Carta de William S. BURROUGHS a Truman CAPOTE (23 de Julio de 1970)

Retratos por ©Richard Avedon

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El 23 de julio de 1970, William S. Burroughs le escribió una carta a Truman Capote. “Esta no es la habitual carta de un fan — a menos que se refiera a los ceiling fans* de Panamá. Hablemos mejor de una carta ʻdel lectorʼ”. De hecho, en esta carta Burroughs no sólo lo enfrenta, sino que lo acusa abiertamente. Por supuesto, para Capote —autor de Breakfast at Tiffany’s y In Cold Blood— no resultaba nada extraño este enfrentamiento. A menudo intercambiaba peleas ingeniosas y venenosas con personajes como Gore Vidal y Norman Mailer. Sin embargo, la carta de Burroughs puede resultar algo oscura y desconcertante, al menos para aquellos lectores poco familiarizados con el autor de Queer y Naked Lunch.

Tal como señala Thom Robinson, los dos tenían un pasado largo y complicado, lleno de celos profesionales y personales. Se conocieron cuando Burroughs era un escritor en apuros y Capote trabajaba para The New Yorker a principios de los años cuarenta. Burroughs, sin duda, se alineó con el ascenso meteórico de Capote al estrellato literario justo después de la guerra.

Burroughs y sus colegas de la “generación beat” ridiculizaron a Capote en algunas sus cartas privadas. En una carta a Allen Ginsberg, Jack Kerouac describió el trabajo de Capote como “lleno de mierda en cada página”. Cuando fue publicado el libro On The Road de Jack Kerouac, Capote descartó el manuscrito diciendo “no esta escribiendo, en absoluto — está tipeando”.

En esta carta, sin embargo, la ira de Burroughs estaba específicamente dirigida a la dudosa ética de Capote y a su obra In Cold Blood, un libro que Burroughs describe como “ilegible y aburrido que bien podría haber sido escrito por cualquier escritor del The New Yorker — (un periódico encubiertamente reaccionario dedicado a los intereses de la riqueza estadounidense)” (puede verse una primera versión de “In Cold Blood” en The New Yorker).

23 de Julio, 1970

Mi Estimado Sr. Truman Capote

Esta no es la habitual carta de un fan — a menos que se refiera a los ceiling fans* de Panamá. Hablemos mejor de una carta “del lector” — las estadísticas vitales no están en mayúscula — una selección de notas marginales sobre el material enviado, como toda “escritura” que se envía a este departamento. He seguido su carrera literaria desde sus inicios, llevando a cabo en nombre del departamento que represento una serie de indagaciones tan exhaustivas como las que usted hizo en las recientes investigaciones en Sunflower State. He entrevistado a todos sus personajes, comenzando con Miriam — en el caso de ella, retener el azúcar durante un período de varios días fue un incentivo suficiente como para hacerla bastante comunicativa — prefiero tener todos los hechos a mi disposición antes de tomar medidas. Además, debo decir que he leído el reciente intercambio de genialidades entre el Sr. Kenneth Tynan y usted. Siento que ha sido demasiado indulgente. También me llamó la atención su reciente aparición ante el comité del senado, ocasión en la que usted habló a favor de continuar con la presente práctica de extraer confesiones de un acusado y negarle a éste el derecho de consultar previamente al cónsul antes de hacer una declaración. Usted además se ha desvalorizado reiterando el banal argumento que hace eco a través de cartas al editor cada vez que se plantea el tema de la pena de muerte: “¿Por qué toda esta simpatía por el asesino y ninguna por sus víctimas inocentes?”. Tengo presente el compromiso de leer toda su obra publicada. El trabajo inicial fue prometedor en muchos aspectos — me refiero particularmente a los cuentos cortos. Les concedió un área de desarrollo psíquico. Por un momento pareció como si fuera a hacer un buen uso de esa concesión. En su lugar, usted eligió vender un talento que no es suyo como para que sea vendido. Ha publicado un libro ilegible y aburrido que bien podría haber sido escrito por cualquier escritor del The New Yorker (un periódico encubiertamente reaccionario dedicado a los intereses de la riqueza estadounidense). Ha puesto sus servicios a disposición de los intereses de quienes están convirtiendo a Estados Unidos en un estado policial por el simple hecho de fomentar deliberadamente las condiciones que aumentan la criminalidad y que luego exigen la fuerza policial y la retención de la pena de muerte para hacer frente a la situación que ellos mismos han creado. Usted ha traicionado y vendido el talento que le otorgó este departamento. Ese talento, ahora, oficialmente se le ha retirado. Disfrute su dinero sucio. Nunca obtendrás otra cosa. Nunca más volverás a escribir una sentencia que sobrepase el nivel de In Cold Blood. Como escritor estás terminado. Cambio y fuera. ¿Puedes seguirme? ¿Sabes quién soy? Usted me conoce, Truman. Me conoce desde hace mucho tiempo. Esta es mi última visita.

* Juego de palabras de Burroughs, ceiling fans: ventiladores de techo.

July 23, 1970
My Dear Mr. Truman Capote

This is not a fan letter in the usual sense — unless you refer to ceiling fans in Panama. Rather call this a letter from “the reader” — vital statistics are not in capital letters — a selection from marginal notes on material submitted as all “writing” is submitted to this department. I have followed your literary development from its inception, conducting on behalf of the department I represent a series of inquiries as exhaustive as your own recent investigations in the sun flower state. I have interviewed all your characters beginning with Miriam — in her case withholding sugar over a period of several days proved sufficient inducement to render her quite communicative — I prefer to have all the facts at my disposal before taking action. Needless to say, I have read the recent exchange of genialities between Mr. Kenneth Tynan and yourself. I feel that he was much too lenient. Your recent appearance before a senatorial committee on which occasion you spoke in favor of continuing the present police practice of extracting confessions by denying the accused the right of consulting consul prior to making a statement also came to my attention. In effect you were speaking in approval of standard police procedure: obtaining statements through brutality and duress, whereas an intelligent police force would rely on evidence rather than enforced confessions. You further cheapened yourself by reiterating the banal argument that echoes through letters to the editor whenever the issue of capital punishment is raised: “Why all this sympathy for the murderer and none for his innocent victims?” I have in line of duty read all your published work. The early work was in some respects promising — I refer particularly to the short stories. You were granted an area for psychic development. It seemed for a while as if you would make good use of this grant. You choose instead to sell out a talent that is not yours to sell. You have written a dull unreadable book which could have been written by any staff writer on the New Yorker — (an undercover reactionary periodical dedicated to the interests of vested American wealth). You have placed your services at the disposal of interests who are turning America into a police state by the simple device of deliberately fostering the conditions that give rise to criminality and then demanding increased police powers and the retention of capital punishment to deal with the situation they have created. You have betrayed and sold out the talent that was granted you by this department. That talent is now officially withdrawn. Enjoy your dirty money. You will never have anything else. You will never write another sentence above the level of In Cold Blood. As a writer you are finished. Over and out. Are you tracking me? Know who I am? You know me, Truman. You have known me for a long time. This is my last visit.

Extraído de Letters of Note / http://www.lettersofnote.com/2012/08/this-is-my-last-visit.html / ©William BURROUGHS / Traducción y presentación de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2017.