funcione querría ir allí. Entre tanto, pueden poner a otro a través de las “argollas de acero”.
Joan y los chicos te envían sus saludos más cordiales.

Como siempre,
Bill

NOTAS
(1) Ginsberg
(2) Carr
(3) Wilhelm Reich, psicoanalista que en la década de 1930 creó el terminó orgón para describir una supuesta fuerza vital universal que existe en todas partes y puede ser positiva o negativa.

Sept. 18
37 Cerrada de Medellín
Mexico, D.F.

Dear Jack,

You are a young healthy man with no habits, and I can not understand why you are not more active. That is the meaning of my reference to you in the letter to Allen. When I am on the junk I don’t get around much. I miss experience because I spend too much time in the house. There is more to miss in Mexico than in the States because here no limits are imposed on experience. I am aware of the waste involved in not getting around so I am kicking the habit. But you don’t have the habit and I would expect you to take full advantage of the freedom for action you have. You know the logical conclusion to the I’ve-got-it-all-inside proposition is the conclusion reached by certain Tibetan Buddhists who wall themselves in a little cell with a slot where food is pushed in at them, and stay there till they die. This is not my idea of a good deal.
Lucien has been and gone. He seems in good condition from very angle. I enjoyed his visit which, unfortunately, was brief. It seems to me he knows what the score is. I mean the score on all levels. He knows a lot more than Al for example, who is deliberately not seeing.
I could not with a clear conscience undertake to persuade Lucien to bring anything back. I did present the facts to him: what would happen if anything went wrong —loss of car etc.—the improbability that anything would go wrong, and let him decide. He decided no. For one thing he didn’t have enough money.
Al’s dichotomy between “regular life” and visions is not only unnecessary, it is inaccurate. I mean it does not in fact exist. “Either…or” is not an accurate formula. Facts exist on infinite levels and one level does not preclude another. Insanity is the confusion of levels. Insane people do not have visions worth hearing about because they are afraid to see. The insane are too much concerned with “regular life”: that is with money, sex, food, digestion, illness, and the impression they make on others. These “facts of life” frighten the insane, and no man can detach himself from what he fears. In consequence the visions of the insane are unspeakably dreary.
Reich, by the way, has observed that organs come in waves, and that lately the wave has been at a very low ebb.
You would certainly be doing a sensible thing to come back here to live. I can’t see the States now at all. Maybe after your “grimy forms” get everything worked out I will want to go there. Meanwhile they can put somebody else through “rings of iron”.
Joan and the children send you their best regards.

As ever,
Bill

Extraído de Oliver Harris (Ed.), The letters of William S. Burroughs 1945-1959, Penguin Books, Nueva York, 1993.
Traducción Mariano Rolando Andrade.