– JOHN ASH, THE MIDDLE KINGDOM.

Nacido en Manchester en 1948, hijo de maestros de escuela, John Ash estudió en la Universidad de Birmingham y en Chipre. A mediados de la década de 1980, se trasladó a Nueva York y luego a Estambul.

Su poesía es considerada cercana a la del recientemente fallecido John Ashbery, de quien era amigo, y la New York School, aunque en sus temáticas fue cobrando cada vez más relevancia el Mediterráneo Oriental.

Ash ha publicado una docena de poemarios desde Casino: a poema in three parts (1978) hasta In the Wake of the Day (2010). “The Middle Kingdom”, que presentamos aquí, pertenece a su libro The Burnt Pages (1991).

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El Reino Medio

En aquellos días pasábamos nuestro tiempo
sentados en silencio en cuartos suavemente iluminados
diseñados con ese propósito, tratando de no dejar
que ninguna línea involuntaria de pensamiento
llegase a su lógica (y, por supuesto,
lamentable) conclusión: a saber
que nuestros días estaban contados.

Estábamos todos bien alimentados y abrigados, y
no experimentábamos dudas al respecto.
Los océanos eran calmos y poco profundos,
los ríos abastecidos con salmón. Cada primavera
aves de colores muy brillantes sobrevolaban
en su camino a las colinas y los lagos del norte.
Se escribían poemas a menudo sobre
su breve y glorioso tránsito. Cuando
regresaban en otoño sucumbíamos
al apropiado sentimiento del tierno lamento.

Nuestro arte figurativo no daba pista del hecho
que los animales machos experimentan erecciones,
ni que los niños estaban obligados a encender
la cerilla que incineraría a sus familias.
De manera similar no era considerado necesario
arrancar los labios de tu oponente de su rostro
o forzarlo a digerir sus orejas.

¡Cuán lento parece aquel tiempo ahora,
cuán dulce, cuán paulatino cada elegante gesto!
Pero es imposible lamentar su paso,
no era una época de verdad y realismo.
El pasaje de las aves migratorias
no se correspondía con los hechos, ni la llegada
de la primavera, ni el respeto del hombre
por las mujeres, ni la cortesía, la amistad, el honor…

Lamentar es imposible
(y, al margen, la nostalgia
es un delito causal de prisión) ahora
que cada cuestión está clara como el agua,
brillante como lágrimas, y vivimos
en pleno entendimiento incluso cuando morimos.

The Middle Kingdom

In those days we spent our time
sitting quietly in softly lighted rooms
designed for that purpose, trying not
to let any involuntary line of thought
arrive at its logical (and, of course,
regrettable) conclusion: namely
that our days were numbered.

We were all well-fed and warmly clothed, and
experienced no misgivings on this account.
The oceans were calm and shallow,
the rivers stocked with salmon. Each spring
brilliantly coloured birds passed over
on their way to northern lakes and hills.
Poems were often penned concerning
their brief and glorious transit. When
they returned in autumn we succumbed
to appropriate feelings of mild regret.

Our figurative art gave no hint of the fact
that male animals experienced erections,
nor were children obliged to light the match
that would incinerate their families.
Similarly It was not considered necessary
to rip your opponent’s lips from his face
or force him to digest his ears.

How slow that time now seems,
how sweet, how gradual every graceful gesture!
But it is impossible to regret its passing
It was not a time of truth and realism.
The passage of migratory birds
did not accord to the facts, nor
the coming of spring, nor a man’s respect
for women, nor courtesy, friendship, honour…

Regret is impossible
(and, besides, nostalgia
is an imprisonable offense) now
that every issue is as clear as blood,
bright as tears, and we live
in understanding even as we die.

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Extraído de John ASH, The North Magazine, No. 8, 1990, Sheffield.

Traducción Mariano Rolando Andrade.